

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.


Llega el verano y la Superliga se interrumpe en un momento muy inoportuno, con solo siete jornadas por delante y varios equipos peleando en lo alto de la tabla, hecho que hacía muchos torneos que no ocurría. Estamos acostumbrados a estos remiendos, originados por aquel infausto invento del torneo de 30 equipos que tanto está costando reparar, pero mientras tanto asistimos a campeonatos cuyo desarrollo sufre este tipo de anormalidades. Peor aún, el receso está atravesado por un mercado de pases que amenaza con ser especialmente sangrante y que de algún modo pone en discusión la propia legitimidad de la competición.
La marcha de los jugadores fundamentales de cada equipo es moneda corriente en nuestro fútbol, pero la realidad es que las siete fechas que restan se jugarán con planteles disminuidos o potenciados en virtud de los recursos económicos que tenga cada club, y será un factor determinante en las posiciones finales. Pongamos el caso puntual de Damián Batallini, pieza clave en el puntero del campeonato, que ha pedido irse de Argentinos Juniors a fin de año y es pretendido por rivales directos en la lucha por el título.
Pero estas son las reglas de juego, y dentro de ellas, en este momento River parecería tener un handicap con respecto a los demás, y no solo por el hecho de haber sumado un nuevo título en su último partido del año. Mientras que Marcelo Gallardo ya informó que seguirá sentado en el banco millonario, Boca, Racing e Independiente estrenarán 2020 con nuevos entrenadores y proyectos. Y San Lorenzo continuará por la senda de un interino (Diego Monarriz) que fue confirmado luego de que Tinelli ganara las elecciones.
La continuidad en el fútbol actual ya es un valor en sí mismo, pero además, el técnico de River afrontará una situación ideal: lo que queda por jugar es una competencia corta, donde mejor se ha sentido el equipo en los últimos años, y el título de la Superliga es la gran asignatura pendiente de su ciclo triunfal. Es cierto que se le va un futbolista fundamental como Exequiel Palacios, el más influyente en el armado de los ataques, el más cerebral, el estratega, y que habrá que ver si es el único en marcharse y cómo lo reemplaza, pero eso no quita que River corra con cierta ventaja.
Boca necesitaba el cambio de aire a punto de comenzar, incluso en lo comunicacional. Me parece clave darle forma a ese eslogan que habla de identidad, porque ha quedado demostrado que estar siempre hablando de River y de la Copa Libertadores no funciona como motor ni para jugar bien ni para ganar.

En una institución, siempre es importante contar con símbolos que vayan creando una mística, líderes que contagien y lleven a defender la camiseta con amor y sentimiento. Juan Román Riquelme es una leyenda viviente de Boca, conoce profundamente el club y las obligaciones y responsabilidades que conlleva jugar o dirigir en ese equipo. Su llegada permite suponer que elegirá gente que transite el camino de su propia sensibilidad y mirada del fútbol. Román entiende que para jugar bien se debe tener protagonismo con la pelota y asumir riesgos, y seguramente lo va a transmitir. Además, tiene colchón suficiente para permitirse incluso algún error inicial. Estoy convencido que la timidez o la poca audacia no estarán entre los que pueda cometer.
Ese mismo liderazgo contagioso es el que buscó Juan Sebastián Verón al contratar a Javier Mascherano. No sé si su llegada va a hacer mejor equipo a Estudiantes, pero sin duda que su presencia va a afianzar el potente mensaje de compromiso que transmite el Pincha y su regreso será un gran aporte para nuestro fútbol.
Argentinos Juniors, Lanús y Vélez cierran el año en lo alto de la tabla dando ejemplo por razones bien diferentes. En el caso de Vélez, por su acierto al contratar a un técnico con un estilo audaz que confía en sus ideas hasta las últimas consecuencias. Gabriel Heinze demuestra que es una falacia decir que no se puede jugar al ataque por falta de materia prima. Dentro de un club siempre hay jugadores a potenciar y talentos que se pueden desarrollar, que en definitiva debería ser la misión de un entrenador.

Luis Zubeldía también ha mejorado lo que tenía en Lanús. Su ventaja es ser de la casa, tener un respeto ganado y conocer los vericuetos del club, virtudes que bien aprovechadas crean un ambiente favorable para que los jugadores se sientan contenidos y cómodos en la cancha. Algo parecido logró Diego Dabove en Argentinos gracias a su capacidad para establecer con sus futbolistas una relación que los predispone a tener la actitud y la perseverancia para alcanzar la eficacia, más allá del estilo de juego que proponga.
Un último párrafo para los otros equipos grandes que cambiarán de técnico este verano. En principio, Racing es el que arranca mejor parado. Entre Coudet y Beccacece existe un hilo conductor. El cambio no será drástico, y aunque el equipo quizás necesite de un lifting de mitad de cancha hacia adelante cuenta con material para crecer. Independiente presenta el panorama más convulsionado e incierto. Quizás la presencia de un personaje futbolísticamente capaz, ajeno al mundo empresarial, que sirva de puente entre la directiva y el diseño del plantel, pueda ser una fórmula que le brinde la estabilidad necesaria para darle forma a ese buen producto futbolístico con el que Rojo se sueña a sí mismo.


