Johan Crush

Ezequiel Fernández Moores
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30 de marzo de 2016  • 18:13

A los 18 años, Johan Cruyff ya tenía su carácter. Exigió que Ajax le pagara sueldo de Primera. El fútbol era semiprofesional en Holanda. Y pasar de 50 a 200 euros (a sueldo de hoy) era clave para un joven que había perdido a su padre verdulero a los 12 años y que no quería que su madre siguiera limpiando los vestuarios del club. Pero Rinus Michels, padre original del llamado "fútbol total", lo pilló fumando en plena práctica, escondido en un bosque. "Mañana –le ordenó-, tú no tienes libre". Johan, obediente, se levantó a las seis. A las siete y media en punto estaba allí. Era invierno. "Un frío que te calabas". Michels llegó en auto. Bajó el vidrio. Tenía el pijama puesto. "¡Qué frío eh! Me voy a la cama. Adiós". Cruyff me contó la historia en 2011. Sin mucha convicción, me negó que fumara en los entretiempos. Pero que sí lo hacía en el micro rumbo al estadio. Sus compañeros le avisaban si el DT se levantaba enojado y le apagaban en el piso el Camel sin filtro. El cáncer de pulmón lo mató con 68 años. Cuando el Barcelona que él refundó muestra que sus ideas, hoy Leo Messi mediante, están más vivas que nunca.

En una final, no hay que enseñar qué bueno eres

Desde que entró al Ajax a los diez años, Johan jugaba de nueve en el primer equipo y de arquero en uno suplente. Atajaba en muchas prácticas y, tiempos de viejos reglamentos, era el que reemplazaba al arquero lesionado o expulsado. Me contó que así aprendió a leer los partidos viendo toda la cancha. Alcanza-pelotas en la final europea Benfica 5 – Rea Madrid 3, en 1962 en Ámsterdam, Johan se maravilló viendo a Alfredo Di Stéfano correr y ordenar al equipo de una a otra área. "He jugado más o menos así", me dijo aquella tarde de 2011 en Barcelona. Un liderazgo natural que aprovechó Michels, DT de Cruyff en Ajax, Barcelona y en la selección holandesa. "Solo lo haces muy bien, pero aún te falta mucho para tocar en una orquesta", dice Michels en su libro "Teambuilding". "Construir un equipo –añade- es armonizar los reinos individuales". "Michels –me contó Cruyff- me enseñó a poner mi calidad en función del equipo". El DT sucedió en Ajax a Vic Buckingham, inglés amante del "passing game" (fútbol de pases). Igual que Jack Reynolds, otro conocido de Cruyff. Reynolds volvió en 1945 al Ajax, tras cuatro años en una cárcel nazi. Los hinchas, que le mandaban tabaco y cartas al penal de Tost, homenajeaban su docencia cantándole en pleno partido: "Podemos ganar y ganaremos Jack/ enséñanos lo que nos falta Jack".

Enseñar, me dijo Cruyff, está en los genes de los holandeses. Pero en una final "no hay que enseñar qué bueno eres". Le había preguntado por qué Holanda, que era mejor, perdió el Mundial 74 contra Alemania. Holanda, admitió, perdió porque se gustó a sí misma. El país pequeño que desde Amsterdam conquistó al mundo siglos atrás, explica, según Cruyff, ese fútbol agresivo que presiona para recuperar y agredir en ataque. Por eso eligió mandar, adueñarse del centro del ring, y arrancó la final contra Alemania con 16 pases seguidos en 56 segundos. Penal y gol. "A los diez años ya estudiaba cuatro idiomas en la escuela. Pasé del país pequeño al mundo. No teníamos la fuerza de los más grandes, había que ser más inteligente. Si queremos llegar a algo hay que ir". A diferencia del maestro inglés, Holanda eligió defensores menos grandotes y más técnicos para conquistar espacios jugando por el suelo y a un toque, "acariciando el balón" y haciendo irrelevantes las líneas, el 4-3-3 o el 3-4-3. "Si tienes el balón haces el campo grande y, si no lo tienes, lo haces pequeño". En el Mundial 74 aplastó a Uruguay y Argentina. Y eliminó también al Brasil que venía de coronarse tricampeón en México 70. Su DT, Mario Lobo Zagallo, se había burlado horas antes llamándolo "Crush", como la bebida. Holanda perdió la final. Pero Johan Crush, artista pop de la posguerra, conquistó el mundo.

