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RÍO DE JANEIRO (De un enviado especial).- "Flamengo, Flamengo", comenzaron a cantar varios hinchas poseídos por la emoción del momento. Golpeaban sus pechos. Flameaban banderas. Todo pretendía ser una fiesta roja y negra. En menor cantidad, pero igual de efectivos, la parcialidad de Fluminense respondió con silbidos, que retumbaron por las cuatro tribunas del Maracaná. ¿Se estaba viviendo el clásico de esta ciudad? No, para nada: jugaban Francia y Alemania, por los cuartos de final del Mundial Brasil 2014. Pero los locales fueron locales en las gradas.
Por primera vez desde que comenzó la Copa, los hinchas brasileños se sintieron locales en el mítico estadio ante dos desdibujadas parcialidades europeas. Claro, de los cinco encuentros anteriores que se habían disputado en este escenario, cuatro tuvieron presencia sudamericana. Chilenos, uruguayos, colombianos, ecuatorianos y argentinos habían sido los encargados de hacer vibrar las gradas.
Gritaron por Alemania y por Francia, pero fundamentalmente por los equipos locales, casi sin nombrar a su seleccionado. De todas formas, desde los 40 minutos del segundo tiempo hasta ya avanzados los festejos de los germanos, los hinchas empezaron a abandonar el estadio, en el que sólo quedaban los ocho mil hombres blancos festejando el pase a las semifinales de la Copa del Mundo. La ansiedad por ir a ver el partido de Brasil fue, sin dudas, la principal causa.
Se cierran las puertas. Tras seis partidos, cuatro de primera fase y dos de eliminación directa, y ocho goles, el estadio Maracaná cerrará hoy sus puertas hasta la gran final, que se jugará el próximo domingo, desde las 16. Aún no se conocen qué seleccionados podrán pisar el verde césped, pero Brasil quiere volver a ser local en las tribunas.




