

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Eran otros tiempos, otro mundo, otro polo. El siglo anterior no había llegado a su mitad, cuando en 1947 Héctor Lezcano, con apenas 16 años, comenzó su trabajo en la estancia Santo Domingo, propiedad de la familia Heguy, en Intendente Alvear, La Pampa. Hacía múltiples funciones, pero, pese a su corta edad, ya se destacaba en el cuidado de los caballos. Tanto que, según cuenta la historia, con tan sólo mirar un ejemplar podía evaluar sus condiciones. Desde entonces, comenzó como petisero un camino inseparable con la familia insignia del polo y fue parte fundamental en los exitosos ciclos de Coronel Suárez y de Indios Chapaleufú. Tuvo tal dedicación que se convirtió en un referente de esta especial tarea que implica cuidar los caballos de sol a sol y ser la mano derecha del polista. Hace dos días, a los 81 años, su corazón dejó de latir en su querido pueblo pampeano, pero su huella fue, es y será caminada por muchos más.
"Empecé con el abuelo Antonio; seguí con Alberto y Horacio; después quedé con Horacio, y ahora estoy con Marcos, pero soy compañero de todos", relataba unos años atrás sobre su vida con el clan Heguy. Los tiempos modernos son muy distintos de aquellos de los comienzos de Tito, cuando el polo era amateur y el trabajo resultaba verdaderamente artesanal, con las enseñanzas que sólo la vida de campo otorga.
Con el avance de los años, acompañó y se nutrió de los nuevos elementos que incorporó el deporte con su crecimiento, desde los viajes al exterior hasta las nuevas tecnologías. Aunque su secreto fue que nunca dejó de aplicar el principal conocimiento que aprendió de chico: amor al caballo y compromiso irrevocable con el trabajo.
Acompañó en la vida a Antonio Heguy. Luego creció con sus hijos, Horacio y Alberto, tanto que sintió como propios los múltiples éxitos de Coronel Suárez en Palermo. En una entrevista de hace unos años concedida a la Asociación Argentina de Criadores de Caballo de Polo, relataba con su sello una anécdota de esos tiempos: "La mayor diferencia para manejar caballos hoy son las facilidades que hay. Principalmente, porque ahora existen veterinarios muy buenos y muchos estudios que antes no estaban. Con Coronel Suárez, yo tenía la suerte de tener a Alberto Pedro Heguy, que como veterinario y jugador, me daba una mano muy importante; pero en general, los veterinarios de aquella época no eran especialistas en caballos de polo y había que ingeniárselas mucho y tener mucha memoria de las experiencias de los años anteriores. Tan mal no me fue, porque en total ganamos unos 27 Abiertos de Palermo".
Después de la época dorada de Suárez, llegaron los tiempos del mítico Indios Chapaleufú, el equipo de los cuatro hermanos. El vio nacer a todos, hacerse jugadores y hombres, en la tercera camada Heguy con la que trabajó. Más que eso: compartió una vida. Así lo recuerda Marcos, con quien estuvo más cerca en los últimos años. "Cuando de chicos papá trabajaba, Lezcano quedaba como el jefe del campo. Recuerdo que se prendía en prácticas con nosotros y jugaba muy bien al polo. Era un tipo bárbaro, bastante genio para el tema caballos. Se daba cuenta de todo sin la necesidad de subirse". Su primo Eduardo comparte esta visión: "En el club Indios, yo cuidaba al lado de Marcos. El nunca trabajó conmigo, pero cuando compartíamos los mates de la tarde, me daba excelentes consejos de mis caballos sólo con verlos".
Cuando se le pidió un recuerdo, Horacio Heguy dijo: "Era muy obsesivo con su trabajo y nunca aprovechó su situación para hacer dinero. No tenía esa ambición, y sólo murió con una casa". Minutos después de dejar ese concepto, fue Horacito el que llamó a LA NACION y agregó: "Me quedé pensando en qué tenía este tipo de distinto que todos hablan de él. Y era el carisma. Yo no sé si era mejor o peor petisero, pero sé que era supercarismático. Tenía mucha presencia y una manera de hablar y de contar las cosas de manera diferente".
Su conocimiento sobre los caballos le representaba un plus. "Siempre hubo caballos buenos, porque, de otra forma, Coronel Suárez no podría haber ganado tantos campeonatos. Sin embargo, ahora uno ve caballos de calidad en todas las organizaciones y se nota mucho más cómo seleccionan la cría. En realidad, antes se jugaba cualquier caballo que fuese ligero, y muy pocos ejemplares se aguantarían el ida y vuelta de hoy. Encontrar un caballo bueno siempre fue difícil. Ahora hay más caballos de calidad, pero también hay más jugadores para esos caballos. Y son más delicados por lo fuerte que se juega, y con lo difícil que son casi todos los partidos", opinaba Lezcano sobre el animal al que le dedicó su vida.
Ayer, mucha gente le dio el último adiós en el cementerio de su querido Intendente Alvear. Pero hombres así, de esos que dejan huella, nunca se van.
DIXIT
"Tito Lezcano fue una institución. Debió de haber pocos tipos que tengan los caballos como él. Fue un señor petisero y un amigo"
JUAN C. HARRIOTT (h.) (ex polista)
"No conocí en la vida a una persona que se dedicara a su profesión con la vocación y el amor que tuvo Tito Lezcano como petisero"
MARCOS HEGUY (polista)
"Fue el mejor petisero en la historia del polo mundial. Fue como un abuelo para mí y una persona con cualidades extraordinarias"
EDUARDO HEGUY (polista)


