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Era un talento precoz; hoy es la imagen de la frustración. Sergio García pertenece a una generación de golfistas que a los 30 años están hastiados de esperar algo grande que nunca llega. El mismo sentimiento comanda las mentes del inglés Justin Rose y el australiano Adam Scott, ambos al borde de cumplir tres décadas de vida y que también fueron señalados en su momento como futuras estrellas. ¿Podrá este castellonense corregir su destino de derrota en los torneos de Grand Slam?
Hace dos semanas, luego de concluir 45º en el Masters y a ¡26! golpes de Phil Mickelson, Sergio se confesó con una de esas declaraciones que dejan secuelas en el tiempo: "No es de Augusta, es que no estoy jugando bien, la paso mal en el campo. Ahora no me estoy divirtiendo con el golf. Y ojalá supiera la respuesta, pero no la sé... Por el momento vamos a seguir con el calendario y, al acabar el año, ya pensaremos qué hacemos". García aceptó que no se divierte, y esa es la peor sensación para un jugador que siempre disfrutó de su carrera. Allí en el club Augusta National se enseñó hundido, deprimido. Urgido por reciclarse y recuperar energías. Y en el intento desesperado por hallar una fuente de inspiración, le fue aún peor al certamen posterior: no superó el corte clasificatorio del Verizon Heritage tras dos vueltas de 67 y 77.

El Niño, apodo que recibió por todo lo que prometía allá por 1999, año en que se hizo profesional, suma 47 participaciones en majors y de triunfos, nada. Problemas en la concentración y su tortuoso vínculo con el putter lo dejaron en la banquina en cada una de esas ocasiones. Nunca tan evidente como cuando estuvo a un golpe de llevarse el Open Británico de 2007. Pero su putt mordió el hoyo por la izquierda y, en el desempate, sucumbió ante el irlandés Padraig Harrington, el campeón. Se lo recuerda de su paso por Carnoustie con sus manos apoyadas en el grip del putter y su cabeza escondida entre sus brazos, incrédulo ante tanta mala suerte. Pero ese no fue su único sinsabor en citas de las grandes: los segundos puestos en el PGA Championship de 1999 y 2008, más el 3º lugar en el US Open de 2005 dan cuenta de lo cerca que quedó de acariciar la gloria.
La insatisfacción invade hoy a este jugador que estaba nominado a ser el contrapeso de Tiger Woods. Con todo, jamás podría ser calificado de mediocre: en sus diez años dentro de la elite atrapó siete títulos del PGA Tour (el último, el The Players en 2008), con una ganancia total en el circuito norteamericano de 26.236.694 dólares. Además, se coronó otras once veces entre Europa y Asia y fue el Nº 2 del ranking hasta principios de 2009, período en el que aprovechó la larga ausencia de Tiger por la cirugía a la que éste se sometió en la rodilla izquierda tras el US Open 2008.
Sergio siempre es mirado como candidato, aunque justamente empezó su declive la temporada pasada. La ruptura en marzo de 2009 con Morgan-Leigh Norman, la hija del Gran Tiburón Blanco, le provocó una notoria baja de rendimiento. Por consiguiente, su modo de pensar y de manejarse también le jugó una mala pasada. En el Masters de ese año, tras finalizar 38º, se le ocurrió criticar lo que todo golfista alaba en Augusta: el campo. "No me gusta, creo que no es justo, es demasiado complicado y más bien una lotería", fustigó. Ante la siguiente pregunta, sobre qué creía que debían hacer de distinta manera en la preparación de la cancha, García arremetió: "No me importa. Que hagan lo que quieran, no es mi problema. Yo vengo, juego y me marcho. Y si no fuera un major, lo borraría de mi calendario".
Esas palabras lo obligaron a disculparse tres días después, en buena medida por la presión que ejercieron sobre él sus propios sponsors: "Siento mucho lo que dije y quiero pedir perdón por ello, más que nada a los socios del Augusta National. En vez de echarle la culpa al único que lo merecía, a mí mismo, culpé al campo de Augusta, uno de los más emblemáticos del mundo. Es que terminé muy frustrado y bastante caliente, nada salió como hubiese querido", retrocedió Sergio, nacido en Borriol y que por el incidente padeció irónicos titulares de los diarios del tipo: "García sigue siendo un niño".
García no escapa de esta espiral negativa. Está lejos de ser aquel joven optimista que, en su condición de aficionado de 18 años, participó en 1998 del Abierto de la República en el Jockey Club, donde lideró tras la primera vuelta y culminó 2º, con rondas de 67-77-66-66, a cinco golpes del paraguayo Raúl Fretes. Sin embargo no se rinde: ahora mismo está en plena búsqueda de recuperar su swing de la mano del gurú Pete Cowan, un especialista en el juego corto. "Los tiros con los hierros no sólo se me van a la izquierda del objetivo. Se me van para todos lados. Si fuera una cosa, ya la arreglaríamos, pero fallo por todos lados", se autoflagelaba en Augusta, como si fuese un torero desorientado. El salón de consagrados del golf reserva un espacio para Sergio, pero las puertas, todavía, permanecen cerradas.
2 de septiembre, Bobby Jones
9 de septiembre, John Daly
16 de septiembre, Fuzzy Zoeller
23 de septiembre, Notah Begay III
30 de septiembre, Lorena Ochoa
7 de octubre, Severiano Ballesteros
14 de octubre, Payne Stewart
20 de octubre, Ryo Ishikawa
28 de octubre, Babe Zaharias
4 de noviembre, Camilo Villegas
11 de noviembre, Old Tom Morris
17 de noviembre, Ken Green
25 de noviembre, Ian Poulter
2 de diciembre, Lee Trevino
9 de diciembre, Annika Sorenstam
16 de diciembre, Rory McIlroy
23 de diciembre, Miguel Angel Jiménez
3 de febrero, Byron Nelson
10 de febrero, Tommy Bolt
17 de febrero, Joe Ogilvie
24 de febrero, Sir Nick Faldo
03 de marzo, el par 3 del 16 en el TPC de Scottsdale
10 de marzo, Arnold Palmer
17 de marzo, Ernie Els
24 de marzo, Manuel de lo Santos
31 de marzo, Fabián Gómez
14 de abril, Mateo Manassero


