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Ni camerunés ni japonés, el nuevo prototipo experimental de N° 9 xeneize es húngaro. ¿Cómo? No es fantasía. Increíble o no, Robert Waltner, de 24 años, llegó a préstamo por un año de Zalaegerszeg, campeón de Hungría, a cambio de 150.000 dólares (la opción de compra fue tasada en 1.000.000), para poner a Boca otra vez en el tapete de lo insólito.
Mientras los hinchas ya se rompen la cabeza para hacer rimar un cantito con el nombre de la flamante incorporación, Waltner comienza a disfrutar las mieles xeneizes y una fama inesperada. "Estoy como en las nubes, no puedo creer lo grande que es Boca. Aparecí en una foto de un diario y ya me saludan. Es más, fui a un negocio de ropa y el dueño, que era hincha de Boca, me reconoció y me hizo el 30 por ciento de descuento por un autógrafo y una foto. Increíble", cuenta Robert, con la ayuda de Martín, un traductor que la embajada de Hungría puso a disposición del jugador.
Una semana en Buenos Aires, mientras esperaba ansioso que se concretara el pase, bastó para hacerse amante de los shoppings, los buenos restaurantes y, obviamente, lo que ponderan los extranjeros, el asado. "Es lo más rico que probé en mi vida", dice.
Su papá, István, empleado de una empresa metalúrgica; su madre Ibolya, costurera, y su hermana, Beáta, se quedaron en Budapest. Sin embargo, Waltner encontró una buena compañía en su novia, Petra, que a cada paso, con su cuerpo de modelo y cabello rubio, se roba la mirada de los hombres. "Hace un poco más de un año que estoy saliendo con ella. Somos felices y me ayuda mucho en lo que es mi carrera, porque no es fácil venir a un país, lejos de tu familia y sin conocer el idioma. Lo único que sé en español es: hola, gracias y viva Boca , aunque ya estoy estudiando", comenta.
No sólo el fútbol lo desvela, también encuentra diversión en el ping-pong y en el basquetbol, aunque Waltner, también admirador de la buena ropa y de la bijouterie, especialmente las pulseras y los anillos, reconoce que su vida es el fútbol. "Desde chico que practico. Sé que ésta es una apuesta muy difícil, pero me gustan los desafíos. Yo me podía haber quedado muy cómodo en Zalaegerszeg, donde soy goleador e ídolo, pero llego con el sueño de jugar, hacer goles y ser campeón. Ojalá tenga la oportunidad y que la gente coree mi nombre".
En Hungría ha demostrado tener feeling con el arco. Vistió la camiseta de tres equipos (Videoton, Ujpest y Zalaegerszeg), jugó 127 partidos y marcó 53 tantos. "El último año, por suerte se me dio la posibilidad de ser campeón. Ojalá se repita la historia con Boca".
En la Argentina todo pibe sueña con jugar en Boca o River, y aunque Waltner no pudo demostrar sus cualidades en un club importante de Hungría u otro club europeo, siente que con llegar a la Ribera cumplió el sueño del pibe. "En mi país están un poco convulsionados con mi pase a Boca, el equipo latinoamericano del que más se habla en Europa, porque no es común que ocurra. A excepción de Puskas o Kocsis, glorias de la década del 50, de Hungría no trascendieron grandes jugadores. Ojo, yo no soy tan bueno como ellos, pero tengo lo mío. Creo que no cualquiera juega en un equipo donde brilló Maradona. Ojalá pueda dedicarle un gol, ya que me contaron que siempre va a un palco".
Despacio se va adaptando al ritmo xeneize, a sus nuevos compañeros y a los hinchas. "Me contaron que La 12 es de otro mundo, muy ruidosa. Los compañeros también se portaron bien y el técnico Oscar Tabárez me pareció muy amable. Sólo espero no defraudar a nadie."


