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SANTA FE.– Nunca se juega un clásico más en Santa Fe. Siempre es diferente. El de ayer lo fue, y el que comenzó ganando, y con clara ventaja (2-0), se fue cabizbajo por el empate. Y el otro derramó su alegría y festejó la igualdad como un triunfo. En definitiva, el 2 a 2 le quedó bastante bien al cotejo, con la definición típica para estos casos: cada uno aprovechó su momento del partido y tuvo un tiempo a su favor.
Colón pegó primero y por duplicado en la etapa inicial. Las estrategias fueron evidentes: le colocó marca escalonada a Paulo Rosales y así le cortó el circuito con Velázquez, el que mejor se complementa con el volante ofensivo rojiblanco. Por eso les costó a Míguez y a Donnet superar la línea de Bastía y Prediger, y el equipo pareció encerrado en sus limitaciones. Con el control de la pelota en el medio, el visitante estuvo más cómodo en defensa, pero con poca asistencia a sus delanteros.
Fuertes se quedó muy solo con los centrales (Avendaño y Correa) y Federico Higuaín tuvo despliegue, pero escasa claridad. El repetido pelotazo largo desde los defensores nunca complicó a la defensa rojiblanca.
Hasta que apareció Moreno y Fabianesi y en diez minutos abrió grande la puerta del festejo sabalero. El primero fue en una lucida acción personal ingresando por derecha, ante la pasividad de los defensores locales; el segundo, un preciso cabezazo. Parecía que Colón comenzaba a saborear la revancha del 2 a 0 del año pasado en su cancha. Unión no encontró la receta para buscar la reacción; siguió impreciso en todas sus líneas –especialmente en el medio– y lejos del arquero Pozo. Así, el local se fue al descanso como un boxeador al borde del nocaut, con el impacto en la espalda de una desventaja inmerecida.
Pero el descanso fue bien aprovechado por el técnico. Se habló y no se especuló. El tatengue sacó fuerzas a partir de sus variantes: cambió el esquema de juego y dejó tres hombres en el fondo y sumó un delantero, Jara, para acompañar a Barrales, que no había tenido una tarde acertada. Con poco, se vio que Colón se desacomodó y nunca más encontró el nivel de juego de la etapa inicial. Claro que mucho menos los goles.
Aparecieron las desconcentraciones en el medio, especialmente por la banda de Graciani, las fallas en los relevos del fondo, particularmente en los casos de Pellegrino y Garcé, y con todo ello las pocas ideas para generar alguna acción cerca de Bologna. Unión encontró el descuento cuando más lo necesitaba y cuando menos lo esperaba su rival. Jara rompió una larga sequía del equipo y dio paso a la esperanza. Y ahora era Colón el equipo sin reservas ni reacciones.
Unión no descuidó más a Moreno y Fabianesi, controló los laterales, y como Colón le cedió terreno, se adueñó de una amplia franja para presionar cada vez más cerca de Pozo. El empate estaba madurando. Y cayó. Otra vez se quedaron los defensores y en otra pelota cruzada, Unión lo lastimó a Colón. El empate de Correa puso las cosas en su lugar.
El sabalero sintió el impacto y nunca pudo encontrar el fútbol capaz de simular el descontrol que apareció en la última parte. Gracián ingresó tarde (después del empate), cuando el resto pensaba más en que la reacción del rival, no tanto por inesperada sino por contundente, podía quebrar esa igualdad. Unión, después de la hazaña de remontar el dos a cero en contra, se tranquilizó y retrocedió para cuidar lo conseguido.
Pero Colón no tomó nota de esa situación. Unión estaba feliz por su reacción. Y así ambos terminaron conformándose.
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"Igualamos con momentos de buen juego. Unión tuvo la pelota, Colón vino a contragolpear", dijo Kudelka. "Fue un tiempo para cada uno. Somos conscientes de que tenemos que mejorar", opinó Sensini.
Unión tuvo que esperar 709 minutos para terminar con la peor racha de su historia en el profesionalismo sin marcar goles. El tatengue tiene otra por romper: lleva ocho cotejos sin ganar.
"Fue como tener una relación sexual maravillosa. Sí, como un orgasmo, se disfruta de esa manera." Así definió Nicolás Correa su sensación luego de anotar el tanto del empate para Unión.



