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Las peores premoniciones se cumplieron. La resistencia de la gente de Racing a que sea rematada la sede de Villa del Parque tuvo éxito, y la subasta quedó suspendida. Pero, para llegar a esto, hubo que transitar una jornada cargada de tensión y condimentada con el más indeseable de los elementos: la violencia.
La crónica de un día agitado comenzó bien temprano; en realidad, mucho antes de la hora prefijada para el acto, ya que, en la medianoche de anteayer, el inmueble fue ocupado por unos cuarenta hinchas. Y terminó entrada la tarde, con heridos, detenidos y más incertidumbre sobre el futuro de un club en perpetua crisis.
El panorama, temprano, se presentaba complicado. Vallas policiales delante de la puerta principal, sobre la calle Nogoyá 3045. Detrás, un grueso apuntalamiento de cien maderas y una reja encadenada hacían saber que la entrada al lugar iba a ser una tarea titánica, incluso, para la policía, encargada de garantizar el acceso de rematadores, oferentes y oficiales de justicia.
Cerca del mediodía, uno de los martilleros, Marcelo Babenco, estaba en las cercanías del anexo, aguardando la llegada de los otros tres, Ricardo Seoane, Horacio Mooney y Horacio Napolitano, y de la secretaria del juzgado que entiende en la quiebra del club, María Cristina de la Fuente. Ni siquiera llegaron a reunirse. Lo que empezó a ocurrir pocos minutos después lo impidió.
En medio de los incidentes, los efectivos alejaron a Babenco y lo resguardaron en un garaje ubicado a una cuadra de allí.
La tensa calma duró hasta las 12.50, cuando los ocupantes del edificio, al advertir que efectivos policiales se les acercaban desde terrazas aledañas, incitaron a ingresar a quienes estaban en la calle. Fue el prólogo de una nueva y más intensa precipitación de piedras, de corridas e insultos.
En la confusión, había lugar para las especulaciones: "Vamos, que si hay q... esto no se remata. ¡Vamos, Racing!", se le oyó gritar a un hincha. "Las condiciones no están dadas, pero necesitamos la palabra del juez", decía, por entonces, el encargado del operativo de seguridad, comisario Eduardo Cottone.
Las condiciones no estuvieron dadas nunca. Ya se conocía que había heridos -cinco policías, cuatro simpatizantes y tres periodistas-, y el nerviosismo no se alejaba del lugar. Todavía -eran las 13.05- había seis individuos dentro de la sede cuando comenzó a difundirse la noticia de que el remate estaba suspendido.
"¿Está el abogado ahí? Salimos, pero que no nos toquen, loco", dijo uno, desde el interior de la sede. Afuera lo escuchaba el jefe policial y alguien que había llegado para mediar y evitar mayores inconvenientes: el padre Juan Gabriel Arias, un conocido hincha de Racing. Salieron a las 13.30, en medio de la misma ovación que acompaña la entrada del equipo en la cancha.
Sólo hubo lugar para algún otro tumulto por la detención de seis hinchas, la convocatoria para el martes próximo para visitar al juez Enrique Gorostegui y la desconcentración. A la golpeada vida de Racing se le había agregado otra jornada triste y cargada de violencia.
Doce heridos fue el saldo de los violentos incidentes producidos en los alrededores de la sede que Racing tiene en Villa del Parque, casi todos por impactos de objetos contundentes. Ninguno sufrió lesiones graves.
Entre ellos, cinco policías fueron trasladados al hospital Churruca, mientras que otros cuatro hinchas también recibieron atención inmediata. Además resultaron heridos tres periodistas: Martín Canay (Radio Del Plata), Ronen Swarc (Radio 10) y el fotógrafo Diego Levy (Clarín), quienes sufrieron las consecuencias del gas paralizante utilizado por la policía. La Utpba emitió un comunicado en repudio de los hechos.

