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Esto es lo más hermoso que viví en mi carrera, es increíble, porque cuando todos nos daban por muertos se dio el milagro y ahora somos semifinalistas." Son palabras de Laureano Tombolini, que con los cuatro penales atajados se convirtió en la figura de la victoria ante América. Nació el 13 de agosto de 1976 en Santa Isabel, un pueblito de casi seis mil habitantes, en el sur de Santa Fe.
"El Muerto", como lo conocen sus compañeros por su habitual tranquilidad, empezó a jugar al fútbol infantil en el club Juventud de su ciudad natal, y al poco tiempo de pasar por algunos puestos, hizo suyo el de arquero. De ahí en más, el área y los tres palos fueron su segunda casa.
Jugaba en la Liga venadense en 1993, a los 16 años, cuando la ilusión de actuar en primera viajó a Rosario. Newell´s, el eterno rival centralista, fue su primera parada. Hasta ahí llegó de la mano de Robusto Acosta, hombre de confianza de Bernado Griffa. Compartió un grupo en el que estaban entre otros Diego Crosa y Leonardo Biagini. Dos años después Andrés Rebottaro y Raúl Donsanti lo dejaron libre.
Bajoneado, pensó en dejar todo. Pero el fútbol siempre da revancha. Se anotó en una prueba en Central, con Gerardo González y Edgardo Bauza, y quedó. Debutó en primera el 18 de octubre de 1998 frente a Independiente (1-1), pero sólo en el Apertura 2000 le ganó la pulseada al actual arquero de Los Andes, José María Buljubasich, y comenzó su consolidación como titular.
Decenas de compacts de la Mona Jiménez y de cuarteto lo acompañan en su casa y en la concentración canalla. Y dicen que cada vez que puede parte a su pueblo para compartir los asados con su papá, Rubén, y su mamá, Susana. Así vive el nuevo héroe de los hinchas de Central.



