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Paralelamente a la gloria conseguida por los Pumas en la Copa del Mundo, él vivió su propia coronación. Los 102 puntos que sumó, además de permitirle al seleccionado argentino de rugby acceder al quinto puesto, convirtieron a Gonzalo Quesada en el goleador del Mundial, por lo cual recibió el Botín de Oro, novedoso premio -se entregó por primera vez- instituido por el diario Wales on Sunday.
A pocas horas de su llegada de Cardiff, a donde debió regresar para esperar el desenlace de la pulseada entre los pateadores, el apertura del conjunto nacional se siente cómodo en la intimidad de su casa, en San Isidro, y enseña orgulloso el trofeo. La escenografía familiar se modificó. En el living ahora cuelga una foto enorme de Queso ejecutando un penal en el Millennium, cerca brilla ese dorado botín y se puede leer en el diario galés un título a toda una página: ¡MARAGONA! El artículo de Paul Abbandonato es una prolija comparación entre Quesada y Maradona.
Los elogios y las distinciones alteraron un poco su vida, pero no lo cambiaron en absoluto. "Esto es mérito del equipo. Cada uno cumplió con su función. Lo mío fue, simplemente, no fallar en lo que correspondía, que era transformar los penales en puntos. No es una falsa modestia, realmente siento que ni loco habría logrado este premio si los Pumas no hubieran rendido como lo hicieron. Esto es un buen final para la excelente actuación del seleccionado." Cuando se trata de elegir uno de sus envíos a los palos (acertó 31 penales, 3 goles y un drop), para Quesada no hay dudas. La difícil conversión del try de Albanese frente a Irlanda (el resultado estaba 23-24) permanecerá en su memoria por siempre. "Cuando estás en una situación así, los postes se te cruzan. Traté de no pensar mucho y patear, cuando me di vuelta y vi la tensión de los chicos festejando y el griterío de la gente, me conmovió. Nunca me voy a olvidar de ese momento."
Quedó como el mejor pateador del mundo y el Botín de Oro está en su poder, aunque Speedy no se considera propietario exclusivo. Por eso, se encarga de compatirlo "con los otros 29 jugadores que fueron al Mundial; con Soler, Jurado, Camerlinckx y Fede Méndez. Porque este reconocimiento forma parte del logro de un plantel, fue muy importante el esfuerzo que hicimos todos. También es para Hindú, porque fue el club donde me desarrollé y gracias a él llegué a estar en los Pumas".
Desde chico siguió e intentó imitar a Juan Pablo Piccardo, ex apertura de la primera de Hindú, pero con el tiempo descubrió que "la técnica del pateador es muy personal. Lo importante es que el kick sea natural. No se puede decir que existe una fórmula; cada uno puede desarollar el método que más le convenga".
La efectividad de Quesada es el resultado de la dedicación. En las divisiones inferiores siempre actuó como Nº 10 y pateaba porque era el que más lejos enviaba el balón. Desde que debutó en la primera de Hindú, en 1992, todos los viernes le dedica una hora de práctica. Primero contó con la incondicional compañía de Nico Fernández Miranda, y su actual colaborador es Matías Larré.
Las consecuencias de esta inolvidable actuación de los Pumas y el futuro es un tema a resolver con criterio. Quesada tiene un posición bastante acertada: "Seguramente ya hay un montón de chicos que les pidieron a los padres que los anoten en algún club. Ese es un primer punto valiosísimo. Después, sería bueno que las todas las uniones del país dejen de lado las disputas y organicen el rugby y trabajen juntos para el crecimiento del deporte.
"Y como tercer eslabón, cuando se consiga una estructura bien sólida, profesional en su funcionamiento, recién ahí se puede empezar hablar de si los Pumas deben dedicarse de lleno al juego. Se le podrá pagar a los jugadores del seleccionado cuando todo esté consolidado. Ahora hicimos un gran sacrificio, y no sería justo seguir forzando a los rugbiers a que sigan resignando muchas cosas en sus vidas para competir en igualdad de condiciones."




