Este oro no llegó de casualidad

Fuente: LA NACION - Crédito: Maxie Amena
Marcelo Garrafo, ex integrante de la selección argentina de hockey entre 1975 y 1992 y ex secretario de Deportes, deja su opinión a cerca de la medalla de oro obtenida por los Leones
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19 de agosto de 2016  • 23:59

Por Marcelo Garraffo

Considero este espacio no como un reconocimiento a mi persona, sino al de un montón de generaciones que soñaron con lo que vivimos hoy en el hockey sobre césped masculino. Y cuando hablo de generaciones comienzo por la camada que me pasó un legado, y que se formó en el césped natural, liderada por Jorge Querejeta. Aparecían los hermanos Sabbione, Julio Cufré, Ovidio Sodor, Fernando Calp, Pucho McCormack, Papucho Marinoni... Ellos nos trasladaron las enseñanzas de lo que era el hockey internacional. Era una época donde nos contaban lo que ocurría, porque no había ningún video ni televisación de los torneos mundiales. Pero a través de ellos recibíamos los que significaba representar a la Argentina.

En una segunda etapa, viene la generación encabezada por Luis Ciancia y que vivió la transición entre el césped natural y el sintético. Aquí me ubico yo junto con Marcelo Mascheroni, Alejandro Verga, Aldo Ayala, Miguel Altube, el Turco Siri, Cacho Vigil , Gaby Minadeo , Carlos Geneyro... Supimos adaptarnos al hockey sintético en situaciones insólitas y también enfrentando las carencias de tener que pagarnos pasajes para representar al país, además de hacer miles de cosas para afrontar un nivel de subdesarrollo que hoy resultaría increíble. Pero esa generación supo ser quinta en el mundo (Londres 1986) y con toda la falta de elementos de las potencias que nos superaban. Ahí ya empezamos a pensar que el sueño era posible, pero todavía no nos alcanzaba. El tiempo y el desarrollo del país condujeron al sintético. Y ahí sí surgieron estos chicos, que en su calidad de juniors obtuvieron un primer subcampeonato mundial (Hobart 2001) y un título mundial (Rotterdam 2005). Además de criarse exclusivamente en el sintético, recibieron los conocimientos de la camada anterior, que se preocupó por capacitarse. Muchos de nosotros, así, nos desarrollamos como entrenadores, un rubro en el que figuran también Maco Caldas, Fernando Ferrara, Geneyro y Vigil, entre otros, que supieron brindar conocimientos técnicos. A eso se le suma que arranca la era profesional en el hockey; por caso, a mí me tocó ser el segundo jugador en irse al exterior, con destino español.

De esta forma, los integrantes de la mejor generación del hockey argentino pasaron a ser definitivamente jugadores profesionales en ligas extranjeras, formados a lo largo de 10 años de hockey rentado y con el legado anterior. Y ésta fue la razón fundamental de esta medalla de oro que disfrutamos. Este título no es una casualidad, porque el seleccionado ya había obtenido podios importantes en el Mundial y la World League. Cuando uno está cerca, en algún momento se da. Finalmente se dio en el torneo más importante y de la manera más justa, porque Argentina fue el mejor. Como representante del hockey de las distintas generaciones, agradezco al equipo y al cuerpo técnico por los logros obtenidos. Y fundamentalmente, por el sueño hecho realidad. Ahora viene el desafío de la superación, que consiste en pelear siempre entre los cuatro mejores.

dc

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