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Rubén Aníbal Giacobetti tiene 50 años y sabe que el destino quiso que su nombre quede asociado para siempre con el de Maradona. "Ya estoy acostumbrado, los medios me llaman siempre cuando se acerca esta fecha", cuenta casi resignado.
Hoy, como desde hace 23 años, está a cargo de Giacobetti propiedades, la inmobiliaria que es su vida. "Está enfrente del lugar donde nací. Aunque después de tanto tiempo me relacionan más con este trabajo que con el fútbol, todavía muchos me recuerdan la anécdota o me preguntan: «¿Usted es el que salió para que entrara Maradona?» "
Más de una vez escuchó que algún periodista decía sobre él: "Tuvo el honor de dejarle el puesto al más grande futbolista de nuestro país". Pero Giacobetti es sincero respecto de ese cambio que lo marcaría. Cuando en aquel 20 de octubre de 1976 Juan Carlos Montes, el DT de Argentinos, le indicó en el entretiempo que estaba afuera del equipo y que entraba Maradona, reaccionó como cualquier futbolista. No existe tal orgullo por dejar el puesto. "Si me preguntás cómo fue el partido, te cuento el primer tiempo, el segundo no me acuerdo nada porque no lo jugué. Tenía una bronca bárbara porque tuve que salir."
Pero, por supuesto, lo dice con una sonrisa, sin rencores: "Hoy puedo decir que fue una casualidad histórica. En ese momento me dio bronca, pero el tiempo me recompensó con estos recuerdos".
Entonces cuenta cómo fue el día del partido con Talleres: "Yo había debutado hacía dos meses, en un reclasificatorio para mantenernos en primera. En el Nacional, como no había problemas con el descenso, era la oportunidad para los más jóvenes. Al mediodía comimos en una parrilla en la calle Jonte y después nos fuimos caminando a la cancha. Yo venía jugando como 5, pero como Talleres estaba muy fuerte, me pusieron más arriba para reforzar el medio, como un 10 con más marca. Ellos tenían a Cabrera, Valencia y Ludueña, al que tenía que marcar yo. La verdad es que jugué bastante mal. Encima el gol de ellos lo metió Ludueña".
Más allá de ese partido, la carrera de Giacobetti siguió un año más (1977) en Argentinos, siendo a veces titular y esperando otros tantas en el banco de suplentes. "Después de ese partido, a mí me tocó alternar, pero Diego ya era titular. Los más grandes lo querían tener jugando desde el principio al lado de ellos y no hace falta explicar por qué".
Actuó en el torneo regionales de La Pampa, con Pico FC, y después probó suerte en el exterior: "Estuve un año en Rochester (en 1980), en EE.UU., cerca de las cataratas del Niágara. El equipo pertenecía a la misma liga en la que jugaba el Cosmos de Pelé. Como compañeros tenía muchos yugoslavos, húngaros y nada más que tres norteamericanos".
Pasó otros dos años fuera del país: "Estuve en Senori, en la Serie C de Italia, y a los 28 años me di cuenta de que si seguía con el fútbol, después con más edad me iba a costar mucho arrancar con una nueva profesión. Yo ya había hecho el curso de martillero en la Argentina, así que decidí poner la inmobiliaria".
Hace 24 años que no ve a Maradona: "La última vez fue en España 82. Yo estaba jugando en Italia y viajé para ver los partidos de la selección, incluso estuve en la concentración. Después ya no volví a verlo, nuestras vidas fueron por distintos caminos".


