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Por fin, en Martin Kaymer despertó un sentimiento tan elemental como necesario para la vida: disfrutar de lo que uno hace. Un profundo cambio interior que lo transformó hoy en el N° 1 testimonial del golf, aunque el ranking mundial lo sitúe todavía en el 11° puesto. Es el gran dominador en la actualidad, tras haber encadenado el The Players y el US Open, el segundo Major de su carrera.
De aquí en más, el desafío del alemán es preservar su costado más humano, o el simple hecho de apreciar la competencia por la competencia misma, con todas sus dificultades y retos. Sin presiones ni enceguecimientos por más gloria. Si se puede, con una concepción más lúdica, en medio de los millones de dólares en danza. En caso de conseguirlo, más temprano que tarde obtendrá un pasaje directo al Salón de la Fama, porque técnicamente no le falta nada para lograr más proezas de las grandes. Ya lo demostró.
Fue Horst, su padre, quien a los 10 años le inculcó el golf desde su lado más áspero. En Düsseldorf le enseñó este deporte con rigor, privándolo de usar tees para que el golpe le resultara más difícil. Martin y su hermano mayor Philip se sometieron a su disciplina de hierro y a sus consejos como única verdad, parecido al estilo militar que imprimió Earl Woods sobre su hijo Tiger. Con la cultura del esfuerzo, la gran consigna era ser el mejor.
Lo paradójico es que, más allá de algún condicionamiento familiar, Kaymer llegó finalmente al N° 1 del mundo. Un largo camino desde los torneos regionales en Alemania, pasando por el Tour Europeo, hasta su consagración en el PGA Championship 2010, su primer título de Grand Slam. Se subió a la cima del ranking en febrero de 2011, apenas con 26 años (el segundo más joven después de Tiger) y luego de finalizar segundo en el Accenture Match Play de Arizona.
Pronto, el germano empezó a sentirse incómodo en la cima, al punto que duró allí sólo ocho semanas. Se sentía un jugador incompleto, quizá no merecedor de ese lugar de privilegio. "Fui un N° 1 incapaz de pegar con draw. Eso es algo que me molestaba", llegó a confesar cuando su derrumbe en el tour ya era inminente. La presión y la falta de confianza fueron en aumento porque no pudo aislarse de los comentarios de la prensa, que cada vez con más insistencia mencionaba que nunca recuperaría su nivel, y que su triunfo en el PGA Championship en 2010 había sido un golpe de suerte. "No eran cosas muy agradables para leer".
Kaymer emprendió el camino más arduo: modificó su swing para aprender a dirigir la pelota de derecha a izquierda, a riesgo de no conseguir resultados en el corto plazo. Retrocedió hasta el casillero 63° del ranking y se relanzó desde allí con un juego más integral, sobre todo más preparado para desentrañar los secretos del Augusta National. "Más allá de las críticas, sabía muy dentro mío que nunca dudé de lo que estaba haciendo en cuanto a mis cambios en el swing."
De a poco, esa labor de reconstrucción empezó a traer recompensas en el campo: en Medinah logró el putt definitivo para el triunfo épico del equipo europeo sobre los Estados Unidos, en la Copa Ryder 2012. Y después de una temporada 2013 sin gran suceso, explotó este año con la conquista de The Players, considerado el quinto Grand Slam.
Luego, la gran gesta en Pinehurst: se impuso de punta a punta en el US Open y con ocho golpes de ventaja. El N° 1 no parecía Adam Scott, sino este alemán que tiene como su guía y mentor a su compatriota Bernhard Langer, quien se comunicó con él telefónicamente antes del inolvidable domingo en Medinah y previo a la vuelta final del US Open.
Sin dudas, esta versión de Kaymer es superior a su etapa como monarca del ranking. Con tres años más de experiencia, está mucho más sólido en el aspecto mental. Ahora se lo observa divertirse en diferentes tipos de cancha. Ya no se trata sólo de la perfección como principal búsqueda. Progresó en su juego corto, maneja todos los efectos de pelota y cuenta con más recursos en su bolsa de palos, en la que no lleva logo alguno de sponsors, sino el dibujo de un girasol, la flor preferida de su madre, fallecida de cáncer en 2008.
"Es un hombre muy calmo, feliz, positivo. Se convirtió en una persona más relajada, lo que favoreció nuestro trabajo en equipo", apunta su caddie, Craig Connelly, con quien se había separado en 2011 después del derrumbe deportivo, para volver en agosto de 2012. El norirlandés Rory McIlroy dio en la tecla al hablar de su colega europeo: "Tenés que amar lo que hacés. Martin fue N° 1 y a veces uno no aprecia lo que consigue. Conviene parar un minuto y decir: «Estoy viviendo un sueño»".
Las tres gemas del PGA Tour
Ganó tres títulos en el PGA Tour: PGA Championship 2010, The Players 2014 y US Open 2014.
Alegrías en todo el planeta
Logró otras 12 victorias internacionales, la más importante en 2011: el WGC Champions en Shanghai.
Los grandes referentes
Tiene a su compatriota Bernhard Langer como mentor y al sudafricano Ernie Els como ídolo
Por lejos, ya es su mejor año
En 2014, en el PGA Tour ya acumula una ganancia de 3.938.602 dólares
Método tenístico
Durante sus swings de práctica utiliza una pelota de tenis colgada al cuello para mantener el balance entre sus brazos y el torso
Un score inolvidable
En la 2a vuelta del Habsburg Classic de 2006 (European Professional Development), anotó 59 (-13)


