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-Chacho, ¿quién te recomienda el color del pelo?
-¿Qué, no te gusta? Vos te hiciste un arreglito ahí también.
-¿Cómo empezaste?
-Fue mi mujer. Un día quiso jugar con mi cabeza, intentó hacerme unos claritos y entonces me tuve que teñir completo.
-Y no paraste.
-No, no paré. ¿Lo viste al Chino (Garcé)? Ahora tiene un corte estupendo.
-Hablando de locura, ¿no te quedaría mejor Loco en lugar de Chacho?
-Nooo..., yo soy el Chacho.
-¿Siempre tuviste ese buen humor?
-Sí, siempre. Soy así. Trato de ser feliz.
-Me imagino que siempre fuiste el que hacía reír a todos en las reuniones.
-Sí, siempre fui el gracioso de la familia. Pero en esa época no me teñía, ja, ja.
Eduardo Coudet es un personaje por donde se lo mire. Rubio platinado que ya lleva varios años probando con distintos colores y modelos de peinados, hasta fue el instigador de la coloración general del plantel en el último título de River, en el Clausura 2002.
Pero sus locuras no terminan ahí. También usa aritos y luce varios tatuajes en su cuerpo. Amante de las camionetas 4x4, en una época tenía dos y las cambiaba seguido gracias a un acuerdo con una concesionaria. Manejó un Fiat 147 blanco cuando en la Argentina se produjo el estallido social tras la caída de Fernando de la Rúa y tuvo un Audi A3 que le duró tres días.
Duerme mucho. Amante del buen estado físico, no duda en hacer un después de hora en el gimnasio luego del entrenamiento. Se hizo hincha fanático de Rosario Central cuando pasó por ese club, entre 1995 y 1997, y los hinchas canallas lo aman, igual que los de River. Y hasta deslizó que piensa que, al menos en parte, una de las razones por las que Marcelo Bielsa, el técnico de la selección, no lo convoca, es porque el entrenador es de Newell´s y él, de Central.
Adentro de la cancha, viste Adidas. Porque es la marca del club y porque él también usa esos botines. Afuera también tiene arreglo: no hay pilcha que no sea de Kosiuko. "Algún arreglito tenemos", dice mientras se ríe.
Quizás, uno de los momentos de mayor trascendencia de Coudet haya sido a fines de agosto último, cuando se precipitó su salida de River tras recibir una oferta de Celta de Vigo, que le dio vía libre a su voluntad de irse por la inseguridad que se vivía en el país. Entonces, confesó que una vez le habían apuntado con un arma calibre 38 en un semáforo y que temía por su familia.
Pero volvió a principio de año, luego de disputar apenas 14 partidos para el conjunto español. "River me dio la oportunidad y no la quise desaprovechar. Necesitaba jugar, porque así soy feliz y allá no tenía continuidad", comentó.
También reconoció que se apresuró con su ida: "Estaba enceguecido". Y dijo que su esposa no estuvo de acuerdo con la decisión de volver: "Ella estaba muy bien y tranquila allá, pero siempre me entiende".



