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Ayer no fue una mañana como las demás. Israel Héctor Cachito Pérez amaneció con la medalla dorada en su mano. Esa que anteayer ganó en el X Mundial de Boxeo Amateur Sub ´19 tras vencer por puntos (12 a 5) al cubano Armando Bouza Martínez, en la final de los 57 kg.
"El lunes no podía dormirme. Estaba tan exitado que no podía ni cerrar los ojos. Para ser más claros, del embale que tenía apenas dormí cuatro horas. Es inexplicable lo que siento", comentó, ahora más calmo, bajo la sombra de los árboles de su casa en San Vicente.
En la tranquilidad de su hogar, un terreno de seis hectáreas que está ubicado sobre un camino de tierra a cuatro kilómetros de la ruta provincial N° 6, Pérez disfruta de su familia, como hacía tiempo no lo hacía. "Nadie sabe cuánto extrañaba todo esto. La ciudad es muy linda, pero la tranquilidad de mi tierra y el cariño de mi familia no los cambio por nada. Acá tengo todo lo que necesito para ser feliz: mis viejos, mi hermano y mi novia, Miriam. No puedo pedir más", se sinceró el campeón mundial.
Pero las alegrías para Pérez no terminaron con la obtención de la medalla dorada. Durante el acto de clausura del X Mundial Sub ´19, que se realizó anteanoche en la Federación Argentina de Box, uno de los integrantes del comité organizador del torneo se le acercó y le informó que había sido elegido como el boxeador del campeonato. "Esto es más de lo que alguien puede llegar a imaginar."
La humilde casa de Pérez fue invadida por familiares. Todos querían estar junto a él en su primer día como campeón. La mesa del comedor amaneció cubierta de diarios. Todos lo mencionaban. En medio de una gran mateada, su padre, Arnaldo Sebastián, no dejaba de mirar la nota publicada por La Nacion y le repetía a este cronista: "No lo puedo creer, mirá hasta dónde llegó el pibe". Los ojos de Arnaldo no podían ocultar su emoción.
Casi de la nada, su madre, Angela, dejó escapar en voz alta un pensamiento. "Antes de que empezara el mundial, Cachito me prometió que me regalaría la medalla dorada. Y cumplió."
Pero eso no fue la única promesa que realizó el joven campeón. Junto con algunos de sus compañeros de equipo le prometió a la Virgen de Luján que si ganaban, peregrinarían hasta la Basílica. "Quiero cumplir esta promesa, si puedo voy a ir con mi papá. El la va a cumplir yendo a caballo y yo, a pie."
Pérez tiene preparado en el campo los elementos para entrenarse: la bolsa, los guantes y todo lo que necesita para no perder su condición física. "Tengo licencia hasta el 11 de diciembre para volver al Cenard, pero no quiero aflojar ahora. Este triunfo fue el primer paso. Ahora espero muchos más y pienso trabajar para ello."
La conversación terminó cuando el sol enrojecía el cielo y los gallos comenzaban a cantar por última vez antes de que la noche se adueñara del campo. En el interior de la casa, Israel Héctor Pérez le cantaba un vals a su novia, la misma a la que le confesó, hace apenas dos años, su amor y su sueño de ser algún día campeón mundial.


