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BARRANQUILLA (De un enviado especial).- Sebastián López cierra por última vez la puerta de su casa en Temuco, Chile. Es julio de 2014, pleno invierno, época en la que las temperaturas rozan los cinco grados bajo cero. Está abrigado, con bufanda, gorro y guantes. En el auto, lo esperan su mujer Anaí, su hija Valentina, de siete años, y el flamante integrante de la familia, Galo, de apenas un mes y medio. Emprenden el trayecto hacia el aeropuerto para luego abordar un avión con destino a su nuevo hogar: Barranquilla, Colombia. Allí es verano y las sensación térmica asciende hasta los 45°. Ya no necesitará la ropa contra la nieve ni encender la estufa con regularidad. Van a vivir en el Caribe.
Estoy mucho más maduro, con más experiencia, pero con la espina de no poder haber jugado en el fútbol argentino
"Cuando llegué, fue sofocante por el calor y la humedad. Ahora, está menos caluroso, por así decirlo. La época más calurosa es en julio y agosto, en el verano de Colombia y del Caribe. La verdad es que fue un cambio brusco. Me costó al principio más que nada por lo físico. Porque uno pierde mucha masa muscular por la transpiración y eso. Hasta que el organismo se volvió a adaptar, me costó", confiesa el arquero argentino de la Uniautónoma, de la primera división del fútbol colombiano.

Oriundo de San Nicolás, Sebastián López, de 30 años, surgió de las divisiones inferiores de Banfield, integrando el plantel campeón del Apertura 2009 junto con James Rodríguez, la estrella de la selección de Colombia, que esta tarde, desde las 17.30 -de nuestro país-, recibirá a la Argentina. Luego, pegó el salto al fútbol chileno, donde defendió los colores de Deportes Antofagasta y Deportes Temuco. Hoy, es titular y capitán del segundo equipo más popular de Barranquilla.
En una charla con canchallena.com, el uno analiza las condiciones que deberán soportar los dirigidos por Gerardo Martino en el estadio Metropolitano, opina sobre la influencia de José Pekerman sobre los cafeteros y hasta asegura que aún debe sacarse una espina en su carrera: jugar en el fútbol argentino.
-Debe ser complicado venir acá para los que vienen de visitante...
-Acá las localías son muy fuertes. El hecho de ganar un partido como visitante se toma como una doble victoria. Cuando jugamos de local, tratamos de jugar a las tres de la tarde, hora en la que el rival siente más el calor y, como nosotros estamos acostumbrados, sacamos provecho. Pero cuando vamos a Bogotá, te juegan a la tarde-noche, cuando se siente más el frío. Para muchos de mis compañeros, que son costeños y han vivido toda su vida acá, bajar a 10 o 12 grados es como ir a polo sur. El desgaste es muy complicado. A las 15.30 (NdR: horario del partido de la Argentina), es una caldera ese estadio. Es impresionante el calor que hace en ese estadio. Igual, en cualquier horario hace calor.

-Barranquilla se convirtió en la casa de la selección. ¿Qué tiene de especial el público aquí?
-El costeño es muy apasionado con el fútbol y con la selección. Y el clima te ayuda a que esté toda la gente siempre sonriendo, como en pleno caribe. Como dicen ellos, nosotros acá vivimos cheberes. Acá viven así. Es todo fiesta. Pasas a cualquier horario y ellos están con la música, el baile, la rumba. Y todo eso lo trasladan al estadio cuando juega la selección. En el partido contra la Argentina, que es a las 15.30, los oficinistas y bancarios trabajan hasta las 12 porque es feriado nacional, por así decirlo.
-Cuando vos llegaste a Colombia, Pekerman ya había conseguido el quinto puesto en el Mundial. Pero, ¿cómo pensás que pudo cambiar la imagen de la selección?
-La disciplina del cuerpo técnico de José creo que ha marcado el camino de esta selección. el hecho de que haya profesionalizado la selección. Calidad siempre tuvieron, porque tenían jugadores de buen pie, pero creo que Perkeman llegó con esa disciplina que nos caracteriza a los argentinos y fue marcando un rumbo con lo que realmente quería para esta selección.

-Cuando compartiste plantel con James Rodríguez en Banfield, ¿se veía un jugador con tanta proyección?
-Fui compañero desde que llegó a Banfield. Tenía 16 años y estaba en el selectivo de la reserva. Uno veía cómo se parada para pegarle a la pelota y decía: ‘Qué jugador’. Hablábamos con los compañeros y decíamos que no tenía techo, que iba a pegar el salto a un equipo grande. Lo demostró hasta en Real Madrid, donde muchos se opusieron a su contratación.
-¿Qué significó el fútbol chileno en tu carrera?
-Fue un paso muy importante porque me abrió las puertas para tener continuidad, para formar mi carrera. Si bien había estado en el plantel de Banfield campeón y en la Copa, no me sentía pleno. Chile fue un paso muy importante porque logré la continuidad que necesitaba.

-Después de jugar varios años en el exterior, ¿en qué momento de tu carrera estás?
-Estoy mucho más maduro, con más experiencia, pero con la espina de no poder haber jugado en el fútbol argentino. Pero creo que en un futuro no muy lejano voy a sacarme esa espina. Después de estar 14 años en un club, uno quiere jugar en primera. Creo que lo voy a poder cumplir.
-¿Cómo se hace para sobrellevar los cambios constantes de ciudades, más cuando son tan distintas en cuanto a las características?
-Cuando estás cinco años viviendo fuera del país, tengo una familia que se adapta a lo que sea. Estamos en pleno caribe y se disfruta. Estamos a una hora y media de Cartagena, de Santa Marta… Tratamos de no sufrir, sino de disfrutar cada ciudad. En Antofagasta, pleno desierto, disfrutamos de la playa, del calorcito. Después en Temuco, pleno frío, entonces disfrutamos de la nieve, de las montañas, los volcanes, del sur, de los lagos. Hace que uno permanezca por más tiempo y a gusto en las ciudades que le toca.
Nunca cierra las puertas de su casa.
jp



