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SEBRING, Estados Unidos.- Cuando se habla de un lugar histórico, la expectación aumenta. Se espera lo grandilocuente, lo monumental. Pero el clásico circuito que alberga una vez al año las clásicas 12 Horas de Turismo es un autódromo austero, sencillo, con una infraestructura similar a varios circuitos nacionales.
Pero con algunos detalles que suman en el momento de recibir grandes acontecimientos: cada cinco metros hay depósitos de residuos, mientras que en la Argentina se encuentra un recipiente cada cinco autódromos...
Sebring, que cuenta con esa clásica competencia de medio día, también será un lugar muy especial para Gabriel Furlan. El tetracampeón de la Fórmula 3 Sudamericana comenzó aquí una serie de pruebas con un auto de CART (ex Indy Car), del equipo de otro argentino: Juan Carlos Della Penna.
"Realmente estoy muy emocionado. No siempre se tiene la posibilidad de probar un auto de tanta magnitud. Es un verdadero orgullo para mí", comentó Furlan, que aún tiene muy fresca en su memoria la despedida de la F. 3 el domingo último, en Buenos Aires. "Gracias a esa categoría tengo un nombre en el automovilismo argentino", argumentó.
El piloto de Ciudad Evita fue invitado a participar en estas pruebas por obtener su cuarto título en la disciplina continental. Aunque las diferencias son muy evidentes. La Fórmula 3 posee coches de 450 kilos y desarrolla una potencia cercana a los 215 HP. El CART está muy distante: las máquinas de 750 kilos alcanzan 850 caballos. Un abismo.
"Me cansé bastante. Además de conducir semejante auto, la dirección es muy dura, el peso se siente, el frenaje es más largo y el circuito es muy cambiante; con tantas curvas no hay un lugar para descansar. Siempre con una mano en el volante y la otra en la palanca de cambios, que es secuencial, pero que hay que activarla constantemente", confesaba Furlan, acompañado por su madre, Emilia; su esposa; Martín Basso, su ex compañero y último ganador en Buenos Aires en la F.3, y el piloto Fernando Rama.
Las series se efectuaban sobre cinco o seis vueltas al circuito de 2700 metros de extensión. El trazado de Sebring, en Florida, es utilizado a partir de esta época del año por varios equipos, ya que en el Norte el frío silencia los motores y cada team busca el sitio ideal para seguir con los entrenamientos.
Bajo los agobiantes 33 grados de temperatura ambiente, con tres clases de pavimento, sin tribunas (se despliegan las tubulares para las 12 Horas, que se efectúan en marzo y que ya tiene todas las localidades vendidas) y en parte se recorre el sector que pertenecía, hace más de cuatro décadas, a la vieja base militar, el circuito corto basta para que Furlan sienta el vértigo de acelerar a casi 300 km/h.
"Es una sensación distinta. Probamos muchas variantes, como la amortiguación trasera, la barra estabilizadora delantera y neumáticos. También hay que tener cuidado a la salida de las curvas, porque el turbo tiene un retraso y se acciona a las 12.000 vueltas del motor. Eso hace que el auto pegue un latigazo y se pierda el control. Yo, por suerte, siempre lo controlé", comentó el argentino, que dio 60 giros y sorprendió al mismo Della Penna, al registrar su vuelta más veloz en 53s74/100, un segundo menos que la vuelta lograda por el piloto del equipo, el norteamericano Richie Hearn.
"Una adaptación fantástica", se asombró Tom Deagle, el ingeniero de pista que Ford Cosworth puso aquí para supervisar las atípicas pruebas. Tal vez, el comienzo de una nueva etapa en la campaña de un piloto acostumbrado a aceptar desafíos.



