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¿Usted es socio?"
-Soy periodista, quiero pasar a los quinchos del club, en donde se escucharon los disparos", contesté mientras faltaba una hora y media para el partido entre River y Lanús.
- "No puede pasar. Sólo pueden ingresar los socios. La orden la dio la Policía"
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Poco antes de emprender la caminata hacia el lugar donde hubo un herido de arma de fuego y dos más de arma blanca había escuchado el relato de un socio enardecido: "Esto no se puede creer. Unas 100 o 150 personas tuvimos que salir corriendo cuando escuchamos los disparos. Muchas familias se refugiaron en la pileta del club y otros salimos corriendo para el lado del Monumental. Nunca pensé que iba a vivir algo así dentro del club" . Pocos después de un mediodía soleado, las ganas de disfrutar de un asado familiar se frustraron por la irracionalidad de los conocidos Borrachos del Tablón. A las 14.45 hubo que abortar todo. Comenzaron las discusiones entre aquellos que se encolumnan detrás de Adrián Rousseau y Alan Schlenker, siguieron los golpes y se escucharon seis disparos. En un punto los minutos se hicieron interminables. En el medio de niños, padres y abuelos, la intolerancia. Algunos lastimados pasan bien cerca, un susto general se apodera de la escena y después una estampida general deja huérfanas a las parrillas y mesas dispuestas.
Pudo ser la antesala de un domingo de fútbol. Se transformó en el relato de una salvaje disputa interna entre los jefes más representativos de los Borrachos del Tablón. Parrillas convertidas en trincheras, palos para acomodar el carbón utilizados como armas de agresión, pasillos recorridos en busca de un escape, quinchos transformados en refugios y cotos de caza a la vez, locura, desesperación, violencia y sangre en los alrededores del Monumental. Sucesión de imágenes de pequeñas batallas en las que dos bandos quieren descargar su furia contra otro por conquistar poder y dinero. El fútbol, la excusa.
Todo se desprende de las especificaciones de una buena cantidad de socios de River atemorizados que contaban bajo el anonimato, pero con lujos de detalles los hechos ocurridos unos minutos antes. Entre ellos se encuentra el testimonio de Marcelo Giovannini, cronista de Radio Argentina, que fue un testigo ocasional del caos. " Fui a ese lugar para hacer notas de color y de repente me encontré con un caos. Un grupo se acercó a prepotear a otro que estaba por comer un asado debajo de los quinchos. Intercambiaron insultos y enseguida comenzaron las piñas. Escuché los disparos, pero no puedo precisar de donde salieron", explicó Giovannini ante los medios.
En los minutos siguientes al enfrentamiento, con demasiada convicción y las ganas de cerrar todos los caminos posibles, un grupo de empleados de la empresa Siseg, encargada de la seguridad del club, armaron las vallas que impidieron el paso de los periodistas al lugar del hecho. Una alta fuente policial aseguró a LA NACION que tres policías se acercaron al lugar para intervenir en la situación, pero fueron agredidos. Un prolongamiento de la barbarie. Una continuación. No hubo a quien pedir ayuda. La espera frente las vallas que prohibieron el ingreso hacia los quinchos dejó una sensación extraña. A esa altura, cuando la exaltación era menor, era muy difícil comprender cómo pudieron entrar las armas en el club entre tantos policías y empleados de seguridad privados.
El enfrentamiento entre Adrián y Alan, que como líder y segundo, respectivamente, tomaron el control de la barra de River y también de buena parte del club en julio de 2002, viene desde hace un tiempo. Al parecer, el último fin de año Alan, cansado de ser el más señalado públicamente, había tomado la decisión de alejarse de los Borrachos del Tablón. Adrián aprovechó esta decisión para redistribuir las jerarquías de la barra. El resultado: muchos más amigos de Adrián manejan el mercado de las entradas en la popular del club, que ascendería a una cifra aproximadamente a unos 60.000 pesos. En la última semana se produjo un duro cruce entre ambos en el gimnasio del club, pero no hubo agresiones. Quienes estuvieron cerca de los hechos de ayer comentaron que Alan increpó a Adrián a los gritos con estas palabras: " ¿Quién te creés que sos? El dueño del club...te vamos a c... a trompadas" . Inmediatamente Williams, hermano de Alan, habría lanzado tres piñas que abrieron paso al descontrol. Según se pudo averiguar, un tal Gonzalo, que sería empleado del club y está del lado de Adrián, habría sido el que disparó el arma de fuego y una de las balas rozó su pie derecho. Quienes conocen la intimidad de la popular dicen que Adrián reconoció la feroz pelea y que, en forma socarrona, vociferó que pueden haber más en los próximos días. Lo curioso: ambos estuvieron en los paravalanchas durante el partido, pero no expusieron sus diferencias. "En el partido nada", acordaron.
La investigación quedó en manos de la fiscalía descentralizada de Saavedra. El comisario Alberto Ivarola, a cargo de la comisaria 51 de Núñez, explicó que no pudo constatar la existencia de los heridos. Y Javier Castrilli, Subsecretario de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos, se hizo presente en el Monumental para enterarse de la situación. "Esto es gravísimo y no va a quedar así. El organizador es River y deberá dar cuenta de cómo llegaron esas armas a los quinchos. Es muy posible que el Monumental sea suspendido por estos hechos", afirmó Castrilli. LA NACION intentó comunicarse con el presidente de River, José María Aguilar, pero no encontró respuesta. La posición oficial se conoció a través de un comunicado de prensa en el que reconoce un enfrentamiento de golpes de puño y se informa que hoy se hará la presentación judicial correspondiente. Se necesitaban más explicaciones, pero no se encontraron. Aunque parezca un idealismo infantil.



