Kranevitter, el lujo de ser simple

Fernando Pacini
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23 de octubre de 2015  

Para cualquier futbolista que despunta en primera, luego de la aparición, llega el período más difícil, el de buscar la consolidación. La regularidad, la frecuencia y una curva de rendimiento sin grandes oscilaciones son las plataformas desde donde disparar la evolución. En ese lugar está Matías Kranevitter, a punto de dar el gran salto. Afianzado en River, gana terreno en la selección y pronto jugará en Atlético de Madrid.

Lo espera un año inquietante, lleno de desafíos y oportunidades. Se ha ganado ese lugar en buena ley. Desde que hizo pie en primera división hasta ahora, no ha parado de evolucionar. Hay una clase de futbolistas que disponen de un bien tan escaso como la gambeta: aquellos que tienen la capacidad de ser simples. Ahí está Kranevitter, entre esos jugadores que comprenden la complejidad del juego y resuelven con un arma silenciosa y letal: la simplicidad.

Ocupa los espacios correctos mientras el equipo ataca, esperando el momento de intervenir, para hacer circular la pelota o para evitar una transición defensiva incómoda al perderla. La buena colocación le permite robar pelotas, más por interceptación que por marca. De hecho, es excepcional que persiga o marque cuerpo a cuerpo, y no suele cometer faltas.

Sus controles son perfectos, quedando siempre perfilado para el próximo pase y protegiendo la pelota si hubiera oponentes. Para un mediocampista central, dominar controles y perfiles es dominar la esencia del puesto. Cuando el equipo se apura y choca, Matías es un sedante; pasó en Paraguay con la selección. Cuando la pelota circula a buena velocidad, acompaña el ritmo o procura progresar en el campo detectando un compañero libre más adelante.

Tiene buen pase corto, aceptable largo y muy bueno cuando filtra atrás de los medios rivales. El tucumano muestra además un pase sofisticado, metiendo la pelota con fuerza y al ras "por el lado ciego". Es decir, interrumpe la dirección natural de una jugada horizontal, para jugar profundo por el lado más congestionado cuando nadie lo espera. No hay margen de error para ese lanzamiento, entre tantas piernas que van en sentido opuesto. La ejecución es difícil, pero mucho más verlo, entender ese instante dinámico y confuso, como el marco exacto para que en un movimiento todo se despeje.

Dentro de la cancha, ya contrastó sus facultades para pertenecer al profesionalismo y al fútbol de elite. Fuera de ella, va a tener que aprender a tolerar las desmesuras de la popularidad y convivir con fotos, firmas y periodistas. No le conviene cansarse tan temprano del circo. Va a tener tiempo. Mientras tanto, Kranevitter juega en voz baja, diciendo verdades. Quienes lo conocen aseguran que es un reflejo de su personalidad. Tímido, más bien callado, responsable... No hay exageraciones en su fútbol; el lujo está en los detalles y no en las estridencias. Disfruta, sin perder jamás la seriedad.

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