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"Es lo máximo como polista", ratificó Adolfo Cambiaso, mientras veía ayer la definición de pato tras ganar una exhibición de patrones en Palermo (ver pág. 26). Y por eso se justificaba el largo festejo de La Dolfina: los cuatro hombres del nuevo monarca argentino de polo estuvieron juntos hasta pasadas las 5 de la madrugada, celebrando en Cañuelas lo que es ser como el campeón mundial de este deporte. Lo que habían logrado unas horas antes, con un inolvidable 20-19 sobre La Dolfina en una vibrante final de Argentino Abierto que, con récord de goles, debió llegar al de oro de Adolfito para conocer a su vencedor. Su espectacular vencedor.
Saltos, cantos y abrazos en los palenques y ducha de champaña en el podio palermitano tuvieron su extensión en La Parrilla, un centro gastronómico de la ruta 205 donde decenas de allegados disfrutaron asado y la repetición de la final por televisión. Superadas las dos de la mañana, sólo los más cercanos y/o trasnochardores siguieron incólumes. La noche siguió en Always, un bar de la calle Libertad, del pueblo de Cañuelas, y al rato se trasladó un par de cuadras a Sabbat, un atestado boliche en que Cambiaso, Lucas Monteverde (h.), Mariano Aguerre y Bartolomé Castagnola pasaron inadvertidos mientras sonaba, por ejemplo, "Lo que pasó, pasó", tema que nada tenía que ver con la algarabía de los campeones y su reciente conquista.
Las ganas de festejar y retratar el memorable momento los llevaron a la entrada del pueblo, donde es imposible pasar por el alto el cartelón "Cañuelas. Tierra de oportunidades", que da la bienvenida a sus visitantes y hace saber de su existencia a los que pasan de largo la localidad. Allí, con la música bien en alto, Monteverde posó el Fiesta que le entregó una concesionaria por no estar listo el auto que Lucas había comprado; el Ford se había convertido en cábala del conjunto -apareció tras el triunfal debut sobre El Paraíso- y por eso los jugadores de La Dolfina se decidieron a comprarlo. Eran más de las 5, y mientras el instante quedaba inmortalizado, el sol ya hacía saber que reinaría sin oposición. Y los polistas se fueron a descansar, a El Chides (el campo de Castagnola), La Dolfina (el de Cambiaso) y La Martona (el country donde vive Monteverde).
Claro que Lucas y Lolo debían levantarse un rato más tarde, porque a las 11 jugarían por el torneo de El Metejón. Destruidos y todo, se presentaron y..., vencieron (ver Toques Varios). "No sabés lo que éramos. Sacábamos y le errábamos. No sé cómo les ganamos a los Ulloa y Terrera", rió Castagnola horas luego.
"Tuvimos una onda excepcional. Desde hacía dos años no sentía esa onda. En el 2002, cuando ganamos con los Merlos, había sido espectacular", comentó el back respecto a la coronación de La Dolfina. "¿Los handicaps? Fue mi mejor temporada, porque me monté mejor, y con mucha cría mía. Pero pediría por los demás más que por mí. Ojalá no bajen a nadie, y menos a los 10 goles", añadió Lolo.
Aquello de "tierra de oportunidades" cuadraba en Monteverde como en ninguno. Oriundo de 25 de Mayo, como Aguerre, se mudó a Cañuelas en el 2001 invitado por Castagnola. Terminado de hornear en lo polístico allí, Lucas se sumó este año a La Dolfina y, en su segunda temporada de Triple Corona, ganó el Abierto que muchos no lograron. "Siempre veía el cartel cuando venía de 25 a Buenos Aires. No sé a quién se le ocurrió esa frase, pero para mí es así", contó quien dijo que todavía no se dio cuenta del todo de lo que consiguió.
Cambiaso, por su parte, tenía programado un asado con Marcelo Tinelli, conductor de ShowMatch, el auspiciante de La Dolfina. Cansado, y comprometido con el partido de patrones, el autor de 15 tantos el día anterior postergó el encuentro con el animador y al rato jugó con la Nº 4 en La Catedral. Y se fue a la cancha Nº 2 a presenciar el partido del deporte nacional, que alguna vez jugó. "Fue un cierre de año increíble, pero estoy contento por otras cosas. Venía pasando un año de m...: me quebré una muñeca, mi hermano [Salvador Socas] se pegó un golpe y estuvo en coma dos meses... Me costaba motivarme, pero mi mujer me ayudó mucho: bancó el último mes el nacimiento de Adolfito junior, lo de Salvador... Tuvo que bancarse muchas ausencias mías. Pero terminó como tenía que terminar: ganó el premio el caballo que le compré a Salvador [ver aparte], nos sacamos la foto que nunca pensé podríamos, nació el bebé...", expresó la figura descollante del desenlace de Palermo.
En cambio, para Aguerre venía siendo un gran 2005. Por fin campeón del Abierto de Estados Unidos, acumuló otros ocho títulos en ese país, el Abierto de Jockey Club y luego el Argentino, poco después de que llegara al mundo Lola, su segunda hija. Y levantó la copa en el Campo Argentino por quinta vez, con un tercer conjunto. "A medida que uno va creciendo, Palermo se le hace cada vez más importante. Cada uno de los abiertos que gané superó al anterior, porque uno nunca sabe si va a tener otra oportunidad, porque va costando más, porque uno tiene dos hijas y una mujer", subrayó Mariano, que vivió un fin de semana "espectacular" tras ir a La Bombonera y ver ganar a Boca. Su fiesta era total.




