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Sensatez y sentimientos: la historia de la mujer que habita en el corazón de la selección

Las camisetas de distintas épocas, de fondo, en el depósito de indumentaria de las selecciones, en Ezeiza.
Las camisetas de distintas épocas, de fondo, en el depósito de indumentaria de las selecciones, en Ezeiza. Fuente: LA NACION - Crédito: Augusto Famulari
Andrés Eliceche
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8 de marzo de 2019  • 08:00

El cartel era lo suficientemente pesado como para que ella no pudiera con él. La tarea estaba casi cumplida: había logrado transformar un modesto hotel de La Serena en una concentración con todos las comodidades que exige el status de una delegación que lleva el escudo de la AFA. Se había ocupado, entre otras cosas, de que cada habitación tuviera el toque personal que les diera la bienvenida sus habitantes: una foto de los hijos, un mensaje de la novia, el mate. Pero a ella le faltaba completar ese detalle de último momento para sentir que la responsabilidad que le habían dado por primera vez estaba bien cumplida: llevar ese maldito banner de publicidad hasta la sala de conferencia de prensa. Su compañera, embarazada, no iba a poder llevarlo tampoco. Entonces una voz les sonó familiar: "¿Necesitan algo?", escucharon. "Era Leo (Messi). ¡Imaginate! Yo pensaba: 'Si se llega a lastimar un hombro por hacer fuerza, me matan'."

Casi cinco años después de aquella anécdota chilena, ocurrida en los días previos al inicio de la Copa América de 2015, Verónica Miele se ríe del recuerdo. Aunque el cargo de jefa de marketing de la AFA suene rimbombante, todas las historias que refiere son así: poco de reuniones protocolares, mucho de trabajo de campo. Como cuando, en aquel mismo tiempo y espacio, terminó en el piso: "Iba corriendo con una caja y me di un golpe terrible, voló todo y me empezó a salir sangre. En ese momento salen Gago y Banega y me ven caída, llorando. Yo estaba súper nerviosa, no podía creer que me hubiera pasado algo así delante de los jugadores. '¿Por qué no pedís ayuda?', me dijeron. Es que son gente normal, como vos y yo, el error es del que los pone en otra dimensión", reflexiona, mientras por el ventanal se observa el verde de las canchas del predio de Ezeiza, su lugar de trabajo diario.

La inmensidad del predio de Ezeiza entra por el ventanal de la concentración.
La inmensidad del predio de Ezeiza entra por el ventanal de la concentración. Fuente: LA NACION - Crédito: Augusto Famulari

El miedo escénico ya pasó: lo que empezó siendo una experiencia diferente y secundaria en el Mundial Brasil 2014 se fue convirtiendo de a poco en su rutina, sobre todo cuando se hizo cargo del área que ahora dirige, antes de aquella Copa América chilena. Desde entonces, Verónica recorrió el mundo en cada gira de la selección, siempre en el batallón de avanzada: es de los que llega antes a cada lugar para acondicionarlo y controlar que se cumplan las pautas acordadas con cada hotel, sponsor, organizador del partido... Siempre cultivó el bajo perfil, tanto que demoró ocho meses en aceptar esta entrevista, la primera que da en estos años. "No me gusta la exposición", repite, como si hiciera falta. Su figura remite a una ola incontenible que ella personifica: el avance de la mujer también puede advertirse en un ambiente machista por definición, como el fútbol. Ocupar esa posición, entre botines y camisetas de estrellas mundiales, es un signo de los tiempos. Se trata, al cabo, de una mujer instalada con naturalidad en el corazón de la selección, ese espacio que durante décadas fue solo cosa de hombres.

