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Todo mal, Huracán. Sigue sus pasos por el camino equivocado, hace rato que se distanció de la ruta del buen juego, pierde puntos que en el final del camino serán, sin dudas, decisivos. En Parque de los Patricios, ayer, Huracán empató 2 a 2 con El Porvenir y dejó la cima de la Zona Metropolitana, ahora en poder de Quilmes. Un equipo, el local, que careció de actitud y grandeza.
Todo mal, Huracán. Perdía, empató, pasó a ganar, otra vez empató. Jugó mal, eso no cambió en uno u otro capítulo. No supo sobrellevar la carga de saber que Quilmes -el rival en las posiciones- ya había ganado. El conjunto que conduce Babington sabía que sólo un triunfo necesitaba para continuar en la cima. No pudo; ni supo.
El primer tiempo no tuvo goles, ni fútbol. La pelota voló sin rumbo fijo. Marcelo Blanco, a los 2 minutos de la segunda parte, puso arriba a El Porvenir, que ganaba con justicia y no mereció el empate transitorio que Gastón Casas le propinó. Tampoco mereció el segundo gol de Casas, ya que Huracán poco y nada había demostrado en todo el desarrollo. Pero Blanco no quiso ser menos: marcó el 2 a 2, entre las dudas de la última línea de Huracán. Que sigue sin rumbo fijo.
En la cabecera ocupada por la hinchada local se vio un muñeco inflable ahorcado, con una sábana blanca, con la camiseta de San Lorenzo, en una inadmisible y repudiable burla a la muerte de Mirko Saric.

