

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Carlos Roa se arrojó hacia su derecha, le contuvo el penal a Batty, clasificó a la Argentina para los cuartos de final, eliminó del Mundial a Inglaterra y, ya sin quererlo, provocó una inmediata cadena de denuncias y confesiones que puso al descubierto unas durísimas historias de vida en el fútbol inglés.
Roa no puede verse como el culpable. Tampoco como el disparador directo de unas terribles novelas que incluyen a Paul Gascoigne, Tony Adams y Paul Merson, y los mezcla con adicciones tales como la cocaína, el alcohol y las apuestas. Roa, sencillamente, generó estados de ánimo que llevaron a los protagonistas a contar sus verdades.
Las denuncias comenzaron en el libro de Glenn Hoddle, entrenador del seleccionado de Inglaterra. Hoddle escribió sobre el equipo en Francia ´98, pero no se remitió sólo a los días del Mundial, sino que comenzó con la expulsión de Paul Gascoigne del plantel.
"Entró en mi habitación borracho y, cuando le dije que se quedaría afuera, primero se puso a llorar y después se llenó de furia y quiso golpearme", relata el entrenador en su escrito.
Hoddle revela que desplazó a Gascoigne por la adicción del jugador hacia la cerveza, bebida que amenaza con destruir la carrera del volante de Middlesbrough.
Gascoigne nunca admitió públicamente su mal, pero no pudo desmentir las acusaciones que le formularon otros personajes del ambiente.
Como Tony Adams, otra víctima del alcoholismo, que publicó hace una semana su autobiografía Addicted (Adicto). En el libro, Adams critica a Hoddle por haberle dado la capitanía del seleccionado a Alan Shearer ("Debió darmela a mí", dice), confiesa que él incitó a Gascoigne a beber más de la cuenta la noche anterior a la expulsión y entiende que "Gazza es un enfermo".
David Seaman, arquero titular de Inglaterra, trató de defender a Gascoigne, pero no hizo más que revelar la influencia del alcohol en aquel plantel: "Esa noche todos nos emborrachamos".
Mientras, Bobby Robson, entrenador del ex volante de Lazio y Glasgow Rangers, declaró al tabloide The Daily Mirror que "ya es tarde para que Gazza se recupere; está muy afectado y su futuro en el fútbol es muy oscuro".
Ese día, el Mirror había efectuado una producción periodística con un título sensacionalista en la portada: "¿Es Gazza un alcohólico?"
El penúltimo talento del fútbol inglés (el último es Michael Owen) fue más tarde atacado como culpable de la partida de Paul Merson, del Middlesbrough al Aston Villa, por 10.000.000 de dólares.
Merson es un reconocido ex adicto a la cocaína, las apuestas fuertes y el alcohol. Y cuando se fue, acusó a todo el plantel del Boro, aunque no dio nombres y exceptuó a Gazza: "El es mi mejor amigo en el fútbol. No es el culpable de mi partida".
La nueva estrella del Villa pegó un portazo tras una conferencia de prensa en la que desnudó intimidades del vestuario del Middlesbrough, donde también actúa el argentino Gustavo Lombardi.
"Me fui para salvar mi salud. Tenía que salir de ese lugar, porque yo no puedo entrar en un vestuario y gritarle a 20 personas que dejen de apostar y de tomar alcohol. Yo llegué a jugar 35.000 dólares por un caballo, y no podía volver a caer en la tentación. En un ambiente así es muy difícil decir que no", confesó al diario The Guardian.
Claro que el mandamás de Middlesbrough, Mark Schwarzer, se volvió loco cuando leyó los titulares del día siguiente: "Acá no somos todos borrachos y apostadores".
El tema se trató con tanto amarillismo que enfureció a Tony Adams, que se llenó de coraje y, ante la ola de confesiones, llegó más lejos que su libro: "Hace dos años yo estaba muerto. No iba a jugar más al fútbol, tomaba por diversión, estaba perdido". Adams prometió que donaría las ganancias de su libro (unos 85.000 dólares) a organizaciones que ayudan a los alcohólicos.
Los medios de comunicación de Inglaterra, por estos días, dividen su atención entre la sensacional compra de Manchester United, la inestable situación de Hoddle como seleccionador y los casos de alcoholismo, drogas y juego que azotan a varios de los jugadores más famosos. Un cóctel de locura y dramatismo que golpea mucho más fuerte que un título grandilocuente.



