La misma sensación de vacío

La Bombonera reflejó el síntoma más claro de la enfermedad de la pasión en las canchas; los jugadores de Boca saludaron a La 12 aunque no había nadie en ese lugar; la paradoja: había seguridad en la zona de la manga
Carlos Beer
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25 de mayo de 2015  

Daniel Díaz levanta las manos y saluda. Sus compañeros de Boca siguen al capitán. Todos miran a la tribuna donde habitualmente está La 12. Allí, en el centro de la mole de cemento, un agente de seguridad ni siquiera se entera del saludo. Está de espalda a la cancha, apoyado en un paraavalanchas, actitud que mantendrá durante todo el partido... salvo cuando fue al baño en el entretiempo o en un momento en que se sacó la gorra, se rascó la cabeza y, aburrido, mandó mensajes por su celular.

Aunque la tribuna estuviese desierta, los jugadores de Boca cumplieron con el saludo protocolar, el mismo que hicieron la noche del escandaloso superclásico cuando el partido se había suspendido. "Hay 40 millones de personas que nos ven por TV", argumentaron aquel jueves fatídico para el fútbol argentino. Lo curioso es que ayer no apuntaron a las cámaras, sino al sector justo donde se paran los Rafas, los Mauros y todos ellos. Los mismos que por sus internas y sus actividades provocaron la caída en la Libertadores y que ayer Boca juegue a puertas cerradas.

Mientras los jugadores locales practican ese cuestionable ritual, los de Aldosivi ingresan en el campo de juego. Lo hacen por una manga que es distinta a la del partido con River, ya que ésta es la que se usa en el torneo local. ¿Manga en un partido sin público? Sí, por razones publicitarias. La esencia es la misma. Del lado de la tribuna Norte Baja, en el sector donde Adrián Napolitano se hizo tristemente famoso por tirar gas pimienta, está ubicado un efectivo de seguridad de los que contrata el club. Se queda parado custodiando la zona, como hacen otros colegas suyos, todos con pechera amarilla, en otros sectores del campo. No hay nada que vigilar, pero ellos cuidan lo que otras tantas veces no se cuidó.

Fuera de la cancha, un grupo de hinchas que se convocó para "alentar" hace su fiesta con petardos y bengalas. "Aguante Boca", repiten una y otra vez. "Nosotros siempre estamos", reiteran. Enarbolan la cultura del aguante, la misma que tantas veces desbarrancó hasta las calles de la violencia.

El partido corre. Aldosivi empieza a hacer goles y sus dirigentes festejan desde el mismo palco que ocupó Rodolfo D'Onofrio en el choque de la Libertadores. Son los únicos dirigentes en el estadio: a excepción de José Requejo, el vicepresidente del departamento de fútbol de Boca, el resto de los que manejan el club decidió no ir a la Bombonera solidarizándose con los socios que no podían entrar. Desde otro ángulo de este domingo atípico, otro enfoque de la cultura del aguante.

El pitazo final de Pablo Díaz se escucha perfectamente. El agente de seguridad desaloja la tribuna en la que él era el único habitante. Hoy no se hablará de gas pimienta, ni de un tal Panadero, ni de la manga. Se hablará de otra derrota del fútbol.

El Papa Francisco llamó "mercenarios" a los barrabravas

El papa Francisco opinó que "la mayoría de los barras son mercenarios". Y agregó: "Son esas salvajadas propias de la persona que la pasión lo desborda, y también la prepotencia y la no sociabilidad, la incapacidad de vivir en sociedad. La verdad que es lamentable que en nuestro pueblo existan cosas como las barras bravas", afirmó en una entrevista con el diario La Voz del Pueblo, de Tres Arroyos. "Acá en Italia también hubo problemas entre barras, que no necesariamente luchan por el club, la mayoría son mercenarios", afirmó.

Angelici insiste con la teoría del "daño"

"Esto fue preparado. Se juntaron y dijeron ?vamos a hacer un daño', quisieron hacer un daño a mi persona", dijo Daniel Angelici en el programa de Mirtha Legrand. "Me hubiera gustado que los jugadores tuvieran el gesto de entrar con los River al vestuario", agregó.

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