La historia tiene otro nombre: Cafú

A los 32 años, el capitán de Brasil se convertirá mañana en el primer jugador que disputará tres finales mundialistas
Cristian Grosso
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29 de junio de 2002  • 09:37

YOKOHAMA, Japón.– Qué historia la de Cafú. Desde su nombre, porque en realidad se llama Marcos Evangelista de Moraes y le dicen así porque en sus comienzos su juego hacía recordar a un histórico de Brasil de la década del 50, Cafuringa. Y porque tiene cinco hermanos: Mara, Margareth, Marcelo, Mauricio y Mauro. Sus padres, Celio y Cleusa, quisieron que el nombre de todos los hijos empezara con Ma. Como él, como Marcos, el mismo al que rechazaron en ocho pruebas antes de quedar en las inferiores de San Pablo. El mismo que jugó algunos partidos en el scratch como puntero derecho cuando Paulo Roberto Falcao dirigió a Brasil. El que cumplió 32 años acá, el último 7 de junio. El que mañana se convertirá en el primer jugador de la historia en disputar tres finales mundialistas.

–¿Qué se siente ser un hombre récord?

–Ahora que pasó Turquía sí estoy feliz; tenía un poco de miedo, no por el equipo, al que le tengo toda la confianza, sino a los imponderables del fútbol que siempre aparecen y en una de ésas me dejaban a mí fuera de la final. Pero todo salió perfecto. Sólo la idea me provoca una gran emoción. Es un premio al trabajo y a la dedicación que tuve durante mis 12 años en la selección.

–¿Alguna vez imaginaste que esto te podía suceder?

–No, jugar tres finales, nunca. Una sí, era mi sueño. Dios ha sido muy generoso conmigo.

–¿Cómo valorás lo que estás a punto de conseguir?

–Es una conquista única, que no tiene precio ni valor.

El y Ronaldo (el delantero no jugó ni un minuto) son los únicos sobrevivientes del plantel del Mundial de EE.UU. 94. Cafú era suplente, pero a los 21 minutos del cotejo decisivo con Italia, el lateral Jorginho se lesionó y el DT Carlos Alberto Parreira lo mandó a la cancha. En Francia 98 ya fue indiscutido. Ahora, en Corea-Japón, por la lesión de Emerson que lo marginó del torneo, lleva la cinta en el brazo izquierdo y podría seguir el camino de Mauro (1958), Bellini (1962), Carlos Alberto (1970) y Dunga (1994). Ser nada menos que el capitán del penta.

Ante la posibilidad de entrar en la historia, él dice: “Se lo dedico a este grupo, marcado por la unión y el respeto”. También para la familia. Y los nombra: Regina, su mujer, y Danilo, Wellington y Michelle, sus tres hijos.

–¿Qué diferencias hay entre los tres equipos de Brasil que integraste en los Mundiales?

–El equipo del 94 ganó el título; el del 98 jugó la final y con este también vamos a jugar la final, pero, hasta ahora, no hemos hecho nada.

–¿Pero éste es mejor?

–Para mí siempre el mejor es el que gana. Si no ganamos, no merecemos nada.

–Este Mundial parecía no tener lógica, pero la final la jugarán dos históricos.

–El Mundial iba a ser diferente, incluso en Roma yo ya había dicho que sería el Mundial de las sorpresas. Ahora tendremos un rival durísimo como Alemania, probado en los partidos clave, que aprovecha muy bien el juego aéreo y nos obligará a estar permanentemente atentos. Contra Alemania, las distracciones se pagan.

–Y Brasil, otra vez en las definiciones...

–Lo importante es que hemos respetado a todos nuestros adversarios. Mucha gente dijo que nuestros rivales no tenían categoría, pero nosotros igual entramos en la cancha muy concentrados. Todos dicen que Brasil no se entrena, pero la realidad es muy distinta. Nos entrenamos bien y mucho. Si tenemos que jugar alargue, tiempo extra, no hay problemas. Brasil está preparado para todo.

–Pensar que Brasil llegó envuelto en las dudas de las lesiones de Ronaldo, Rivaldo...

–Un campeón, como es cada uno de ellos, debe ser respetado. Nosotros en Brasil tenemos esta costumbre: respetar a los campeones, a los grandes. Sabíamos que para recuperarlos bastaría que todos se reencontraran en el seleccionado. Acá el clima es distinto, estamos todos contentos, alegres.

Cuentan que Cafú tiraba muy malos centros a finales de los 80, cuando aparecía en la primera división de San Pablo. Entonces, el fabuloso e histórico técnico Telé Santana lo obligaba a quedarse después de hora en las prácticas para que ensayase una y mil veces estos lanzamientos. Cada vez que se equivocaba, Telé le recriminaba: “No, Cafú, no. Me vas a matar de vergüenza si seguís tirando los centros así cuando estés en la selección”.

No faltaban risas socarronas, desestimando la posibilidad de que ese garoto que por única virtud corría y corría, tuviese algún futuro en el seleccionado brasileño. Acá está hoy Cafú, con el récord de 115 presencias en Brasil y a punto de hacer historia.

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