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La edición 2007 fue la primera ocasión para Venezuela en más de un aspecto. Pudo tener éxito como debutante en el rol de organizador del torneo y también consiguió por primera vez la clasificación a cuartos de final.
Cuatro años más tarde, la Vinotinto tendrá ese avance como su objetivo mínimo, con la dificultad de tener que intentar conseguir el boleto fuera de casa, en un grupo en el que Brasil, Paraguay y Ecuador le darán mucho más valor a la clasificación, si se obtiene.
Pero incluso más importante que igualar o superar esa meta será la consolidación del juego del combinado nacional. Esta será la primera copa bajo el mando del seleccionador César Farías, quien logró mejorar los números del equipo en la última eliminatoria, pero todavía no ha conseguido una fórmula definitiva de juego para la selección. Alejado inicialmente de la identidad adoptada durante el ciclo de su antecesor, Richard Páez, Farías ha hecho cambios frecuentes de esquemas y propuestas durante estos tres años. Ahora, sin embargo, espera plasmar en el campo una idea mucho más cercana al juego de toques que entusiasmó a los aficionados venezolanos durante la época del "boom" vinotinto en el país.
La Copa América Argentina 2011 será la oportunidad para que la selección consolide su idea de juego y vea qué tan cerca o lejos está de conseguir resultados con ella. La eliminatoria está a la vuelta de la esquina, y el gran objetivo del ciclo Farías –y de Venezuela entera– es poder decir que Brasil 2014 será su primer Mundial.
El grupo actual de jugadores permite la ilusión. Jugadores emblemáticos como José Manuel Rey, Juan Arango, Giancarlo Maldonado y Renny Vega unen su experiencia al talento de Salomón Rondón, Miku Fedor, Roberto Rosales, Tomás Rincón, Luis Manuel Seijas y otros jóvenes que ya asumen el protagonismo. Grandes promesas como Yohandry Orozco y Alexander González han probado que merecen estar en acción.
Farías ha podido contar con el grupo élite bajo su guía por tres semanas y ese tiempo, que no había podido disfrutar antes, le servirá para definir el rumbo. La Copa América dará la medida. Permitirá conocer cuáles son las aspiraciones actuales y qué se necesita para llegar al punto ideal. Y si en el camino se logra igualar o superar la hazaña de 2007, bienvenido sea.