Leí "Brillant Orange", el libro de David Wimmer, la mejor crónica del fútbol holandés de los 70. El capítulo que cuenta que, tras una foto en el Bild que mostraba señoritas desnudas en la piscina de la concentración holandesa, Cruyff calmó a su esposa Danny prometiéndole que Alemania 74 sería su último Mundial. Jugó eliminatorias del 78, pero, como siempre, otra vez tenía diferencias con la Federación holandesa y con el DT Ernst Happel. Su liderazgo no era el mismo. Le comenté estos dos puntos (para el primero usé la expresión "acuerdo familiar", más oportuna). Y le dije que, sin embargo, en Argentina seguía diciéndose que no vino al Mundial 78 por la dictadura. "Hubo dos cosas básicas, el resto –me dijo- es basura". Recordó que a fines del ’77 sufrió en su casa de Barcelona "un atraco con rifle" (un marinero gallego lo ató y le apuntó en la cabeza delante de esposa e hijos) y que vivió seis meses con custodia policial. No podía abandonar un mes a su familia. "Y el segundo detalle –siguió- es que yo ya estaba tomando la decisión de dejar el fútbol. Y un Mundial hay que jugarlo si estás al doscientos por ciento". Sin esos dos puntos, le pregunté, habrías jugado entonces el Mundial argentino. "¿Quieres saber cuál es mi respuesta a las dictaduras?", repreguntó Cruyff. Y me contó que en la España franquista, que prohibía hablar catalán, rechazó la sugerencia de inscribir a su hijo como "Jorge" y obligó a que se respetara el nombre que él había elegido. Jordi, santo patrono de Cataluña. "La única manera de enfrentar a un dictador –me dijo- es juntarse y enseñar la cara, esconderse nunca".

"Siiii", respondió, feliz, cuando le pregunté si le alegró haber destronado al catenaccio italiano, fútbol-rey de los ’60, un sistema que odiaba. Holanda puso de moda el fútbol total. Hasta el inglés Arsenal, entonces un equipo obrero, quiso jugar como la Naranja Mecánica. Es uno de los mejores momentos del célebre libro de Nick Hornby "Fiebre en las gradas". La prensa exultaba con ese nuevo Arsenal que ganaba 5-0, 6-4, 4-3. A Hornby, hincha memorioso, no le cerraba. A las pocas fechas, los rivales le tomaron la mano y lo mataron a contragolpes. Los 5-0 pasaron a ser 0-5. "Abandonamos nuestro proyecto de fútbol total y volvimos a jugar al fútbol", ironiza Hornby. Es que no hay fútbol-total sin presión-total. La idea cambió para siempre al Ajax y a Barcelona. Y se expandió por el mundo. Para saber cómo jugaba "El holandés volador", triple ganador del Balón de Oro, 23 títulos, vean por favor el video "Cruyff is art" con música del pianista italiano Ludovico Einaudi.

Cruyff fue "el jugador total del fútbol total", como escribió Jorge Valdano en el diario mexicano Record. "Pitágoras en botines", lo describió una vez el inglés David Millar. ¿Y el Cruyff-DT que ganó 14 títulos? "Cada vez que pensaba una solución -dijo Txiki Begiristain- atacaba más". Hablaba "Dios". En los vestuarios –graficó alguien- no había asientos, había reclinatorios". Le pregunté a Johan en 2011 por otros grandes cracks. "Tiene que aprender inglés", fue su primera –y sorpresiva- respuesta sobre Leo Messi. Rápido, Cruyff tapó mi silencio con inmediatos elogios. Cuentan que en sus últimos días, lo puso feliz el último penal indirecto de Messi, recuerdo del suyo de 1972. "Sólo él podía hacerlo", expresó.

La entrevista de 2011, para la TV Pública, una serie con Eduardo Galeano y su historia del fútbol comenzó con atraso y un pedido de brevedad por parte de su secretaria. Cuando quedamos listos para el inicio, se fue el sol y Pablo García, director artístico, me rogó que entretuviera a Cruyff, pues precisaba quince minutos para reubicar las cámaras. Hablamos de su Fundación, de lo que él había aprendido enseñándole fútbol a pibes minusválidos. "Todo el mundo –dijo Cruyff una vez a El País- ve al deporte como tiempo libre, pero no lo es. Es educación y es crear. Porque en el deporte, en líneas generales, está la vida". La entrevista terminó durando más de una hora. Puro fútbol. La edición no fue fácil. Como los genios, Cruyff salteaba palabras. Se anticipaba a la acción siguiente. Cuando miró el reloj, ya en el saludo final, salió disparado. Llegaba tarde a la inauguración de un restaurante en Barcelona que lo tenía como invitado central, junto con Pep Guardiola, el discípulo que acaso supera al maestro. García, el director artístico, maldijo cuando vio que Johan, en el apuro, se había llevado sus anteojos. Intenté consolarlo. "Ahora, como dijo Romario, podrás mirar al fútbol como se debe: con los ojos de Cruyff".

jt

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