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Una lamentable coincidencia se registró en casi todos los partidos del torneo Clausura de ayer. Se desató la violencia en cinco de los seis cotejos, y en River v. Nueva Chicago hubo un muerto por un paro cardíaco, Donato Bertone, de 72 años. Según versiones de testigos, el hombre corrió para escaparse de los incidentes previos. Luego, agitado, subió las escaleras hacia la tribuna alta popular que ocupaba la hinchada visitante y dentro del estadio, cuando el partido empezaba, sufrió un infarto que terminó con su vida. Estas son las crónicas de una tarde de furia, una más, en este caótico fútbol argentino:
La policía descartó que Bertone, ex utilero de Chicago, haya estado cerca de estos episodios. Pero otros testigos dijeron que el hombre quedó agitado por correr para escaparse de la violencia. Se registró más de una decena de heridos que fueron derivados al hospital Pirovano. Uno de ellos, de 29 años, era intervenido anoche quirúrgicamente por heridas de arma blanca en el abdomen y en el muslo izquierdo y traumatismo de cráneo con pérdida de conocimimento. Su estado era delicado, según informó Luis Rembichowski, jefe de guardia del nosocomio. Otro, de 33, con una herida en el mentón, fue dado de alta, y un tercero estaba en observación con una herida en la región escapular derecha. En el Pirovano no se reveló ninguna identidad. Además, William Schlenker, hincha de River, fue herido de bala en el brazo derecho y operado en la clínica De la Trinidad, en Palermo. Anoche estaba fuera de peligro, en una habitación común custodiado por un policía y a disposición del juez que tenga a cargo la investigación.
Pese a las constantes amenazas que se dedicaron ambas hinchadas durante los noventa minutos, la desconcentración fue pacífica y segura, con la policía acompañando a los ómnibus de Nueva Chicago y reteniendo dentro del estadio a la barra brava local hasta que sus rivales de turno se alejaron del Monumental.
Un rato más tarde, con la llegada de cinco omnibús de la línea 252, que trasladaba a los hinchas de Chacarita, la escena empeoró aún más: hubo peleas entre los violentos y la policía y corridas fuera del estadio, una imagen que ya parece habitual en las canchas del fútbol argentino. Pero lo peor llegaría pasadas las 17, cuando ya se jugaban 3 minutos del partido y una gresca entre la barra brava de Chacarita desencadenó el descontrol. Los violentos intimidaron a un grupo de 15 policías apostado en el codo inferior de la cabecera y los golpearon, hasta que actuó la infantería y respondió los ataques con palazos, gases y balas de goma. Incluso un barrabrava, una vez que fue detenido, recibió una severa golpiza en el suelo por parte de un uniformado. "Lo destrozó, el policía era un rubio alto que le dio, al menos, seis palazos en el rostro cuando el tipo estaba casi muerto en el suelo. Si no intercede un compañero, lo mataba", contó un control de seguridad del club que preservó su identidad.
Este hincha fue trasladado al hospital Pirovano con serios traumatismos en el cráneo y convulsiones. Asimismo, fueron asistidos cuatro civiles más, hubo ocho policías heridos, ninguno de gravedad, y 46 detenidos.
Según dijeron los dirigentes del club de San Martín, el caos comenzó cuando la policía impidió el ingreso de banderas con palos en la popular local, mientras que a los hinchas de Boca se lo había permitido (además de dos bombos). En tanto, la policía aseguró que "se trató de un problema interno entre la barra", según expresó el comisario Juan Carlos Pereyra, a cargo del operativo, que contó con 730 efectivos.
Por los actos de violencia, el partido permaneció suspendido 12 minutos. A los 24 del primer tiempo los hinchas de Chacarita arrojaron piedras al campo de juego (un fotógrafo sufrió un corte en un ojo por un piedrazo) y el árbitro Madorrán volvió a parar el encuentro por seis minutos. Muchos de los hinchas que ocupaban la cabecera local se fueron de la cancha temiendo por su vida. "Si suspendía definitivamente el partido las consecuencias podrían haber sido mayores", explicó más tarde Madorrán.
Ya en el final del match, cuando la noche se asomaba en el Nuevo Gasómetro, la policía custodió a la caravana de cuatro colectivos con los violentos de San Martín apuntándolos con las armas, mientras que éstos los insultaban, los escupían y los amenazaban. Una escena patética y tenebrosa...
Luego se escucharon tres disparos de balas de goma hacia el aire para serenar a los más exaltados. Poco a poco los ánimos se calmaron hasta que se pudo reanudar el partido. Según fuentes policiales, no hubo heridos ni detenidos durante o después de los incidentes.



