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LENS, Francia.- "Hombre, que esto no es un fracaso, sino simplemente una pequeña desilusión. ¿Cómo se puede hablar de fracaso si nosotros dimos hasta el alma?" Ojos llorosos, sonrisa de ocasión, Raúl caminó sus últimos pasos en Francia ´98 con una definición que, al cabo, compartieron todos sus compañeros. España había quedado eliminada hacía pocos minutos, a pesar de aplastar por 6 a 1 a Bulgaria -su mayor goleada en los mundiales- con una de las mejores actuaciones vistas aquí. Y se negaba a llamarle fracaso a este cimbronazo futbolístico que conmocionó a Francia.
La confabulación de resultados lo condenaba al exilio mundialista. Debía volverse a su país, a pesar de haber concluido su participación con una sinfonía de goles y muy buenas actuaciones -Luis Enrique, Morientes, Hierro-. España tenía que regresar a casa.
Y por esto último es que no se encontraba -no se encuentra- una definición mejor para semejante golpe. Aunque Raúl y los demás se rehusaban a esa voz a veces cruel, lo de España se había convertido en el primer gran fracaso de esta Copa.
"Dimos todo", pretendió minimizar Javier Clemente. Rojo en su rostro -¿vergüenza?-, inquieto en su cuerpo -¿nervios?-, el DT no supo explicar la desilusión de los 15.000 españoles que, en las tribunas, gritaban un "Es-pa-ña, Es-pa-ña" que transmitía más furia que la de sus jugadores. "Esperábamos un triunfo de Nigeria, pero no se nos dieron los resultados", continuó. Y claro, Nigeria había escapado velozmente del Fair Play con la alineación de siete suplentes ante Paraguay. Lógicamente, había perdido. Y España, así como este Bulgaria horroroso, se había perjudicado.
Pero no habrá que buscar culpas en formaciones ajenas. "Vamos, que el mejor España no le pudo ganar al mejor Nigeria. Entonces, la culpa es nuestra", resumió muy bien un Sergi con gestos tan tristes que hasta daba pena no prestarle el hombro para que llorara con ganas.
España resulta, sin vueltas, la única responsable de su eliminación. No se le puede cargar encima a Nigeria. Si no puso a sus titulares será porque defendió lo suyo; en el campo ya se había clasificado.
Por eso se habla de fracaso. Porque esta España a la que le dicen La Furia, pero que en el césped demostró ser mucho más tierno que en las palabras, perdió por su incapacidad de superar la presión de ser candidato. Llegó por la puerta más grande disfrazado de cuco; se fue por la ventana sin asustar a nadie. A pesar de que, como dijeron todos, dejó el alma en la cancha.
Y es que no alcanza con poner el corazón. Se fracasa cuando no se respeta una línea de juego. Cuando se cuenta con varios aspirantes a estrella y ni así se hace valer la categoría. Cuando hay capacidad para construir y se cae en un sistema que le da prioridad a la destrucción. España no supo resolver partidos ante defensas cerradas -Paraguay- ni abiertas -Nigeria-. No pudo consolidar una formación titular ni aun con la ventaja de traer a cuestas varios amistosos disputados. No consiguió repetir en el torneo que cuenta el nivel de los partidos entre amigos.
España se fue en silencio de Francia ´98 así como siempre se va en voz baja cuando debe demostrar su valía en campeonatos de peso.
Es una lástima. En su despedida dejó en claro que tenía categoría para más. Pero siempre la tiene y nunca la utiliza. También por eso lo suyo fue un fracaso.


