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El hockey sobre césped nacional festeja porque el balance resultó óptimo en el Mundial mixto que terminó este domingo en Países Bajos y Bélgica. Las Leonas se consagraron campeonas del mundo el sábado y, al día siguiente, los Leones se apoderaron de la medalla de bronce. Un escenario ideal. En ambos casos, venciendo a los seleccionados neerlandeses, los dos vigentes dueños del oro olímpico en París. Puede hablarse de “milagro argentino”, aunque no tanto. Las deficiencias de recursos se notan más cuando se trata de deportistas individuales, que tienen que encontrar fondos suficientes de parte de los organismos oficiales para contar con una carrera acorde a sus objetivos. Muchos de ellos, en distintas disciplinas, penan en pos de completar una buena preparación rumbo a los Juegos Panamericanos de Lima 2027, y ni hablar con miras a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
Cuando se trata de equipos argentinos, las carencias se disimulan más. Sobre todo si se trata del hockey, deporte en el que nuestro país está instalado en la elite desde hace muchos años. La constante dinámica del semillero de los clubes, la tradición, una infraestructura razonable (aunque muy lejos del primer mundo), el legado de generaciones brillantes y las experiencias de Leones y Leonas en prestigioso clubes de Europa provoca que la Argentina se plante firme en el contexto mundial y no salga de los primeros planos.
De hecho, es una de las dos principales potencias en mujeres, junto a Países Bajos, y en varones emprenderá un interesante ascenso desde el 7° lugar del ranking, luego de alcanzar el tercer puesto del podio. Todo gracias a la impactante victoria por 2 a 1 de los Leones, con los gritos de Tomás Domene (10 tantos en total) y Matías Rey, que con 41 años y seis Mundiales en sus hombros definió el partido. Fue en el Belfius Hockey Arena de Wavre, en Bélgica.
La fórmula del DT Lucas Rey, hermano de Matías, prendió rápido en los Leones para igualar la mejor ubicación del equipo en Mundiales en la historia, aquel tercer escalón en La Haya 2014. Es un entrenador que asumió hace exactamente dos años y sucedió a Mariano Ronconi, que no pudo conducir al conjunto nacional a la pelea por las medallas en los Juegos de París 2024. Rey, una suerte de heredero de Carlos Retegui y formado también en San Fernando, llegó con el respaldo de su título del mundo con la selección en junior en Bhubaneswar 2021. Varios de aquellos Leoncitos se convirtieron hoy en Leones mundialistas de bronce: Bautista Capurro, Facundo Zárate, Ignacio Ibarra, Joaquín Toscani, Tadeo Marcucci y Lucio Méndez Pin. Cada uno evidenció trazos de calidad a lo largo del torneo.
Antes de la partida rumbo a Europa para disputar el Mundial, el entrenador hablaba con LA NACION acerca del mix que había armado a la hora de confeccionar la lista. “Tenemos jugadores que están haciendo sus primeras armas, como Matías Andreotti, Tomás Ruiz e Ignacio Ibarra, otro grupo de jugadores jóvenes y al mismo tiempo experimentados que ya tienen rodaje en Juegos Olímpicos y Mundiales. Estamos contentos con lo que elegimos, más allá de que tuvimos dudas hasta el final para elegir el plantel”, decía. A propósito de su primera participación en un gran torneo en la selección mayor, Tomás Ruiz, de 22 años, comentó: “Este es un grupo muy unido, no hay diferencias entre grandes y chicos. Es el equipo que siempre soñé y que uno siempre desea tener”. Su vivencia es única.
Todavía faltan dos años, pero en el armado de la nómina olímpica, Lucas Rey ya sabe que puede volver a confiar en varios de estos jóvenes, que exhibieron su desparpajo y su talento en el máximo circo del hockey. No les tembló el pulso. Asimismo, su hermano Matías se despidió de los grandes torneos FIH de la mejor manera, asegurando la medalla con su bombazo definitivo, al igual que Lucas Martínez, otro de aquellos primeros héroes de La Haya hace 12 años.
Hay un custodio consolidado en el arco (Tomás Santiago), el aplomo de Maico Casella y Thomas Habif, además de goles en abundancia: allí estuvo Dómene, el cordobés de Waterloo Ducks, de Bélgica, para desnivelar de córner corto o con alguna aparición fantasmal, como ensayó en la búsqueda del bronce ante Países Bajos.
Si este es el piso del equipo, el techo es muy alto. Allí radica la ilusión: en el desafío de seguir creciendo. Al respecto, Domene apuntó: “Tenemos que acostumbrarnos a jugar este tipo de partidos porque estamos construyendo algo más grande que sólo este torneo. Hay que seguir metiéndole”, apuntó el máximo artillero del Mundial, de 28 años. Y Nicolás della Torre (36), uno de los de más currículum, también habló con visión de futuro: “Hay que creer en los proyectos y las cosas que propone el cuerpo técnico. Porque arrancó hace dos años y llegamos hasta acá, que es un piso muy alto. Este equipo tiene que ponerse este tipo de objetivos siempre, porque tiene mucho potencial”.
No es descabellado pensar que la Argentina pudo haber sido, incluso, finalista de este Mundial. Por detalles, perdió 2 a 1 en los últimos cinco minutos ante Alemania, en las semifinales, pero el equilibrio en el juego se mantuvo hasta el final. Los germanos terminaron siendo los campeones al vencer a España también con lo justo, por 1 a 0 (con un gol de Michel Struthoff en el tercer cuarto). Aunque dada la gran paridad, los albicelestes amagaron con el zarpazo definitivo. Hay dos años por delante para pulir a este equipo, que ya es una realidad y disparó una gran esperanza.


