La historia de un hombre

Juan Pablo Varsky
Juan Pablo Varsky PARA LA NACION
Fuente: LA NACION
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12 de julio de 2014  • 20:30

Había una vez un chico rosarino que vivía en España y jugaba al fútbol para Barcelona. La Federación española quería convocarlo para su selección. Él quería competir para Argentina. Sólo esperaba el llamado de la AFA. Era tan bueno que le armaron un amistoso entre juveniles para cumplirle el deseo. 29 de junio de 2004, estadio Diego Maradona ante Paraguay. Entró por Ezequiel Lavezzi y anotó el séptimo gol del 8-0.

Al año siguiente integró el plantel campeón mundial Sub 20 en Holanda. Fue goleador y figura. Lo acompañaron, entre otros, Pablo Zabaleta, Ezequiel Garay, Lucas Biglia, Fernando Gago y Sergio Agüero. Lo convocaron a la selección mayor. En su debut contra Hungría lo echaron a los 90 segundos de haber ingresado. Markus Merk, alemán. Integró la lista de los 23 en el Mundial 2006, junto con Javier Mascherano, Maxi Rodríguez y Rodrigo Palacio, entre otros. Hizo un gol. José Pekerman no lo incluyó ante los alemanes en el duelo de cuartos de final. "El próximo es el tuyo", dijimos todos, mezcla de consuelo y certeza. Tenía edad para jugar otro Sub 20 pero le quedaba chico. Brasil le pegó un cachetazo en la final de la Copa América 2007. Mascherano lo acompañó en la cancha y Agustín Orion, arquero suplente, en el vestuario.

Días más tarde, vio por TV cómo otro grupo de argentinos levantaba el trofeo juvenil en Canadá. Dentro del plantel estaban Sergio Romero, Ángel Di Maria y, de nuevo Agüero, goleador y figura. Al año siguiente, se juntaron todos en Beijing para los Olímpicos. Barcelona no quería que viajara. Él no pensaba en otra cosa. El nuevo entrenador del equipo intercedió y viajó. Pep Guardiola. Se colgó la medalla dorada al igual que Romero, Zabaleta, Garay, Gago, Mascherano, Lavezzi, Di María y Agüero, entre otros. Sufrió entera la clasificación al Mundial. Palermo hizo llover la noche en que Enzo Pérez fue titular junto a él por primera vez, con Diego en el banco.

Llegó Sudáfrica 2010, "su Copa". Era Balón de Oro vigente. No marcó goles y se despidió goleado por Alemania, que lo borró sin cometerle faltas. Martín Demichelis y Gonzalo Higuaín integraron el equipo titular junto a Romero, Mascherano, Maxi Rodríguez y Di María. Mariano Andújar fue arquero suplente. Volvió a Barcelona y ganó todo. Regresó a Argentina para "su" Copa América. Jugó mal. Lo silbaron. Al equipo lo eliminaron en cuartos. Perfecto fracaso, compartido por Romero, Andújar, Garay, Zabaleta, Mascherano, Gago, Biglia, Higuaín, Lavezzi, Agüero y un joven lateral llamado Marcos Rojo.

El camino a Brasil comenzó con otro entrenador, su quinto en cinco años. Alejandro Sabella le dio la capitanía. Nada cambiaba: derrota en Venezuela, empate con Bolivia de local y al descanso 0-1 con Colombia en Barranquilla con Federico Fernández entre los once. Algo pasó en ese entretiempo del 15 de noviembre de 2011. Mucho más que el cambio de Agüero por Guiñazú. El equipo lo dio vuelta y todo comenzó a fluir. Juego, funcionamiento y resultados. De los siguientes 31 partidos, su equipo sólo perdió ante Uruguay de visitante por eliminatorias. No jugó esa noche. Con él en la cancha, no cae desde aquel 0-1 en Venezuela, octubre de 2011.

Se sumaron complementos para el núcleo definido: Hugo Campagnaro, José Basanta, Augusto Fernández y Ricky Álvarez. Llegó Brasil 2014. Líder, determinante, sacrificado, grande. Sintió que era su misión. Siempre hizo lo que el partido pedía y su equipo necesitaba. Diez años después, hoy termina esta historia de un hombre.

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