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El legendario Jack Nicklaus no esta solo en el proyecto de diseñar una cancha en el complejo Chapelco Golf & Resort SanMartín de los Andes. En ese emprendimiento también trabaja el hijo del gran campeón, Jack Nicklaus Jr.
El farmacéutico Charles Nicklaus se fracturó un tobillo jugando al voleibol y, luego de tres operaciones, los médicos le recomendaron que practicara golf para fortalecer la zona afectada. Charlie no estaba dispuesto a gastar dinero en contratar un caddie y decidió que su pequeño hijo Jack, de 10 años, cargara la bolsa al hombro durante sus vueltas. Así comenzó a jugar al golf el legendario norteamericano Jack William Nicklaus, de 60 años, que se encuentra en nuestro país para promocionar un proyecto de su empresa en San Martín de los Andes, Neuquén (ver aparte), y conversó con La Nación en el primer piso del Hotel Claridge. "Mi padre no me obligaba a jugar, pero un día se le ocurrió llevarme a la escuela del profesional Jack Grout para que tomara algunas clases y ahí comenzó todo", recuerda quien fue elegido como el mejor golfista del siglo XX en dos ocasiones: en 1988 y 1996, por las revistas Golf Magazine (Estados Unidos) y Golf Monthly (Gran Bretaña), respectivamente.
-En su juventud, usted realizó el curso de ingreso para la carrera de Farmacia y hasta vendió seguros.
-Fui durante tres años a la Universidad del Estado de Ohio, pero mi padre me dijo: No vayas ahí, porque podés utilizar el golf de manera más inteligente en el mundo de los negocios. Entonces me casé y comencé a vender seguros, pero tampoco me gustó. Prefería jugar al golf. Por nada del mundo me hubiera imaginado siendo farmacéutico o vendedor de seguros.
A tal punto llegaba la afición de Nicklaus por el golf que el 23 de julio de 1960 -día de su boda con su actual esposa, Barbara Bash- se dio el gusto de jugar 18 hoyos. "Así fue, pero no lo hice solo, sino con todos nuestros invitados", aclara con una sonrisa el norteamericano que entre 1957 y 1998 disputó 153 Majors Championship en forma consecutiva (40 Masters; 41 US Open; 36 British Open, y 36 PGA Championship).
-¿Qué opina de Tiger Woods?
-Es un ejemplo de persona. En cuanto al aspecto técnico, no le veo ninguna deficiencia. Me gusta mucho como juega y lo estimo, porque es una persona agradable.
-Dicen que usted era supersticioso.
-No sé si la palabra correcta es supersticioso, pero creía en la rutina. Siempre llevaba tres centavos en mi bolsillo, pero por tres razones prácticas: para marcar la pelota con la ceca de la moneda; para el caso en que alguno de los jugadores se haya olvidado de traer una moneda, y por si se me perdía alguna de las otras dos. Otra de mis probables rutinas era desayunar lo mismo todos los días si estaba jugando bien. Generalmente una omelette de queso.
A este abuelo de ocho nietos nunca le gustó perder. "Odio perder; si alguien va a golpear 10 bajo el par, yo pegaré 11. Nadie recuerda al que termina segundo, en nada." Y continúa pensando igual, como a los 14 años, cuando a pesar de sentirse mal insistió en finalizar un campeonato y al día siguiente cayó en cama, con poliomielitis, enfermedad que también contrajo su hermana menor, Marilyn, por entonces de 11 años.
-Alguna vez usted expresó: El golf debe ser un juego, no un negocio. Es un deporte para ser disfrutado, que debe ayudarte a ser una mejor persona. ¿Logró ser una mejor persona?
-El golf es un deporte en el que siendo joven te podés relacionar con los adultos y aprender a cómo comportarte. Es un deporte individual en el que aprendés a ganar y a perder a muy corta edad y ésas son lecciones de vida muy importantes. Quizá se aprenda más de una persona durante cuatro horas de golf que durante un mes en una oficina.
-¿Qué siente cuando recorre todos los logros que consiguió?
-No lo hago muy seguido. Miro más hacia el futuro. Obviamente estoy muy orgulloso de mi pasado, pero el pasado es el pasado y eso no va a cambiar.
-Usted también dijo: En otros deportes, uno depende de los demás. En el golf, sólo dependo de mí. Puedo jugar y practicar todo lo que quiera y eso significa todo el día, todos los días. ¿Fue demasiado exigente consigo mismo?
-Probablemente no lo suficiente. Cualquiera que tiene éxito tiene que ser bastante exigente. Ahora que miro hacia atrás, creo que tendría que haber sido más exigente todavía.



