

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

Fútbol de sábado por la tarde. Oliver Benítez busca la pelota con alma, vida y exceso: se lleva por delante, con las piernas extendidas hacia adelante, al pibe Cubas. Minutos más tarde, Jonathan Calleri lanza un codazo que impacta en el rostro de Osvaldo Barsottini. El Bosque se parece a una batalla campal: al rato, Maximiliano Coronel apunta al tobillo izquierdo de Gino Peruzzi. Como anécdota, Boca le gana a Gimnasia 2 a 1. Fútbol de domingo por la tarde. Emmanuel Mas eleva la pierna izquierda hasta el cielo: impacta de frente en el rostro de Gonzalo Bettini, en el 0 a 0 de San Lorenzo con Banfield. Todos son expulsados. Como Rodrigo Braña, de Quilmes, como Adrián Bastía, de Atlético de Rafaela: ellos saben de qué se trata jugar al límite de lo escrito en el reglamento, llevan otras tarjetas rojas en su historial. Hay, sin embargo, otras pequeñas historias violentas. El fútbol argentino vive envuelto en la histeria, como en otros ámbitos de nuestra sociedad.
"No estuve bien y por eso pedí disculpas. Pensé que llegaba a la pelota, pero fui muy brusco. Después de la roja me quería matar. De estas cosas uno aprende", reflexiona a la distancia Oliver Benítez. Pedro Troglio, el entrenador de Gimnasia, había admitido su intención: cómo jugar contra un conjunto de otra jerarquía. "El fútbol provoca que cuando un equipo gasta 50 millones y juega contra otro que se forma de abajo, el de abajo intenta equiparar las fuerzas a su manera", contó tras el encuentro. Días después, no bajó el ritmo de las pulsaciones. "Fue un partido en el que pareció que fuimos asesinos, pero hicimos menos faltas que el rival. No me importa que piensen que somos un equipo violento. Es parte del falso moralismo", justificó su postura.
Sergio Marchi, el hombre fuerte de Agremiados, lo entiende de la misma manera. No cree en la mala fe. Tampoco, que haya excesos. Esgrime tres razones para rubricar su sentencia. Primero, la velocidad del juego es mayor. Segundo, se redujeron los espacios de acción. Tercero, los jugadores están mejor preparados desde el aspecto físico. "Las fricciones tienen que ver con la velocidad y el campo de acción. Antes, se jugaba en 80 metros; hoy, en 40. Son atletas? y sí, se juega fuerte. Muchas veces, al límite. Pero no veo falta de lealtad: si se computan los 167 partidos profesionales por fin de semana, ¿vos encontrás muchas infracciones graves? Sólo en cuatro o cinco partidos", reflexiona el dirigente, que acepta con matices algunas de las imágenes desatadas de días atrás. De semanas atrás.
"Cuando se acerca la definición de los torneos, de arriba y abajo, de las clasificaciones a las copas, se juega con mayor presión y tensión. El nivel emocional no es igual que en la primera fecha. El fútbol es contacto, pero insisto que no hay mala intención. Además, hoy está más expuesto el futbolista que en otros tiempos: hay pantallas y repeticiones en todos lados, todo el tiempo", sugiere Marchi.
-¿Y el caso Orion, expulsado tres veces en el torneo?
-Son hechos desgraciados. Roces por la dinámica, la adrenalina.
-¿Cuál es el mensaje de Agremiados a los jugadores?
-Pregonar que el rival es un compañero de laburo. Si es necesario, se invita a una reflexión, a una charla. No creo que nadie piense en lastimar al rival.
Carlos Coradina es el coordinador técnico del Colegio de Árbitros. Sugiere que el universo de los referís está alerta. "Hay preocupación. Hay situaciones que no se pueden permitir. Por eso hay circulares que recomiendan a los jueces ser estrictos con episodios violentos. El fútbol argentino no es violento, pero se cometen excesos. Todo jugador que ponga en riesgo el físico de un adversario, debe ser castigado de modo severo", explica, desde la experiencia. Ángel Sánchez fue árbitro y hoy permanece con la lupa. "Se debe llamar a la reflexión. La histórica explicación de la sangre latina y que ?hay que poner todo' es ridícula. En este fin de semana hemos visto, en el medio campo y no ante jugadas de riesgo, que se apuntó a las piernas con una vehemencia injustificada e innecesaria", señala.
Sánchez no ve el lado límpido de la luna. "Pedirles responsabilidad a los jugadores es como pedirles peras al olmo. De nada sirve que Agremiados les pida cordura. El castigo debe ser ejemplar. El Tribunal de Disciplina no ayuda, las sanciones son leves", refleja, con pesimismo.
"Cuando me pongo agresivo para marcar, a veces voy al límite. Es algo que debo cambiar. Cuando un compañero está pasado de revoluciones, sabemos cómo calmarlo", sugiere Pablo Pérez, volante de Boca. Uno de los tantos futbolistas a los que se les suelta la cadena de vez en cuando. Alteraciones emocionales disfrazadas de roces, patadas, excesos. Cuando el descontrol se presenta sin la lógica de la templanza. Jugar pasados de revoluciones. Un motivo para el análisis psicológico.
"Es muy difícil atribuirle a un solo factor el incremento del juego brusco o las agresiones en el fútbol nuestro de cada día, ya que esas razones no tienen un solo origen. Desde un punto de vista estrictamente físico, podríamos decir que se juega más fuerte, porque a veces la fatiga o el cansancio hacen que el jugador llegue a destiempo y choque en jugadas en las cuales, de estar al ciento por ciento (en los primeros minutos del juego, por ejemplo) podría evitar el choque o el roce. Pero desde el factor psicológico o social, podemos atribuir ese exceso de pierna fuerte o agresiones, a las presiones y necesidades a las que están expuestos jugadores y equipos, y que suelen teñir de dramático perder un partido", asume desde un costado del diván Germán Diorio, psicólogo deportivo.
Su análisis va más allá. "En muchos vestuarios, de manera literal, se dice que ?hay que dejar la vida en la cancha', y en ese marco más de uno ve al adversario como un enemigo, alguien a quien frenar a toda costa, en lugar de un colega. El fútbol está inmerso en una sociedad que ha cambiado y los viejos códigos en muchos casos van quedando fuera de moda o de contexto. Es una nueva realidad, nos guste o no", amplía. Un nuevo escenario salpicado de excesos.
expulsiones suma el torneo en las primeras 22 fechas; en la última, hubo ocho: Braña, Benítez, Coronel, Calleri, Rius, Mas, Bastía y Mendoza.



