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MANCHESTER, Inglaterra (Especial).- Bailarín en la caliente pista del ring, temerario al arriesgar la propia cara, implacable con zurda, duro con derecha, bufón completo es Naseem Hamed, que entretiene y se divierte hasta con un tricampeón mundial como el puertorriqueño Wilfredo Vázquez. Fue el de ayer un triunfo esperado el del británico, porque su show pugilístico necesitaba deslumbrar sin tener al acostumbrado mal payaso a su lado, debía imponer ese estilo alocado y suicida frente a un boxeador respetado, ante un hombre que no temblase por la psicodélica presentación del campeón mundial de los plumas de la Organización Mundial de Boxeo.
Eran Vázquez y sus 20 peleas por títulos mundiales la prueba por superar.
Y Hamed bailó sin complejos durante siete rounds hasta conseguir el vigésimo octavo knock-out en treinta victorias. Príncipe es por apodo; rey por talento y voluntad.
Irreverente frente a la historia de un rival que encadenó coronas de plumas, gallos y supergallos, Hamed contoneó el cuerpo entre salvas de golpes, humilló por personalidad a Vázquez, cuya larguísima trayectoria no lo preparó para enfrentarse con un oponente de impredecible distancia. Enrieda con sus movimientos Hamed; desconcierta, atemoriza, gana, siempre gana con un puño izquierdo de singular poder para su esmirriada figura. Pega primero, segundo y tercero también. Casi no lo tocan. ¿Invencible? Eso no es posible, pero él lo parece de verdad.
Ya en dos asaltos estaba quebrado Vázquez, algo evidente por el grosero cabezazo que lanzó en uno de los comunes cara a cara. Si alguien con 37 años y muchos combates no resiste la provocación de un pibe de 23 es porque el jovencito es bueno en serio.
Lo notó enseguida el puertorriqueño y se resignó a la inevitable derrota. Explosiva izquierda de Hamed en el tercer round y primera caída de Vázquez. El final avanzaba con los saltos de Hamed, pero de tanto exponerse recibió el contragolpe.
Porque en el cuarto asalto, un paso al costado -descubierto como de costumbre- puso a Hamed como blanco de un mamporro desesperado de Vázquez. Con el ojo derecho inflamado, el británico demostró, además, que no se achica y no le dio al retador la mínima posibilidad de aprovechar el fortuito acierto.
Apertura del sexto round con Vázquez en el piso tras otra devastadora izquierda. Si no remató entonces fue sólo por el papelón de los organizadores, que todavía estarán culpando al encargado del ring por esa soga rebelde que se soltó cuando menos convenía.
Varios minutos de espera, con los boxeadores enfriándose sobre el cuadrilátero, fue el resultado de un descuido inaceptable. Claro que sólo fue una anécdota pequeña perdida en el gran trabajo de Hamed.
De nuevo en el calor de la lucha, el británico lanzó otra izquierda desde inesperado ángulo y la lona recibió el conocido cuerpo de Vázquez. Sentido, el tricampeón mundial buscó en el furioso cambio de golpes mejor suerte. Sólo encontró otra izquierda y repetida caída. Lanzarlo de nuevo al combate fue inútil, pero el referee norteamericano Gino Rodríguez dio el pase... a otra serie de izquierdas de Hamed.
La ya desigual pelea terminó un par de golpes después, cuando el inmóvil, pero de pie, puertorriqueño soportaba un castigo abrumador. KOT en el séptimo asalto por decisión del árbitro se fijará en las estadísticas.
La demolición estaba consumada. También se había concretado una de las peleas más esperadas para saber con certeza qué es Naseem Hamed. Y la respuesta al interrogante del boxeo mundial: Hamed es un pugilista tan diferente como virtuoso, un notable peleador que lleva en sus inauditos golpes la clave del boxeo del próximo milenio. Después de él, todo será distinto.


