

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

CIUDAD JUAREZ, México.- Esta ciudad, la más grande del estado de Chihuahua, tiene la triste particularidad de estar patrullada por 10.000 militares y policías federales enviados por el Gobierno tras destituir a la policía municipal, vinculada a poderosas bandas de narcotraficantes.
Ubicada frente a El Paso, Texas y sólo separada de los Estados Unidos por el río Bravo, se la conoce como una ciudad sitiada debido al tráfico de drogas, los tiroteos en las esquinas y el hallazgo de ejecuciones o cabezas cercenadas, como algo cotidiano.
En ese contexto juega como local Indios de Juárez, el equipo más nuevo y de menor presupuesto del fútbol mexicano de primera división, que el domingo eliminó al campeón, Toluca, y pasó a semifinales, haciendo olvidar a la ciudad de la violencia del narcotráfico, que la tiene viviendo casi en toque de queda. "Para nosotros, Indios ya es campeón", repiten los vecinos, que no salen de sus casas cuando cae el sol, pero que sí se acercan a sacar entradas para el partido que se viene frente a Pachuca.

La violencia de la droga está tan extendida que la propia hinchada del club se hace llamar irónicamente "El Kártel" y el jugador revelación es Daniel Maleno Frías, un ex pandillero. "Anduve en las pandillas, entramos a la correccional de menores y a la cárcel preventiva. Cumplí mi mayoría de edad y me fui a los Estados Unidos a trabajar como ilegal y después me dieron la chance acá", le contó a Reuters el delantero, de 30 años.
A los 20 años empezó a jugar en varios equipos de divisiones inferiores hasta que cruzó clandestinamente el río Bravo para trabajar durante tres años en la construcción en El Paso, donde dejó el fútbol en segundo plano y jugó para un club no profesional. Ahora, es el emblema de un equipo que dejó en el camino a algunos de los equipos más poderosos del fútbol como Chivas de Guadalajara, América y Cruz Azul, y llevaron un poco de alegría a los habitantes. "Me están poniendo como un ejemplo para todos los jóvenes que andan con problemas de pandillerismo y drogadicción. Mi vida puede ser algo que les puede ayudar porque yo anduve en esos mismos problemas y ahora soy un profesional del fútbol", dijo el lunes.
Los modestos Indios, que en enero no aspiraban más que a mantener la categoría, dieron la gran sorpresa del año y van por más. Una alegría que contrasta con la fría estadística que marca lo que sucede en el día a día: los enfrentamientos entre las propias bandas y contra las fuerzas de seguridad dejaron el año pasado 6.300 muertos en México; la cuarta parte de estas muertes fueron en Ciudad Juárez. Los jugadores, por ejemplo, no llevan autos de lujo a los entrenamientos luego de lo que le sucedió al arquero Saucedo, a quien le robaron su coche a punta de pistola. Saucedo también fue protagonista en 2008 de una anécdota para nada feliz cuando un medio local publicó que había sido decapitado. Por situaciones así, el plantel evita las salidas nocturnas.

Consultado por lanacion.com , Ramón Morales González, Director de Prensa y Difusión del club, señaló que el problema de la violencia "es un estigma, un sello que nos pusieron" y que el club muestra la otra cara de Juárez. "El problema es ´entre ellos´ y nosotros somos la otra cara, la de gente que trabaja. Tenemos más cosas positivas que negativas", comentó. "Desde acá aportamos trabajo social e intentamos cambiarle el rostro a Juárez, para que la juventud tenga otra salida" agregó.
"La gente por fin ha podido ver otra cosa que no sea violencia. Desde el domingo hubo fiesta en la ciudad. Nos recibieron muy bien en el aeropuerto. Nunca se había vivido esto en Ciudad Juárez", le contó el goleador Frías a la prensa loca luego del éxito del pasado fin de semana. Es, con cinco tantos, el goleador del conjunto que dirige el uruguayo Héctor Hugo Eugui y que tiene como compañeros a los argentinos Ezequiel Maggiolo y Javier Malagueño. Juárez, consiserada la ciudad más violenta del país, vivió el domingo una jornada sin homicidios. José Reyes Ferriz, alcalde del municipio, atinó a decir que "ahora se portaron bien".
Indios es propiedad de Francisco Ibarra, un influyente empresario local que en 2005 compró la franquicia de Pachuca Juniors, una rama del club Pachuca equivalente a la segunda división, que cambió el nombre del club a Indios para pelear un lugar en la primera división. En 2006, estuvo cerca de lograr el ascenso al disputar la final del torneo Clausura 2006 con Querétaro, que posteriormente ascendió a la categoría de privilegio al vencer la final de la temporada. Y, en 2008, al ganar la final contra el Club León por un marcador global de 3-2, se logró el ansiado arribo a la máxima categoría.
El fútbol trajo un poco de paz y por las calles de la ciudad los autos circulan con banderas de indios y afuera del estadio se venden banderas y "koyeras", una banda roja que se coloca en la cabeza y es el símbolo de los indígenas tarahumaras que habitan la región. Este inesperado éxito fue recibido en la ciudad con la esperanza de que, sea cual sea el resultado de la próxima fase, señale una vía alternativa para muchos jóvenes juarenses que parecían tener un futuro oscuro, pero que, mediante el fútbol, empiezan a ver el sol en el horizonte.



