Galíndez, a 20 años de su trágica muerte

Fue en 1980, durante una competencia de TC
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26 de octubre de 2000  

Llevaba consigo el desenfreno propio de los que confían en que nada puede detenerlos. Asomaba en la vida con la misma guapeza que exhibía sobre un ring de boxeo. Asoció su nombre a lo épico, a lo heroico, a las proezas en las que el esfuerzo sobrepasaba cualquier limitación técnica. Así podría recordarse a Víctor Emilio Galíndez, a dos décadas de su trágica desaparición; veinte años después de que el automovilismo, su otra pasión, lo viera ser víctima de una muerte absurda, el 26 de octubre de 1980, durante un competencia de Turismo Carretera en 25 de Mayo.

Ocurrió cuando el avance descontrolado de la máquina conducida por Marcial Feijóo -curiosamente falleció anteayer- salió a la banquina de la recta principal, por donde Galíndez caminaba hacia los boxes junto con el piloto Antonio Lizeviche, de quien era acompañante. Habían abandonado antes de completar el primer giro y decidieron volver a pie por un lugar peligroso..., tanto que encontraron la muerte.

Nacido en la localidad bonaerense de Vedia, Galíndez hubiese cumplido 52 años el jueves próximo. Animador permanente entre los semipesados argentinos, protagonizó duelos inolvidables con Avenamar Peralta, Jorge Ahumada y Juan Aguirre.

Siempre como semipesado, fue campeón argentino, sudamericano y mundial, título éste último que logró en el Luna Park ante Len Hutchins, en 1972, por KO en el 13° asalto.

Una ráfaga de defensas exitosas lo acompañó en los años siguientes, incluyendo el mítico knock-out en el último round ante Richie Kates, en una verdadera batalla desarrollada en Johannesburgo. Una hazaña que un Galíndez ensangrentado y disminuido completó para el archivo mitológico.

Tenía tan sólo 32 años cuando un accidente incomprensible se lo llevó para siempre en la orilla de aquella recta en 25 de Mayo. Ese día que desobedeció las normas de seguridad, tal vez, poniendo una vez más a prueba su guapeza.

El recuerdo de Pradeiro, su DT

Juan Carlos Pradeiro fue el entrenador que acompañó durante cinco años a Víctor Galíndez, lapso en el que logró todos los títulos que se le pusieron en el camino. Hoy, Pradeiro lo recuerda así: "Era un tipo muy guapo y muy apegado al gimnasio, por lo menos hasta que fue campeón del mundo. Yo lo quería muchísimo e incluso soy el padrino de una de sus hijas".

Pradeiro comentó, además, que está gestionando en la Municipalidad de Morón, localidad en la que Galíndez vivía y donde descansan sus restos, para que se designe una calle con su nombre.

"Es el mejor homenaje que le podemos hacer a un peleador tremendo e inigualable", concluyó Pradeiro.

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