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"Prometo que el año que viene voy a entrenarme como nunca para ganarme un puesto en una división superior." Por común y trillada que parezca la frase, esta vez suena interesante. La persona que la lanza es Enrique Steven, o Henry, como le dicen sus compañeros en Quilmes High School B, donde juega en la categoría intermedia de la primera C. Un jugador de hockey sobre césped más, de no ser porque este personaje increíble ya cumplió... 63 años.
Después, con un humor que no abandona ni por un instante, completa: "La verdad es que en este momento soy un anciano, cardíaco, lisiado y con algunas alteraciones de senilidad. Soy un tronco ; la nota no me la tenés que hacer a mí, sino a los técnicos que me ponen a jugar igual".
Entre un montón de cosas que suenan graciosas, hay una que es verdad. Henry fue sometido a una angioplastia y un cateterismo y, pese a que los médicos le indican que no se exija demasiado, su estilo de vida hiperactivo y apasionado puede más. "Lo que me dijeron es que camine cincuenta cuadras por día. Por eso, aprovecho y me voy a jugar al golf. Dieciocho hoyos hacen más o menos la distancia que me pidieron".
Comenzó a jugar al hockey en 1955. Primero, en Ogaraity, después pasó a Lomas y desde hace doce años está en Quilmes HS: "Empecé en el hockey con mis amigos, después jugué con sus hijos y ahora soy rival de sus nietos" .
Pero su vida va mucho más allá de esta actividad. Es profesor de Química en dos colegios secundarios, la escuela de Comercio Tomás Espora, de Temperley, y el Nacional de Adrogué. También participa en un coro, en clases de teatro y tiene un laboratorio de análisis clínicos, tareas que muchas veces lo ocupan hasta la medianoche.
"El hockey es una parte chiquita de mi vida. Me gustaría que, en vez de hablar de eso, le pudiera agradecer a mi familia y toda la gente que estuvo cerca de mí y que me permitió ser el hombre más feliz del mundo", dice. Su mujer, Liliana, murió hace siete años. Vive con su hija Lili, su yerno Gertie y su nieto Agustín. Tiene otro hijo, Enrique, y otro nieto, Federico.
Cuenta que con sus alumnos se fue más de veinte veces a Bariloche, que dirigió varios equipos juveniles de hockey, que con ellos empezó a coleccionar estampillas, caracoles, piedras, y aunque los chicos se fueron yendo, él continuó con cada uno de los pasatiempos. Sube a los saltos por las escaleras para bajar enseguida con una pila de fotos y recuerdos de sus alumnos. No se cansa de mostrar todo lo que hizo en su vida; sigue activo como un chico y dice que ahora va a escribir un libro sobre crisis en la adolescencia.
Le piden que traiga la camiseta de su equipo para una foto y se entusiasma. Se pone una remera que tiene el nombre Henry, sin número, y corre por el living de su casa moviendo el stick, llevando una bocha imaginaria y disfruta con la sonrisa de su nieto Agustín, que lo mira asombrado. Porque sigue siendo un chico. Henry se mantiene siempre joven.
Además de jugar al hockey, Enrique Steven es un amante de todos los deportes y practicó, como aficionado, varias disciplinas. Cuenta que empezó siendo jugador de fútbol en Arsenal de Llavallol, porque "el fútbol es el padre de todos los deportes en conjunto".
En el hockey se destacó, al punto que en 1962 fue convocado para la selección nacional, pero no aceptó la invitación por sus estudios.
Muestra las decenas de trofeos de atletismo que tiene, porque también participó en pruebas de fondo. "Me gustaba correr en los 5000 y en los 10.000 metros. Ahí salís tercero y te dan una medalla. En el hockey te rompés todo un año y si ganás te dan una copita chiquita".
También juega al golf ("soy muy malo") y hasta estuvo vinculado con el automovilismo. "Con un amigo de mi hijo, Tito (Héctor) Pérez, en 1983 armamos un coche para correr en la categoría Sports 1050. Lo corrió Ricardo Gálvez y yo era el único sponsor. Un día mi mujer quería comprarse un tapado y nos faltaba la plata para armar el auto. Ella nos dio el dinero y, en vez de publicidad, en el auto decía: ÔGracias Lili´ por todos lados. Lo mejor que hicimos fue salir sextos, pero para mí fue como ser campeón de Fórmula 1".



