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AUGUSTA, Estados Unidos.– Están las magnolias, esos 61 árboles añosos (datan de 1850) que enmarcan la calle del ingreso principal de Augusta National y además dan nombre al hoyo 5; los arroyos, las azaleas (el hoyo 13), el verde interminable... y los puentes. En el campo más famoso en Estados Unidos, el escenario del Masters, las breves y curvas (excepto una) construcciones de piedra que transitan los jugadores son parte de un paisaje casi único en el golf.
Pero uno es quizás el más celebre, The Hogan Bridge. Está en el hoyo 12, el más difícil, el Golden Bell, que le tendió una trampa hace un año al campeón defensor Jordan Spieth, que con un cuádruple bogey perdió la punta holgada de la que disfrutaba y la oportunidad de alcanzar el segundo título consecutivo.
Ben Hogan, ganador en 1951 y 1953 –este último año con un récord de 274 golpes que Nicklaus superó en 1965– y segundo cinco veces (incluido un playoff en 1942), está omnipresente aquí, como Arnold Palmer, cuádruple campeón, la leyenda que prohijó el golf profesional y fallecido el año pasado, y como ese mito viviente que es Jack Nicklaus. Este puente cruza el Rae’s Creek, el cauce de agua que justamente protege al hoyo 12. El mejor homenaje que se podía hacerle a Hogan. Cruzarlo, pisar su suelo de césped artificial después de que la pelota ruede en el green a salvo es una bendición.

En el desempate de 1942 (prenuncio de la pausa de cuatro años del Masters, por la Segunda Guerra Mundial), Hogan perdió ante Byron Nelson, la razón del nombre de otro puente del campo. Aquí ambas estructuras se amigan o al menos sirven para comunicar los hoyos 12 y 13 (Azalea). Al cruzar del tee al fairway de Azalea, los jugadores se encuentran con una placa que recuerda el triunfo de 1937 de Nelson, en el que hizo 2 y 3 golpes en esos hoyos (birdie y águila), para remontar un desventaja de 6 que le llevaba Ralph Guldahl. Dos años más tarde, éste tendría su desquite también con un águila en el 13, para ganar el certamen.
El tercero de la lista es Sarazen Bridge. Fue el primero en ser dedicado a un jugador, en 1955 (los otros dos fueron bautizados en 1958), Gene Sarazen, que ganó el segundo Masters de la historia, en 1935, después de hacer un albatros que no le alcanzó para vencer evitando el desempate, en el que se impuso luego de 36 hoyos. Es un puente plano, que bordea el estanque como un camino paraleleo al fairway del 15 y apretado por un muro que lo hace casi un camino de cornisa, y cuenta con una tribuna privilegiada que sigue el paso de los jugadores.
También están las que aquí denominan “cabinas” (son 10), en realidad pequeñas casas en las que los miembros del club agasajan a su familia y amigos durante el Masters. La más conocida, sobre todo en su interior, es Butler Cabin, donde el campeón saliente viste con el saco verde al campeón que empíeza a reinar.
Con el sol a fuego como nunca esta semana, miles de aficionados pisaron el martes el santuario de Augusta. Compraron souvenirs y consumieron alimentos y los menores de 16 años tuvieron infinita paciencia para esperar por una firma de sus ídolos en una bandera, una gorra o una remera. Como si todos tuvieran muy presente que para este miércoles se esperan tormentas en buena parte del día, haciendo temer por el destino del Par 3 Contest, el torneo que se juega en los nueve hoyos de ese par en el segundo trazado que tiene Augusta, cerca del hoyo 10, diseñado hace 59 años. Por lo cual el par de la competencia es 27.
Un campo con el mismo tipo de césped, la misma clase de vegetación en todas sus especies y dos estanques. Una suerte de campo boutique, que a muchos les gusta tanto como el circuito principal, el que se lleva todos los honores cada primera semana de abril. El Par 3 Contest es como un “family day”, en el que compiten y se divierten campeones del pasado con los participantes del campeonato central.
La del miércoles previo al Masters es una cita para exquisitos, un espacio para la distensión, aunque todos quieran ganar el torneo. El año pasado lo obtuvo Jimmy Walker, que unos meses después conseguiría el PGA Championship. Y nadie logró, desde ese 1960 inaugural del minicertamen, hacer doblete con el Masters. Difícilmente el clima divertido y suelto sea una excusa para jugarlo sin presiones. Pero las hay. Y si vuelve a llover, no habrá problemas para el trazado del primer major de la temporada: el Par 3 Course le dará un descanso.ß