"Yo sé", acepta, "que siempre habrá envidia y celos, y que hay quienes creen que un hombre haría mejor mi trabajo. Eso me pone loca, me tira para abajo pero a la vez me rebela. Fui fuerte y demostré lo contrario, tuve dignidad. Antes de entrar tenía miedo de que cómo pudieran recibirme. Pero pisé fuerte y segura, trato de estar siempre en mi eje. Y con el tiempo hubo gente que me pidió disculpas por sus propios prejuicios". Esa pelea contra los rótulos, dice, le advirtió una regla no escrita que respeta: "Aprendí a trabajar mucho en silencio, y a que si vas a hablar, lo hagas porque eso que tenés para decir es más importante que el silencio". Definir su ámbito de trabajo puede resultar inabarcable, si se atiende su descripción: "Me vas a ver pelando papas y discutiendo un contrato con un sponsor, no me quedo en mi quintita. Acá funcionamos así. Si venís como gerente te va a ir mal... Yo conviví 20 días con los cancheros en Rusia antes del Mundial: mientras ellos acondicionaban las canchas, yo trabajaba en el predio donde iba a vivir el plantel, acomodando todo. No se me cae ningún anillo por eso. Bah, ni uso", se ríe.

Rubén Gómez pega los números en las camisetas, Verónica observa.
Rubén Gómez pega los números en las camisetas, Verónica observa. Fuente: LA NACION - Crédito: Augusto Famulari

Verónica se reconoce sensible. Se le pone la mirada húmeda cuando habla de su familia: Gastón, su marido, y sus hijos Agustín (19), Lucas (15), Abril (13) y "un angelito que me mira desde el cielo", dirá. "Sufro un montón en los viajes, extraño horrores. Cuando se puede, ellos me acompañan, como pasó en Rusia. Pero acá también somos una familia. En las giras, cuando estoy mal me voy a caminar con Antonia, la cocinera, o con Marito, el utilero, que es el psicólogo de todos", grafica. Su foco, explica, siempre está puesto en hacerle la vida mejor a todos los que integran la delegación en los viajes, se llamen Messi o Antonia, justamente. Y conecta esa obsesión con un episodio propio. "Tuve un accidente cerebrovascular hace cuatro años del que me costó mucho salir, porque encima no quería que alguien se diera cuenta. Estuve casi un año sin hablar bien ni caminar bien. En 2013 había tenido un episodio similar, pero el de 2015 fue más fuerte. Tuve miedo de morirme, sobre todo por mis hijos. El más grande estuvo muy mal por verme mal a mí. Hasta que un remisero un día me dijo: 'Vero, si vos no estás, las cosas se van a hacer igual, la vida continúa. Te van a llorar, pero todos van a seguir adelante'. A partir de eso, vivo las cosas de otra manera, cambié mis prioridades. Por eso, me enfoco sobre todo en la familia de los jugadores. Trato de que estén los hijos presentes todo el tiempo. Cuando llego a una concentración lo primero que elijo es el lugar donde van a recibir a sus familias. Que sea cómodo, que haya juegos, que tengan ganas de estar ahí. Que ellos estén bien con su familia", relata.

¿Por qué en otro país los hinchas son fanáticos de la selección y acá no? Eso me da mucha bronca. Mi gran lucha es tratar de transformar eso. Mi sueño es que la selección genere pasión

Del drama, revela, salió también con humor, un bálsamo que la empujó hacia adelante. "Me cargaban porque yo quería dismularlo. El chef me decía 'fijate que caminás en falsa escuadra, tenés el chasis roto'. Nos reíamos mucho, eso me hacía bien. Hablaba mal porque tenía afasia (un trastorno de habla, consecuencia del ACV), y me pedían que me pusiera nerviosa para que se me notara... Los jugadores se enteraron, no porque yo se los dijera. Nadie me dijo nada pero yo sentía que sabían, sentía ese apoyo. Mismo con los entrenadores: tengo los mejores comentarios sobre Tata Martino, Bauza... Cuando se fue el Patón organizó un almuerzo en el predio y me invitó, lo sentí como un gran reconocimiento", abunda.

