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El tanteador favorece a Los Barrancos por 20 a 18. Sólo un minuto lo separa de la gloria. Pero Luis Mapis, de Barrancas del Salado, convierte un penal de 5 metros y achica la diferencia. La incertidumbre aumenta. Tapia, Incaurgarat, Risso e Irigoyen sufren el acoso rival y el interminable paso del tiempo. Hasta que... por fin el campanazo que da por concluido el encuentro. Bautista Risso, lanza el pato al césped y luego le dedica la victoria a la hinchada.
Por el lado del equipo de Olavarría, los abrazos y las risas sintetizaron la alegría. No era para menos, acababa de terminar una final singular, en emoción y calidad; un partido como pocos que escondía un grito de gloria repetido: Los Barrancos campeón del Abierto Argentino de pato, por segunda vez consecutiva.
Era el tiempo de las reflexiones. Y los hombres del campeón revelaron sus sensaciones.
Emilio Incaurgarat, capitán del triunfador, descargó una frase elocuente: "Estamos muy contentos. Sobre todo porque somos un equipo joven y logramos defender el título, que siempre es lo más difícil".
Bautista Risso, Olimpia de Plata, sumándose a la alegría de su compañero, puso enfásis en la victoria y la unidad del conjunto: "El grupo humano que se formó es bárbaro. Por eso, logramos este torneo".
Este conjunto de Los Barrancos no es el mismo que el año último se alzó con el Abierto. En sus filas se produjo un cambio de nombres. Diego Trino (que tenía 10 de ventaja) abandonó el equipo para jugar con su hermano Pedro, en El Parque. En su lugar, Emilio, Rodolfo y Bautista eligieron a un joven con mucho futuro, Ariel Tapia (con 6 de ventaja).
Sin duda, fue una misión difícil para Ariel. Era la primera vez que participaba de un Abierto y lo hacía en reemplazo de un jinete que tenía cuatro goles más. Y como si fuera poco, el equipo tenía que defender la corona. Además, debió soportar el dolor de separarse de su gran amigo, Pablo Spinacci. Ambos habían comenzado juntos su carrera patera. Los dos subieron de ventaja a la vez. Pero este año se distanciaron. Pablo tomó el rumbo del polo.
Sin embargo, Tapia le puso el pecho a las presiones y en el Abierto sacó a relucir toda su estirpe ganadora. En el primer encuentro convirtió 9 tantos; además, su gran labor motivó que la Federación lo galardonara con el premio a la revelación del año, y como broche, subió de 6 a 8 goles de ventaja.
"Desde que era chico, cuando jugaba con Rodolfito (Irigoyen) al pato, con una botella, mi sueño era disputar el Abierto, pero ganarlo es algo que no me lo imaginaba. Es increíble", expresó Tapia, muy emocionado y haciendo fuerza para contener las lágrimas.
Entonces, la nostagia invadió el ambiente, y Rodofo Irigoyen, el otro integrante del equipo, comentó: "Cuando entré en la cancha, Luis Mapis me dijo: ¿te acordás cuando eras un gurrumín? Vos y Ariel nos alentaban a mi y a tu tío, eran la hinchada de Fortín Loreto. Mirá cómo es la vida que ahora están enfrente."
Alegría y emoción, dos sensaciones que invadieron a Los Barrancos, un conjunto que va sintiéndole el gustito a ser el rey del pato nacional.


