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Lugar: Eurodisney, a unos 30 kilómetros de París. Motivo: la elección del mejor jugador de 1997 por parte de la FIFA. Candidatos: Ronaldo (Brasil), Zinedine Zidane (Francia), Roberto Carlos (Brasil) y Dennis Bergkamp (Holanda).
La cita ya está hecha. La Federación Internacional de Fútbol Asociado premiará esta tarde, en Francia, a quien considera el mejor jugador del mundo. La elección, eso sí, no le correspondió al presidente Havelange ni al secretario general Blatter. Fueron, en total, los 128 entrenadores de los seleccionados nacionales quienes votaron por el número 1 del planeta.
¿Quién lo ganará? Aunque el silencio fue imposible de quebrar, Ronaldo acapara todas las fichas. Ya premiado con el Balón de Oro por el semanario France Football y con el Onze d`Or por el mensuario Onze Mondial, el brasileño que golea casi todos los domingos en Internazionale surge como el candidato más fuerte para quedarse con el trofeo. De conseguirlo, lo obtendrá por segundo año consecutivo.
Este año, por primera vez, la FIFA consideró a cuatro finalistas y no a tres, como había hecho hasta ahora. ¿Por qué? No resultó una apertura ni mucho menos. Sencillamente, se produjo un empate en el tercer puesto.
La FIFA también le dará un Premio Fair Play a los hinchas de Irlanda por su buen comportamiento y al eslovaco Josef Zovinec, jugador amateur que no recibió ni una tarjeta amarilla en 60 años de trayectoria.
Además, se nominará a los diez mejores jugadores de todos los tiempos, que entrarán en el futuro Museo Mundial del Fútbol, cuya sede será, justamente, en Eurodisney.
Habrá que esperar hasta hoy por la tarde, entonces, aunque el ganador parezca ya elegido. ¿Será Ronaldo? Se verá.
La sola posibilidad de que la FIFA consagre a Ronaldo como el mejor futbolista del año, por segunda vez consecutiva y con tan solo 21 años, hace que surjan las comparaciones con los grandes jugadores de la historia. Odiosas si se quiere, pero también inevitables.
Es cierto que son épocas diferentes y que el fútbol ha cambiado desde que Alfredo Di Stefano debutó en River, o desde que Pelé se erigía como la máxima figura de Santos. Mucho más desde que Johan Cruyff deslumbró en Ajax y Maradona tiró su primer caño en un partido oficial. Todo cambia, pero las edades de los éxitos son muy similares.
Un punto en común entre estos craks es su origen. Ninguno nació en una cuna de oro. Desde muy chicos conocieron la pobreza y las carencias, motivo por el cual todo lo que lograron tuvo una doble satisfacción.
Di Stefano nació en Barracas, un barrio humilde y de gente trabajadora. Pero la necesidad obligó a su familia a trasladarse al campo, a 70 kilómetros de Buenos Aires. Allí, lo menos que esperaba era entrar en la historia. El Alemán (así lo llamaban por su aspecto de rubio nórdico) ordeñaba vacas, vigilaba los pastizales y cuidaba gallinas.
Pelé esbozaba sus primeras gambetas con una pelota hecha de medias viejas en Minas Gerais; mientras que Cruyff, originario de un barrio obrero de las afueras de Amsterdam, ayudaba a su padre en una verdulería, con lo que apenas conseguía el dinero necesario para alimentar a su familia.
"Yo sé lo que es la pobreza y no querría volver a tenerla cerca de los míos", dijo alguna vez Diego Maradona. Pelusa nació a metros de la esquina de Azamor y Mario Bravo, en Villa Fiorito, sitio en donde abundaban los potreros y las carencias. Ronaldo no fue menos y confesó que su familia era muy pobre.
Ese 1945 River obtuvo su sexto campeonato con jugadores de la dimensión de Adolfo Pedernera o Angel Labruna. En ese contexto debutó Alfredo Di Stefano. Fue un 15 de julio y el rival fue Huracán. Di Stefano jugó de wing derecho.
Tras un andar discontinuo en la tiularidad, al año siguiente la entidad de Núñez lo cedió a préstamo a Huracán. Allí se ganó el puesto en forma indiscutida y, con 19 años, se fogueó entre Tucho Méndez y Llamil Simes. "Tuve al lado mío a gente que sabía y de todos aprendí algo. Había que ser muy burro para que no se te pegara algo con estos jugadores", fueron las palabras que explicaron el buen momento.
A fin de año volvió a su amado River, en donde su padre había sido jugador en el amateurismo. Su retorno se produjo para cambiar el funcionamiento ofensivo del equipo. Sus principales cualidades como centrodelantero veloz, agresivo y de penetración lo hicieron posible.
Los Millonarios fueron campeones en 1947 con noventa goles en treinta partidos. Di Stefano convirtió 27. Ya no era El Alemán, ahora lo llamaban La Saeta Rubia, incontenible y espectacular.
De ese equipo campeón salto al seleccionado argentino que ganó el campeonato sudamericano en Guayaquil, Ecuador. Con la casaca argentina no jugó demasiados partidos, pero sí los suficientes para dejar en la memoria muchos goles memorables.