El futuro inmediato la encontrará en España y Marruecos, allí donde la selección girará durante marzo. Y en junio, en la Copa América, en Brasil, una geografía que Messi y sus compañeros recorrerán casi sin pausas. Detalles de un calendario que Verónica tiene marcado en rojo. Aunque ahora que aprendió a domar la ansiedad y a poner cada cosa en su lugar, transita el día a día con más calma, sin desmayarse si un termo no tiene el sticker indicado. En el fondo, persigue algo más grande; más difícil de alcanzar, también. "¿Por qué en otro país los hinchas son fanáticos de la selección y acá no? Eso me da mucha bronca. Mi gran lucha es tratar de transformar eso, aunque sea un cuatrito de copas. Mi sueño es que la selección genere pasión", se anima.

Foto de familia: la delegación de la selección, antes de partir a una gira.
Foto de familia: la delegación de la selección, antes de partir a una gira. Crédito: Archivo Veronica Miele

"Siempre me molestó que me señalaran como 'la hija de...'

"¿Estoy hablando mucho? Voy a sufrir hasta que salga la nota". Ya distendida, Verónica Miele encuentra una historia adolescente para explicar por qué disfruta de correr de acá para allá con logotipos, mates o peloteros para armar: "Yo nunca tuve problemas económicos, pero cuando iba a la secundaria cinco amigas no podían pagarse el viaje de egresados y decidí hacer algo. Me fui a trabajar un año a McDonald's para conseguir la plata y ayudarlas, y lo logré: siempre pensé estrategias para conseguir cosas. Así me metí a estudiar marketing, pero nunca pensé que iba a trabajar con el fútbol. Me crié en este ambiente, pero no era mi objetivo", descubre.

La anécdota tiene un trasfondo: su papá es Fernando, quien fuera presidente de San Lorenzo entre 1986 y 2001, quince años que marcaron a la familia. Terminada su gestión, Miele fue llevado a la justicia por la dirigencia que lo reemplazó en el club, que lo acusó de malversar fondos y lo expulsó como socio. "Sé que lo van a valorar cuando se muera. Para alguien que fue tanto en un club y que después termine en la tristeza y sin reconocimiento, como le pasó, es terrible... Fue la AFA la que le devolvió el carnet que le quitaron, y eso tiene un enorme valor para nosotros. Él nunca habló con nadie por mí, no se metió en nada, ni siquiera me pregunta por un chisme. Y está súper orgulloso de mi trabajo, me lo vive diciendo", se planta, seria, acerca de un tema que repiensa a cada momento. Porque un día debió aceptar que su apellido iba a ser un condicionante. "De chiquita iba a la cancha con él y siempre me molestó que me señalaran por ser 'la hija de'. ¡Yo soy Verónica Miele! Yo jugaba al tenis en River y una vez me hicieron una nota que titularon: "La hija de Fernando Miele". ¡No sabés cómo me puse! Pero que no se malinterprete: estoy súper feliz con el papá que me tocó", afirma.

Junto a su familia en Rusia, durante el Mundial.
Junto a su familia en Rusia, durante el Mundial. Crédito: Archivo Veronica Miele

—¿Sos de San Lorenzo?

—No, de River. ¿Como puedo hinchas por un club que le hizo tanto mal a mi papá? La pasé muy mal, sufrí mucho. Festejaron los 100 años del club y ni siquiera lo nombraron, como si no existiera, con lo importante que fue. Había ratas en el club cuando asumió... Son las cosas que te pone la vida, pero Dios ve todo.

Esa exposición la lleva a cuidar su manera de relacionarse en un ámbito tan público. Así, por ejemplo, puede convivir con el ruido medíatico que rodea a la Argentina en cada partido. "Necesito sentirme feliz con lo que hago, y acá lo soy. Estoy orgullosa de trabajar con la selección. Lo más importante siempre es la gente que te rodea, y acá nos movemos como una familia, sin hacer diferencias. Te doy un ejemplo: El día del cumpleaños de Messi cumplen también Antonia, la cocinera, y Diego, el chef. La última vez estábamos en el Mundial: todos tuvieron su misma torta, su misma foto, su mismo regalo. Así nos manejamos", cuenta.

