

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Es la contracara de la tendencia. No peina canas (ni se las tiñe). Tampoco su cara está curtida por las arrugas. Sebastián Saja es el más pibe en el grupo de los 20 arqueros titulares de la primera división. Un puesto que está dominado por los hombres de experiencia, mayores de 30 años. El sólo tiene 23. Pero defiende su condición de “joven”, frente a los “veteranos”, con la misma firmeza con la que sale a cortar un centro.
“A mí, si me das a elegir, me quedo con un arquero de muchas condiciones, con 20 o 22 años, porque podés acelerar los tiempos y hacer de él un mejor arquero a los 26 y no esperar a los 30”, sostiene el guardián del arco de San Lorenzo, que sólo tenía tres años (y ni soñaba con dedicarse al fútbol) cuando Angel David Comizzo debutó en la primera de Talleres, el 14 de febrero de 1983.
“Ahora se dio la particularidad de que hay arqueros con bastante experiencia, que están andando bien, de mucha edad. Pero en los últimos años salió una camada de arqueros jóvenes bastante importante para el fútbol argentino. Y que en definitiva serán los que van a dar el futuro a la selección. De acá a cuatro años hay que mirar a los más chicos”, insiste Saja, que tuvo una discreta performance en su única convocatoria a la selección nacional, en el amistoso ante Gales, en febrero último.
Vuelve sobre la tendencia que parece dominar el fútbol argentino. De la supuesta extensa vida útil de los arqueros. “No creo que la posición del arquero sea distinta de la de otros jugadores de campo –contradice el oriundo de Brandsen–. Acá nosotros tenemos el caso del Beto Acosta, que está por cumplir 36 años (el viernes próximo), y que está jugando en un gran nivel. Depende mucho también del cuidado físico de cada jugador y de sus condiciones naturales.”
Y se refiere al caso de Comizzo, el de los 40 años: “Si uno tiene tendencia a ser grandote, gordo, no creo que pueda atajar hasta los 40. Comizzo, por ejemplo, que tiene un físico privilegiado sí lo puede hacer. Pero también está atajando porque está en un buen nivel; si no, tendrían más oportunidades los chicos”.
–¿Y qué creés que te puede ofrecer un arquero veterano, a diferencia de uno más joven?
–Quizá los grandes, como dice Amadeo Carrizo, tienen un poco más de ubicación, leen un poco más la jugada, no necesitan tirarse tanto como un arquero de 22 o 23. Pero ellos cuando tenían mi edad, se tirarían igual que yo, así que estamos en la misma.
Se muestra confiado en su posición. No cede un ápice en la discusión. “Si no, sería muy fácil: esperamos a que el arquero cumpla 30 años y los hacemos debutar. Para que un arquero llegue a los 30 con la experiencia que hace diferencia, hay que tener muchos partidos; y para eso hay que empezar a jugar de joven. Entonces es una contradicción: hay que tener arqueros de 30, pero tienen que tener muchos partidos”, lanza, casi sin respiro.
“Más allá de la edad es fundamental tener el apoyo del entrenador, porque goles tontos nos van a hacer todo el tiempo. Cuando yo debuté tuve el apoyo de Oscar (Ruggeri) y fue importantísimo para que yo pudiera dar mis primeros pasos en primera”, recuerda con gratitud.
“La edad no te garantiza nada. Ni un joven ni un grande te aseguran que no se coma goles. En definitiva, nosotros aprendemos de los errores; y los errores nuestros son goles. Eso es lo que tiene el joven: le falta cometer más errores que los otros y se notan mucho más.” Palabra de Saja, el más joven entre los más grandes.


