Ganar a cualquier costo, una morbosa satisfacción

Gustavo González
Gustavo González LA NACION
(0)
31 de octubre de 2018  • 13:53

Los argentinos abonamos cualquier teoría porque no soportamos que nos pasen. ¿De que cuadro es el presidente? ¿No sabés que D’Onofrio tiene línea directa con la Conmebol? Boca y River piden árbitros a medida con más poder que otros: basta recordar la grabación de audio de Angelici-Mitjans. ¿Cuánto vale ganar así? ¿Cuánto vale si se pondera el VAR cuando nos favorece y lo despreciamos cuando nos perjudica? "Un fallo injusto deja de serlo cuando es en mi favor" (el penal de Pinola ante Independiente por la Copa).

Napoleón, un nombre que pretende elogiar a Gallardo, era un notable estratega bélico, pero también un "emperador", un hombre que avanzaba contra países europeos con un fin hegemónico. Alguien que se impone sobre los poderes constituidos, monarquías en ese tiempo. Afortunadamente, el mote de "emperador" que quisieron darle en un tiempo a Diego Maradona no prendió, y nadie que no sea barra brava de Racing reivindica a una facción de su hinchada como "guardia imperial".

El costado más nocivo del asunto es que horada la pasión de los chicos, que empiezan a entender que ganar a como dé lugar es igual que hacerlo en la cancha. Y que sufren la presión de los padres, ya enfermos inexorablemente de ese mal, al borde de una cancha de papi fútbol donde sus hijos deben divertirse, formarse, aprender que se gana y se pierde. Aprender a triunfar y a caer derrotados.

Cada vez más seguido se escucha (o se percibe) que ahora se disfruta más de la derrota del máximo rival que de la victoria propia. Desear que al otro le vaya mal en el fútbol es mucho menos grave que en la política, pero la satisfacción es igual de morbosa.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.