

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
A don Humberto Petinotti le caben muchos halagos. Hombre recto, generoso y nieto del célebre Humberto Petinotti (que, una vez jubilado, tuvo su taller de costura de pelotas de cuero en el barrio de Almagro en los años 20), tiene, como se ve, un largo historial que lo liga al fútbol. Es más: sus pocas cualidades como futbolista no consiguieron alejarlo del deporte, ya que alcanzó la perfección en su actividad profesional: le llamaban "El pedicuro del fútbol".
Durante décadas, Petinotti forjó los mejores pies del fútbol argentino. Grandes pateadores de nuestra historia le deben buena parte de su leyenda a las habilidades de don Humberto, que con dedicación y buenos temas de conversación incentivó e hizo posible varias hazañas.
La mitología futbolera asegura que todas las siguientes preguntas tienen como respuesta: "Sí, lo logró el pedicuro del fútbol " ¿El gol de Cárdenas? ¿Los bombazos de Potente? ¿Los violentos derechazos de Scotta? ¿El poderío de Morete? ¿El "Mortero de Rufino", Bernabé Ferreyra? ¿Los imparables remates de Luis Artime?...
Sí, señores. Al parecer, nuestro inolvidable pedicuro favoreció a las más encumbradas figuras de nuestro deporte. Incluso, dicen que fue un audaz combatiente del pie de atleta, por lo que trascendió los límites futboleros y se dedicó a que otros deportistas pudiesen tener buen pie, incluso en actividades donde los tantos se definen con las extremidades superiores.
Es en honor a él que, cuando se quiere destacar la habilidad y/o la buena pegada de un jugador, se dice: "Tiene buen pie", aunque quienes fueron testigos de aquellos años de gloria afirman que es injusto y sugieren: "Deberían decir lleva la marca Petinotti, o llevan el sello de don Humberto".
Se hace difícil creer que las últimas sugerencias puedan ponerse en práctica. No por poner en duda que el mito nació de un hecho verdadero (su habilidad técnica), sino porque complicaría la tarea de relatores y comentaristas, que además de confundir por la mezcla de nombres forzaría una explicación para las jóvenes generaciones.
