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LA HAYA.- En el momento exacto en que Juan Manuel Vivaldi posa al lado de la enorme estatua de Nelson Mandela se aproxima un grupo de jugadores sudafricanos. "¿Arreglamos el partido?", propone uno con picardía. "¿Hacemos un 1-1 y me dejás hacerte un gol?", agrega otro. Juanma se ríe por las bromas y les desea buena suerte. La escena se produce a pocos metros del hotel Bel Air, allí por donde serpentea el tren N° 17 con destino a Wateringen y en el que se concentran los Leones y Sudáfrica, que estrecharon buenos lazos tras haber disputado cinco amistosos en Durban y otros tantos en Mar del Plata.
Desde las 5.30 de nuestro país (por ESPN+), la Argentina encaraba un partido de carácter histórico ante el conjunto sudafricano. Un empate alcanzaba para llegar por primera vez a las semifinales de un Mundial masculino de hockey y, automáticamente, superar la mejor ubicación: los sextos puestos en Londres 1986 y Kuala Lumpur 2002. Era una oportunidad sin igual para un seleccionado que vivió los últimos 15 años a las sombra de las Leonas, aunque sin recelos.
"Nunca estuve en una situación deportiva similar", admite Vivaldi, el arquero de los Leones que hasta el gran triunfo por 5-0 ante Corea del Sur se erigía como uno de los grandes pilares del equipo. El mes pasado, poco antes de mimar a su hijo Benjamín y partir rumbo a Ezeiza para la excursión mundialista, miró a los ojos a su mujer y le dijo: "¿Sabés por qué estoy feliz? Porque hace cuatro años veía el Mundial de Nueva Delhi por la tele. Hoy estoy pleno por formar parte de un seleccionado". Ahora, adaptado al ritmo de esta ciudad empedrada y surcada por bicicletas, conserva esa sensación de bienestar, como si fuese un veinteañero en lugar de un hombre de 34. "Vine con la cabeza totalmente positiva, optimista. En realidad todos los jugadores vinimos enganchados con esta onda. Esto es contagio: cuando el grupo se mantiene en la misma sintonía es más fácil. Nos tocó atravesar lo de Facu (Callioni, internado durante el torneo por una infección bacteriana), estuvimos complicados, pero no nos desanimamos y continuamos con el optimismo".
Vivaldi se recibió de periodista deportivo en 2004. Habla con firmeza, como lo hacía frente al micrófono en su programa de radio "Hockey desde el área", aquella tira semanal que duró tres años y donde desgranaba los secretos de este deporte. Casi sin quererlo, el guardavalla traza una analogía entre el funcionamiento de los Leones y los mecanismos de una empresa perfecta: "Estamos todos muy comprometidos con el plan. No es que lo sabemos pero después cada uno hace lo que quiere. No: cada jugador está comprometido en llevarlo a cabo, que es lo más importante. Entonces, cuando individualmente se cumplen los papeles, es más difícil que el rival te encuentre un costado débil a nivel colectivo".
Juanma insiste en no confiarse ante Sudáfrica, por más que perdió tres de los cuatro partidos en el Grupo B con goleadas estrepitosas: 4-0 ante Alemania, 5-0 frente a Nueva Zelanda y 7-1 con Holanda, más un empate 0-0 con los coreanos. No es un exceso de prudencia: el arquero sabe como nadie en este plantel acerca de los golpazos que se dieron los varones a lo largo de la historia, por aquello de sentirse al borde de una hazaña, pasarse de revoluciones y quedarse finalmente con las manos vacías: "En mi carrera me pasó de todo, viví de las buenas y de las malas: desde perder los Panamericanos 2007 y el Preolímpico 2008 hasta ganar los Panamericanos 2011 y llegar a la final de la World League 2014. Varias veces se nos ha ido la cabeza a otra parte. En cuanto levantás un poco los pies del piso, cometés errores y el golpe es más duro. La experiencia me enseñó que en el deporte hay que andar con cautela y pies de plomo".
Los arqueros en el hockey tienen sus mañas. Detrás de esos cascos se maquinan muchas cábalas. "En el ómnibus venía sentándome en el mismo asiento en todos los partidos, pero en el último ante Corea del Sur alguien ocupó mi lugar. Al final ganamos 5 a 0 y varios me gastaban diciéndome: ¿Viste que no pasa nada? Lo mismo en la ronda de las charlas técnicas, cuando alguien altera su ubicación original. Ayer, el Chapa nos decía que la única cábala es entrenarte y romperte el alma".
Vivaldi vuela en sus ilusiones como lo hace de palo a palo, pero también calla. Tiene una colección de palabras prohibidas: clasificación, semifinales, podios, medallas, y no por cábala, sino por convicción. Se juramentó respetar el statuo quo del plantel, esa idea madre de no pasarse de vueltas. El dolor de muchos sinsabores deportivos es su mejor consejero.