Con el equipo de trabajo que no suele verse de la selección, en una gira.
Con el equipo de trabajo que no suele verse de la selección, en una gira. Crédito: Archivo Veronica Miele

Pondera que la gestión de Tapia le dio un espacio de mayor inclusión, aunque no solo a ella. "Si él ve que lo que le proponés tiene sentido, te deja hacer. Y conoce a cada persona, desde las chicas de limpieza del predio hasta cada dirigente. Eso se valora acá adentro, todos los empleados lo votarían si pudieran", dice, sin dudarlo. Tiene la convicción de que el presidente ayudará a acercar a los jugadores al público, una deuda histórica: "Lleva tiempo, pero hay una decisión para hacer las cosas de otra manera. Antes parecía que la selección vivía en una cápsula, y no era porque ellos lo quisieran así, te lo aseguro. A mí me pedían que pusiéramos vallas para que no se viera nada, y yo me preguntaba ¿por qué?", reflexiona.

En este micromundo, Verónica se mueve cómoda, y se nota. Invita a LA NACION a entrar a espacios siempre reservados del predio como la utilería, el lavadero, el restaurante y el depósito donde se aloja la indumentaria actual de todas las selecciones y también camisetas de otros mundiales. En cada espacio llama a las personas por su nombre, a tono con eso que describe como "una familia". El dato no invalida que en alguna ocasión se le haya escapado un apellido: "Soy cero cholula. Una vez estaba completando unos papeles y le pregunté a uno: "¿Perdón, tu nombre?". Era Gaby Mercado".

Un Whatsapp de chicas

  • Mujeres al pie del cañón. "Todas las mujeres cumplen cuando les pido algo de sus hijos para darles a sus papás", cuenta Miele. "Los jugadores valoran eso, porque para ellos cualquier gesto de sus familias es más que lo material. ¿Qué les vas a regalar que no se puedan comprar?", dice.

Antes de un partido amistoso de la selección, en Krasnodar (Rusia).
Antes de un partido amistoso de la selección, en Krasnodar (Rusia). Crédito: Archivo Veronica Miele

  • Otro Mundial en la mira. "Amo a las chicas. de la selección, son genias. Viajé con ellas por primera vez cuando consiguieron la clasificación al Mundial, el año pasado, y la pasé muy bien. Desde el momento cero me hicieron sentir parte. Es un contexto súper diferente al de los hombres, obviamente. Ojalá les vaya muy bien en Francia. Me encantaría ir, aunque coincide con la Copa América de hombres...

  • Compañeras. "Ahora hay una empleada administrativa más en el predio, también se sumaron chicas en prensa... Cada una que entra es una felicidad para mí", comenta.

Verónica junto al equipo de lavandería de AFA. Por allí pasan las camisetas de todas las selecciones.
Verónica junto al equipo de lavandería de AFA. Por allí pasan las camisetas de todas las selecciones. Fuente: LA NACION - Crédito: Augusto Famulari

Postales de selección

Entre las tantas tareas que tiene, Verónica diseña las habitaciones de los jugadores en las concentraciones.
Entre las tantas tareas que tiene, Verónica diseña las habitaciones de los jugadores en las concentraciones. Crédito: Archivo Veronica Miele

Una pose, en el predio de Ezeiza.
Una pose, en el predio de Ezeiza. Fuente: LA NACION - Crédito: Augusto Famulari

Junto a Angélica Romero, utilera de la selección femenina.
Junto a Angélica Romero, utilera de la selección femenina. Fuente: LA NACION - Crédito: Augusto Famulari

Verónica, durante la charla con LA NACION.
Verónica, durante la charla con LA NACION. Fuente: LA NACION - Crédito: Augusto Famulari

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