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Trata de no pensar en nada. Seria, mira al frente. El cabello atado con una cola tirante. Calzas negras, tobilleras, rodilleras, vendas en los dedos. Toma la barra de hierro, se infla los pulmones y ¡arriba!. Hace 9 años que Natalia Díaz repite este ritual: dedica su vida a levantar pesas (halterofilia), ese deporte históricamente vedado a las mujeres. "Descubrí que me hace feliz esto", dice cuando termina sus dos horas de práctica en el gimnasio del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard), el lugar donde se mudó para evitar los viajes de lunes a sábado desde su casa familiar en Don Torcuato. "Estoy tan segura de lo que hago que ya se espantaron todos lo miedos".
Los fantasmas que, al principio, la perseguían a Natalia, a su familia y a la mayoría de los conocidos a quienes contaba que dejaba el atletismo por las pesas tenían mucho que ver con el espejo. "Antes temía perder lo femenino y en mi casa no les gustó nada, porque a esto lo relacionan mucho con el físico culturismo y está el mito de que se te deforma el cuerpo", señala esta mujer de 29 años, capaz de poner en el aire el doble de su peso.
Hoy reconoce que tiene más desarrolladas las piernas y que todo su cuerpo es más fibroso. "Pero no hay una deformidad marcada", enfatiza. Y recuerda viejos comentarios que hoy le causan gracia. "Por ejemplo, mi mamá me decía que iba a ser una mole", revela. "¡Mis amigas ni te cuento!". Y agrega, como invitando a contrastar con la evidencia: "Mi cuerpo no es el de un patovica de boliche". Bromea, pero no hay rastros de sonrisa.

Natalia parece estar siempre enfocada en lo que hace. Dirá luego que la concentración también se aprende y se ejercita y que en levantamiento de pesas es esencial. Detrás de ella sus compañeros siguen entrenando, se escuchan caer pesas, por momentos suena una música, algún chiste, risas, alguien eleva la voz. Nada la saca de su eje. Mira atenta a los ojos cuando escucha y al responder. Habla convencida de que por su seguridad profesional y sus logros se fue ganando la confianza de los demás.
"Este es un deporte muy masculino y, sobre todo cuando empecé, había muchos más varones que mujeres", recuerda. "Luego ellos se fueron acostumbrando a vernos, tuvieron que cambiar ciertos hábitos y hoy somos compañeros, valoran mucho nuestro trabajo". En su casa y entre sus amigos pasó igual: ya naturalizaron este deporte en ella y las preguntan están focalizadas en sus avances profesionales. Atrás quedaron los prejuicios de todos los que la quieren.
¿Tuviste dificultades en lo amoroso por ser pesista?, pregunta lanacion.com. "¿Sabés que no?, porque al conocerte te preguntan por el deporte, te vienen a ver a los torneos, ya se hacen un poco de este ámbito". Reflexiona unos segundos en silencio y se anima a decir, con un tono delicadamente pícaro: "A los varones los sorprendo y hasta les gusto más por lo que hago; será porque a ellos les atrae mucho el cuerpo trabajado". También en este terreno siente que fue ganando confianza y eso la libera en sus relaciones: "Antes daba vueltas para contarle a un chico lo que hacía, y lo decía como con vergüenza; ahora ya tengo seguridad y me gusta decirlo para desmitificar todos los prejuicios que rodean a este deporte", concluye. Es una convencida de que hay que difundir este deporte para que la información venza los miedos.
"Cuando están indispuestas pierden fuerza"
El entrenador de pesistas de Cenard Martín Menéndez camina todo el tiempo y observa cada movimiento mientras sus alumnos se ponen al hombro cientos de kilos. Es un convencido de que cumplir con la técnica y fomentar la concentración de cada uno es la manera de mejorar en este deporte y de evitar accidentes.
Cuenta que desde hace un año entrena a mujeres y que lo sorprende para bien la profesionalidad y el deseo de superación constante.
Como entrenador, reconoce que tuvo que aprender bastante sobre cómo tratarlas, cuáles son sus tiempos, el modo de llegar a ellas. "Tienen ciclos y varía mucho su rendimiento en función de lo emocional", explica. Se refiere, sobre todo, al período menstrual: "Cuando están indispuestas muchas pierden fuerza, otras sienten que ya no pueden levantar lo que levantaban", agrega. Además, cuenta que también hay chicas que durante esos días están hipersensibles y necesitan charlar un poco, sentir la compañía del grupo antes de entregarse por entero a la práctica.
"Los varones funcionan completamente diferente", contrasta. "Ellos pueden estar bien o mal pero yo no me entero; ellos llegan y levantan los kilos que tienen que levantar", finaliza.
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