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A la hora de armar el plantel para el Inicial, Ricardo Gareca, el manager Christian Bassedas y los dirigentes evaluaron los pro y los contra y decidieron liberar a Barovero, Ortiz, Zapata, David Ramírez y el Burrito Martínez para darle paso a una renovación. Fue allí que aparecieron Montoya (luego Sosa), Tobio, Bella y Cabral ya no como recambio sino en forma sostenida, como piezas fundamentales; y Pratto y Ferreyra arriba, absorbiendo un ataque más vertical y explosivo. Pero no fueron sólo ellos: porque se consolidó Cerro, apareció un nuevo volante central (otro más) como Lucas Romero y, la principal aparición, el lateral Gino Peruzzi, a quien el propio Alejandro Sabella, DT de la selección, definió como una "bocanada de aire fresco".
Pero si bien Gareca mantuvo el estilo de conducción, su principal mérito fue que se adaptó a las características de los nuevos intérpretes. Porque Vélez, sobre todo a partir del potencial de sus delanteros, modificó su forma de jugar con respecto a los campeonatos anteriores. Ahora fue más directo. Tuvo menos pausa, recurrió más a los pelotazos que nacían desde el arquero y los centrales para Pratto y Ferreyra. A partir de esa acción, desde 3/4 de campo, comenzaba a generar peligro con ataques bien verticales.
Antes, desde Moralez, Zapata, Martínez, Silva y las subidas de Papa por la izquierda, generaban triangulaciones y movimientos (preferentemente por la izquierda) que desarticulaban –con inteligencia– hasta las defensas más cerradas. Este Vélez se construyó desde la potencia y la voracidad para definir antes de elaborar. Otros equipos de Vélez tenían, casi como religión, generar superioridad numérica con desdoblamientos y apoyos antes de finalizar una jugada. Hoy también lo puede hacer (gol de Ferreyra para el 3-0 a Arsenal, después de 19 toques), pero no es su principal arma. Hoy golpea por su contundencia y porque, desde la potencia de los tanques se anima a avanzar incluso en inferioridad. Bella, Insúa y Cabral pueden convertir pateando desde afuera o generar situaciones (y goles) a partir de los rebotes de los arqueros que capturen sus compañeros, como en los tantos de Pratto a Racing (remate de Bella) y de Ferreyra a Arsenal (remate de Cabral).
Desde el sistema táctico, partió del 4-3-1-2 rápidamente reubicable al 4-4-2, ubicando a Insúa sobre la izquierda, pero durante el torneo el dibujo fue muy flexible y Gareca lo acomodó de acuerdo a las circunstancias que creía le ofrecía el partido y las necesidades, una posible desventaja en el resultado. Algunos ejemplos:
El doble 9 fue determinante para desequilibrar y también para auto generarse situaciones. Se escalonan para complementarse, pero ambos además tienen la capacidad para girar y ponerse de frente al arco muy rápido. No necesitan sumar mucha gente para concretar las situaciones y casi nunca se superponen. Uno va por detrás y el otro por delante; o uno va por afuera y el otro por adentro. Se cansaron de abastecerse y Pratto sacó a relucir su visión integral del juego. Entre los dos marcaron 17 goles (Ferreyra 11 y Pratto 6), pero también sumaron 8 asistencias (Pratto 5 y Ferreyra 3).
En defensa, cuando se para como un equipo corto cerca de su área y logra reagruparse y juntar líneas, lo hace en forma más ordenada. Y puede potenciar ese recurso en los minutos finales, cuando debe sostener un resultado. Para el retroceso, hasta recibe las colaboraciones de Insúa, Pratto o Ferreyra. Es común ver en los regresos a Insúa como doble 5 y a Pratto o Ferreyra como mediocampistas izquierdos.
Este Vélez versión 2012 mantiene parte de sus argumentos históricos pero, en varios detalles, se ve distinto a los anteriores. Al fin y al cabo, acomodarse a las características fue una movida inteligente y, por eso, no dejó de ser audaz.



