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La capacidad de soñar habita en cada ser. Ynormalmente, esos anhelos son a lo grande. No tiene, la Argentina, la posibilidad de recibir a monstruos del deporte. Cuando pisan estas tierras, suelen venir en un momento irregular, en la curva descendente de rendimiento o bien a disputar exhibiciones, lo cual no es lo mismo que una competencia oficial y de trascendencia.
El golf argentino, el deporte en sí, puede sentirse pleno, radiante. Como pocas veces. El fenómeno Tiger Woods ya explotó en Buenos Aires. Puso más de 2000 personas en una jornada de práctica bien temprano. Es el Nº 1 del mundo. Es el mejor y amenaza con superar a Jack Nicklaus. Está en su apogeo y vino a participar de la Copa del Mundo, que comienza hoy. Una perla que, 20 años después, puede decirse que supera a lo que provocó la llegada de otro notable, pero de los courts, como John McEnroe, en aquella serie memorable por la Davis. Podrá ser tema de discusión, pero Tiger, hoy, es más que aquel Big Mac. Al margen de pareceres, los dos marcaron momentos trascendentes con sus presencias en Buenos Aires. Ydebe valorarse en su justa medida.
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Todo quedó listo ayer en el escenario de Bella Vista. Una cancha, la del Buenos Aires Golf Club, que ha generado diversos comentarios entre los protagonistas. En favor y en contra. En el approach, para utilizar un término golfístico, la organización ha montado un dispositivo similar al que se puede observar en los torneos del mundo, sean del golf o, por ejemplo, del tenis. Con carpas de hospitalidad, tribunas, amplios sectores de estacionamiento, buena señalización. A nivel prensa, hay traducciones en español y en inglés de las conferencias, y se hacen religiosamente en ambos idiomas aun cuando en ese momento hablen españoles y paraguayos y no haya en el recinto ningún periodista que hable la lengua de Shakespeare.
Claro que el día clave para saber cómo responderá cada área de organización será hoy. Salvo en Villa Allende, con el Abierto del Centro, y en el Abierto de la República, la cantidad de gente que concurre a los certámenes es baja. Máxime cuando no juegan quienes actúan habitualmente en los circuitos de Europa y Estados Unidos. Pero los espectadores conforman una masa controlable e incluso, algunos jugadores, como Eduardo Romero, suelen ir bromeando con el público en las caminatas por los fairways.
Si realmente como se anuncia habrá entre 20.000 y 25.000 personas en cada día, mucho deberán esforzarse los 500 marshalls (asistentes de campo) para ordenar esa masa que puede ser incontrolable. Además, la cancha no es una panacea para la movilización de la multitud, debido a algunas grandes distancias que existen entre los green y los tee siguientes, más el agua, que siempre dificulta la modalidad de ir cortando el campo de juego. ¿Un detalle más? Si hace calor, quienes no conocen el predio deberán borrar de sus mentes la idea de tomarse un respiro debajo de un árbol: no hay.
No sólo habrá que ver cómo se mueve la gente, sino también qué efecto causará en los jugadores: muchos ya se sienten saturados con los pedidos de fotos y autógrafos. Y ni qué hablar con el sonido de celulares, que no respetaron ni una definición en desempate en el campeonato más importante del país.
Es un orgullo y una maravilla tener al Nº1 del mundo, a muchas otras figuras, a una pareja argentina (Romero-Cabrera) con expectativas de quedar bien arriba producto de una muy buena temporada. La gran incógnita pasa por la cantidad de público, sus reales posibilidades de ver golf y, sobre todo, el comportamiento. Más que nada, por la inexperiencia. Esta Copa del Mundo es una bisagra para el golf argentino. Ojalá que todos la podamos disfrutar.
