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La locura se apoderó de los hinchas y de los jugadores de San Lorenzo apenas el árbitro Robert Troxler marcó el final. Era el 1 a 0 sobre San Pablo y el primer lugar del Grupo C. La clasificación para los cuartos de final de la Copa Mercosur era una realidad y el Bajo Flores se convirtió en un carnaval, el mismo que vive el equipo de Oscar Ruggeri cada vez que defiende la punta del Apertura.
Más allá de que un empate clasificaba al conjunto brasileño, el entrenador Paulo Carpegiani puso a tres delanteros como titulares, pero poco le sirvió, porque más allá de algún que otro remate de larga distancia, San Pablo no creó ninguna situación de riesgo en el área vigilada por Campagnuolo durante el primer período.
Resultó extraño, porque San Pablo era el dueño de la pelota, mientras los volantes de San Lorenzo veían cómo Marcelinho y Carlos Miguel circulaban la pelota a gusto, con precisión, pero sin profundidad.
Esta última característica -no así las dos primeras- le cayó como anillo al dedo al equipo dirigido por Oscar Ruggeri, que con tres defensores, pues Morel Rodríguez actuó en la primera etapa como volante, cortó cada intento brasileño.
Con Romagnoli lesionado y sin Franco en el campo de juego, San Lorenzo vio disminuidas sus posibilidades de llegar al arco adversario. Sólo dependía de Estévez, y éste, en una corrida por la izquierda, vulneró a los defensores brasileños y habilitó a Pusineri, que, en su improvisada función de goleador, puso el equipo en ventaja. La clasificación para los cuartos de final era un hecho y sólo restaba cuidarla. Entonces el local recurrió al sacrificio para defender lo que habían conseguido.
La desventaja no modificó la actitud de San Pablo, que, pese a tener durante mayor tiempo el balón no inquietaba a Campagnuolo. Ante tanta pasividad, fue San Lorenzo, con un remate de media distancia de Pusineri y un cabezazo de Romeo, el que estuvo más cerca aumentar.
Tanta fue la desesperación por defender la clasificación, que San Lorenzo retrocedió varios metros en el segundo período y armó una muralla defensiva alrededor de su área. Así, el ataque santo se convirtió en un tibio contraataque. Con espacios, San Pablo buscó sin ideas la igualdad, lo cual benefició a San Lorenzo, que por ese entonces usaba el juego brusco para mantener la ventaja. La expulsión de Franca le dio respiro al local, que por ese entonces sólo pensaba en festejar... y bien que lo hizo.



