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ROMA.- Llenos de pasión y deliro. Así fueron los festejos que estallaron ayer en esta capital, cuando más de un millón de tifosi romanistas, que habían esperado 18 años ese gran momento, invadieron las calles para festejar el tercer scudetto de su historia.
Como había ocurrido poco antes en el Olímpico, la capital se vistió de rojo y amarillo, los colores del equipo campeón de Italia, y el delirio del popolo giallorosso irrumpió en sus plazas más emblemáticas: Piazza del Popolo, Piazza Venezia, Piazza di Spagna, Piazza San Giovanni la del Circo Massimo y hasta en el Vaticano. Según se anunció, Roma festejará oficialmente la victoria el domingo que viene con un recital en el Circo Massimo; entonces, la portentosa vedette romanista Sabrina Ferilli hará su anunciado streap tease en honor al equipo de la loba.
“Es el día más feliz de mi vida: le sacamos el scudetto a los laziali de m…, todavía no puedo creerlo”, decía Maurizio, un romanista eufórico que descorchaba junto a un grupo de amigos, tan exaltados como él, una botella de spumante en via del Corso, que se había convertido en un río de gente que bailaba, cantaba y se abrazaba enloquecida de alegría. Algunos helicópteros, en tanto, sobrevolaban la ciudad blindada y llena de agentes para evitar desmanes, mientras las ambulancias comenzaban a llevarse a los primeros desmayados.
De todo se veía en el delirio giallorosso, que pese a los temores fue dentro de todo pacífico. Además de enormes sonrisas y banderas de todos los tamaños con el rostro de Batigol, de Totti, con el número 3 (por el tercer scudetto) y con la inscripción “veni, vidi, vinci”. En la marea humana se destacaban señoras con elegantes vestidos amarillos y rojos, ancianos con gorros de Roma paseando perros también vestidos con la camiseta del equipo campeón, familias enteras, niños, bebés, y jóvenes exultantes con la cara pintada. Los cantos por supuesto no eran sólo los típicos de la hinchada romanista (“Grazie Roma”, del famoso cantante Antonello Venditti), sino también, y sobre todo, cargadas en contra de Lazio, el gran rival en el clásico local, a quien “le descosimos del pecho el scudetto”. En el tradicional barrio de Testaccio los hinchas romanistas hasta improvisaron una suerte de funeral de Lazio, con ataúd y todo, y en el Circo Massimo descosieron el scudetto de un muñeco vestido con la camiseta de Verón.
“Es una alegría inmensa. Desde hace 18 años que esperamos este momento”, dijo Maurizio, mientras cantaba junto a su novia “somos campeones” en la Piazza del Popolo, donde todas las estatuas ya habían sido embanderadas con el estandarte giallorosso.
Por supuesto también había argentinos. Entre ellos, Cristiana Dolce, de 30 años, que vive aquí desde hace siete meses, pero que es “fanática hasta la muerte” de Roma. En realidad de River por haber nacido en el barrio de Belgrano, Cristiana no ocultó su fervor: “Anoche no dormí de los nervios, y hoy durante los más de 90 minutos de juego, tuve todo el tiempo piel de gallina”, contó, mientras agitaba una inmensa bandera a cuadros rojiamarillos. Ferviente seguidora de Totti, pero “muy orgullosa del último gol de Bati”, como la mayoría Cristiana no consiguió entrada para ir a la cancha y vio el partido en un bar del Trastevere. “Igual fue impresionante –dijo- porque nunca viví una fiesta como ésta. Ni para el mundial sentí algo así: es maravilloso.”
ROMA (De nuestra corresponsal).- También el Papa es romanista. Lo revela en su edición de hoy el diario romano Il Messaggero, cuyo “vaticanista” Orazio Petrosillo escribió que el anciano Juan Pablo II –un gran deportista cuando su salud se lo permitía– festejará hoy el título con una enorme torta giallorossa que le preparó la monja polaca que suele cocinarle.

