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Descartado que la sucesión de Real Madrid-Barcelona lleve al hartazgo. Imposible que la repetición de clásicos aburra. El que disputaron ayer tuvo la majestuosidad de contener varios partidos en 90 minutos, como si la serie que vienen disputando en las últimas temporadas no fuera suficiente. Una definición repleta de contrastes, de giros, de una emotividad casi ininterrumpida. Quizá porque es el título menos trascendente de todos los que tienen agendados hasta junio próximo, ambos equipos jugaron con una soltura poco menos que temeraria, en la que el espectáculo fue el primer favorecido.
Real Madrid conquistó la Supercopa de España en una final en la que pudo golear, pero en la que también sintió el escalofrío de un empate que hubiera sido condenatorio. Barcelona no paró a nadie en una primera etapa en la que estuvo al borde de una derrota catastrófica, pero en la segunda, con un jugador menos por la expulsión de Adriano desde los 24 del primero, orilló la hazaña con su inigualable estilo de toque y asociación.
Hasta los jugadores argentinos pasaron por este cara y ceca que fue el encuentro. A Gonzalo Higuaín le corresponde el mérito de inaugurar la victoria, pero por sus pies pasaron otras cuatro situaciones de gol desperdiciadas que le hubieran dado tranquilidad a Real Madrid. Entre las tapadas de Valdés, un poste y una demora en el remate, Pipita no se pareció tanto a ese delantero letal que lleva 106 goles (superó al brasileño Ronaldo) y está dentro de los 15 máximos anotadores en la historia de Real Madrid.
Competitivo como es, Lionel Messi no se conformará con haberle marcado, con un estupendo tiro libre, el gol 15 de su carrera a Real Madrid, con lo cual se constituyó en el mayor verdugo catalán (dejó atrás a César Rodríguez) y está a tres tantos del goleador histórico del clásico, el mítico Alfredo Di Stéfano, con 18. La impresionante productividad de Leo (convirtió 6 tantos en los cuatro cotejos oficiales de la temporada) no siempre disimula la poca eficacia de Barcelona en el resto del equipo, a la espera de que David Villa retome ritmo luego de más de siete meses de inactividad por una fractura. Anoche, cuando Barcelona buscaba por la vía heroica, ni Tello ni Montoya ni Alba supieron ponerles el punto final a tres ocasiones ante Casillas.
Convertido en una pieza importante en la estructura, Javier Mascherano no pudo festejar su centenar de encuentros con la camiseta azulgrana con la seguridad y firmeza que lo reconvirtieron en un confiable zaguero central. Un error de cálculo suyo en un despeje de un pelotazo frontal de Pepe le dejó el camino libre a Higuaín para el primer gol. No tuvo sincronización con Piqué y a espaldas de ambos Real Madrid encontró una autopista. En los primeros 45 minutos, era cuestión de que el equipo de Mourinho tirara la pelota a correr para que la defensa blaugrana entrara en pánico. De una equivocación de Piqué se aprovechó Cristiano Ronaldo para llevarse la pelota con un estupendo tacazo y definir entre las piernas de Valdés. Iban apenas 18 minutos, Real Madrid ganaba 2 a 0 y amenazó por un largo rato con ser una tromba incontenible. A Barcelona lo salvó Valdés, que llegaba señalado por la gruesa falla que en la ida posibilitó el descuento de Ángel Di María y puso a Real Madrid a tiro al achicar la derrota a un 3 a 2. Ese gol de visitante terminó siendo un tesoro en la joya que fue esta serie tallada por dos equipos de orfebres.