En 1949, Di Stefano se fue de River para no volver nunca más a la Argentina como jugador. Su destino fue Millonarios, de Colombia.
El primer equipo de Edson Arantes do Nascimento, Pelé, fue el Baurú Atletic Club. De allí se fue al Santos a los 14 años. Y dos años después debutó en primera división.
Su primer partido fue un amistoso frente al Corinthians. Santos ganó 7 a 1; Pelé entró en el segundo tiempo y convirtió el sexto tanto de su equipo.
En la siguiente temporada se adueñó definitivamente de la camiseta blanca con el número 10 en la espalda. Allí lo llamaron para integrar la selección brasileña. Tenía 17 años. Su bautismo de fuego fue una derrota contra la Argentina por 2 a 1. Pese al resultado, su saldo fue favorable: marcó el único gol de su equipo nada menos que a Amadeo Carrizo.
En 1958 llegó el Mundial de Suecia y, con él, la consagración. Comenzó el torneo como suplente y el primer partido lo jugó en la tercera participación de Brasil; a partir de entonces se convirtió en indiscutible. Los canarinhos se adueñaron de la copa al vencer en la final a los locales por 5 a 2. Pelé fue el autor de dos goles. Allí se hizo conocer en el mundo. En ese entonces, abandonó su principado para transformarse en O´Rei.
Una clara prueba de que el trono fue bien ganado son los 473 goles señalados -entre partidos oficiales, amistosos e internacionales- que conquistó en sólo seis años de carrera, entre 1956 y 1961.
Se puede decir que Johan Cruyff nació en Ajax. Cumplió rigurosamente con todas las divisiones inferiores hasta que el técnico Buckingham se fijó en él y lo puso como titular, con 19 años, para ser el conductor del equipo. En esa misma temporada, ganó la Copa de Holanda y el campeonato local.
Su historia con el seleccionado holandés tiene como inicio la Eurocopa de Italia ´68; Johan Cruyff fue el conductor de la incipiente Naranja Mecánica.
Pero fue Ajax la cuna de este jugador intuitivo que realizó excelentes jugadas de fantasía hasta 1973, cuando se mudó a Barcelona, de España.
Diego Maradona fue el más precoz de los número 1. Pisó por primera vez un campo de primera división a los 16 años.
Argentinos Juniors fue su debut futbolístico. Maradona llegó a Paternal en 1969. Al poco tiempo surgieron los Cebollitas, un equipo de chicos nacidos en 1960, que arrasaba con todo y movilizaba a la gente y al periodismo en masa. Diego siguió por los senderos de las inferiores hasta que por fin llegó el gran día.
La vieja cancha de Boyacá y Agustín García lo recibió el 20 de octubre de 1976. Una derrota frente a Talleres por 1 a 0 le dio la bienvenida al fútbol grande.
Con once partidos y dos goles en primera, César Luis Menotti lo convocó al seleccionado argentino. Hungría fue el rival y la Argentina lo derrotó por 5 a 1. El histórico debut de Maradona con la celeste y blanca se produjo en el segundo tiempo. En ese mismo instante, toda la Bombonera se alzó en un grito de guerra que luego se oiría repetitivamente: Maradoo, Maradoo... como dándole la bienvenida a lo que más adelante serían sus nuevos colores.
Cuando las ilusiones para jugar el Mundial de la Argentina eran altísimas, la caída fue angustiante. "Fue el día más triste de mi vida", dijo Maradona cuando Menotti decidió dejarlo fuera de los 22 convocados. Pero su desquite no tardaría en llegar.
En 1979 se jugó en Tokio el Campeonato Mundial juvenil. Esa era lo oportunidad que Maradona esperaba para demostrar la injusticia cometida un año antes. Con una soberbia actuación colectiva y un descollante torneo realizado por el Diez, el seleccionado se consagró campeón. Fue la primera gran alegría en la vida deportiva del pibe de Fiorito.
De vuelta en Argentinos, esa buena promesa mutó en una gran realidad. Cuando estaba en la mira de muchos clubes europeos, Boca Juniors se adueñó de su magia, en 1981. Con ese avance en su carrera logró lo que quería: dar la vuelta olímpica en la Argentina. Con el torneo en el bolsillo, ya se podía ir tranquilo a jugar al exterior. Barcelona lo recibió con los brazos abiertos en 1982.
El niño prodigio del fútbol contemporáneo se llama Ronaldo Luiz Nazario da Lima. Aunque es más conocido y fácil de llamar Ronaldo.
El joven récord (por el monto de sus transferencias) se inició en Cruzeiro. Desde su debut en primera su pasos futbolísticos tuvieron tanto vértigo como una montaña rusa. El delantero fue convocado con 17 años a la selección brasileña para el Mundial de 1994, en los Estados Unidos, donde se consagró campeón del mundo, aunque no jugó ni un minuto.
Ese mismo año llegó su transferencia al PSV Eindhoven, de Holanda, y, luego, la llegada a Barcelona, para pasar, en 1997, a Internazionale. Todos lo señalan como el futuro del fútbol. Hoy, a los 21, transitó sólo un paso del camino que recorrieron los demás monstruos.

