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La semana última, las declaraciones de Javier Castrilli desataron una guerra que hasta entonces se mantenía oculta entre los árbitros. Siempre se comentó que existen dos bandos detrás de los hombres de negro. De un lado, los que se identifican con el rígido sistema de arbitraje de Castrilli; del otro, los que apoyan al "siga, siga" de Francisco Lamolina.
La piedra arrojada por el Sheriff no hizo otra cosa que sacar los trapitos al sol y dividir aún más las aguas. El viernes último, Angel Sánchez atacó a Castrilli y ayer Lamolina no se quedó al margen de la batalla dialéctica. "Castrilli está en otra. Pero, por favor, que no nos moleste a todos los demás", dijo.
Después de dirigir el partido entre Lanús y Vélez, Lamolina dialogó telefónicamente con La Nación . No tenía muchas ganas de hablar. Su tono de voz era pausado, sin embargo no esquivó el tema y dijo: "Las cosas están mal y tenemos que encontrar una solución. ¿Cuál? Creo que la Escuela de Arbitros tiene que intervenir y elegir un concepto uniforme para dirigir".
Lamolina comentó que en las últimas horas intentó comunicarse con Castrilli a su celular, pero no lo encontró: "Me gustaría aclarar algunas cosas con Javier, porque él no puede decir que hay árbitros que son unos monigotes. Si es así, que dé nombres, porque si no sus declaraciones no conducen a nada".
Con relación a las dos veredas por las que transita el arbitraje, Lamolina dijo: " Con el reglamento en la mano dirige cualquiera. Yo creo que el árbitro debe hacer prevención dentro de la cancha. Así lo aprendí, así lo hice y así lo seguiré haciendo".
